No hay agentes

«… no hay agentes (seres que hacen cosas)».

«Sí, hay agentes entendidos convencionalmente, pues cuando yo me levanto de la cama, convencionalmente soy el agente de la acción, no parece que tenga sentido dudar de eso, pero dado que actúo por causalidad, no soy el origen autónomo de la acción, solo un medio por el que se expresa la causalidad. Soy parte de la forma en que toda esa causalidad se expresa, y no soy metafísicamente diferente al giro del sol o la luna, y nos parecería raro decir que el sol es un agente porque se hace girar a sí mismo. Y como no es eso lo que normalmente se quiere decir por agente, tiene sentido decir que no hay agentes más que convencionalmente hablando».

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Nada que alcanzar

La entrada de hoy en el blog La Gran Vía Central

«Desde el principio»

Desarrolla la convicción de que,

desde el mismo principio, tu propia mente

es el estado despierto de la Budeidad.

Desarrolla la certeza que todos los fenómenos

son el despliegue mágico de tu mente.

—Guru Rimpoché Padmasambhava

Totalmente de acuerdo. No suelo «rebloguear» entradas ajenas (aquí no aparecía esta opción).

«Nada que alcanzar» no significa nada que hacer. Ni nada que entender, comprender, descubrir o realizar. Ni nada en lo que trabajar o esforzarse. Ni nada que meditar. Ni nada que observar, contemplar o en lo que profundizar. Ni nada que cambiar. Ni que no tengamos que aquietar la mente e ir en pos del silencio, la serenidad y la paz.

En fin, a mí me parecen sutilezas o matices de la conceptualidad, del lenguaje y del propio camino espiritual. «Sutilezas» no quiere dar a entender que no sea sumamente importante entender todos estos extremos y aplicarlos a la propia experiencia. Ni que no haya que puntualizar muy certeramente (hilar muy fino) para desentrañar todas esas diferencias.

En fin, el «nada que alcanzar» puede ser incluso objeto de polémica. El texto de la entrada, el mensaje de Padmasambhava y ese «nada que alcanzar» vienen a apuntar que ya tenemos la naturaleza búdica en nosotros/as. Que ya somos esa Mente Única. Que la pregunta es la respuesta. Y sin embargo, hay que movilizar fuerzas mayúsculas.

Buddha is everywhere

Tailandia… Tailandia desde luego es para flipar. Por mi interés por el budismo, y también en relación a determinadas imágenes que han atraído mi atención (una de ellas puede protagonizar una entrada aquí; hace tiempo que lo pienso), a veces me da por navegar y curiosear sobre templos, estatuas e imágenes del Buda. Ahora he empezado a recopilar algunas de estas fotografías, debido a su belleza, pero no pretendo hacerlo a nivel masivo ni exhaustivo, pues sería una tarea más que ingente. Las imágenes y fotos en internet son prácticamente incontables, y la razón es muy sencilla: se estima que en Tailandia hay más de 40 000 templos, entre los que están activos y las ruinas más o menos abandonadas (que a su vez crecen en número al ser paulatinamente descubiertas).

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El elefante y el discípulo que entendió mal

Circula una historia por ahí, normalmente vinculada al Advaita Vedanta (hinduismo), que cuenta lo que le sucedió a un discípulo que entendió mal las enseñanzas de su maestro. La historia es bastante graciosa, y por supuesto va con moraleja incluida. Hace ya un tiempo que di con ella. Detrás de una historia aparentemente «tonta», «ridícula» o «cómica» se esconde una lección muy profunda e importante. Existen diferentes variantes. Ya que me he acordado y he visitado distintos artículos, aprovecho para publicarlo.

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Los venenos de la mente

Lo que va a exponerse o explicarse aquí es verdaderamente importante…

Ignorante de mí, totalmente autodidacta en la búsqueda de «la sabiduría» o «la verdad», siempre yendo a mi bola (con todos los pros y contras que esto conlleva), siempre me he sentido muy atraído por las enseñanzas y figura del Buda, pero no puede decirse que únicamente «haya bebido» o «beba» del budismo. Para nada. Muchas otras doctrinas y filosofías orientales me han interesado. Y autores, místicos, santos, escritores, maestros, psicólogos… algunos de ellos occidentales (Ken Wilber, Alan Watts, Adyashanti… ) ya que no todo ha de venir de Oriente. El caso es que hace unos meses me enteré (a esto me refiero; esto no le pasaría a un seguidor ortodoxo del budismo) de que en el budismo existe lo que se conoce como «los tres venenos de la mente». El término original y técnico que se utiliza es kleshas. Tiene varias posibles traducciones, todas igual de válidas: aflicciones, emociones aflictivas, corrupciones, emociones destructivas, emociones perturbadoras, emociones negativas, venenos de la mente…

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El nudista espiritual

No se puede entender conceptual o intelectualmente «la iluminación». «La iluminación» es un término o concepto ambiguo, difuso, impreciso, controvertido, discutible y discutido. Provisto desde luego de todo un barniz de esnobismo, falsas creencias, arrogancia, folklore, romanticismo, idealismo, soberbios disparates también y parafernalia de todo tipo (como gurús en la India, con barritas de incienso, guirnaldas en el cuello, ashrams y cientos de devotos embelesados; como acabo de decir, folklore puro y duro).

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¡Solo hay pensamientos!

Esta pasada noche, como muchas de estas últimas noches, ha sido absolutamente extraordinaria, maravillosa, dichosa, hermosa… Como muchas de estas últimas noches, me han dado las dos y las tres de la madrugada despierto. De hecho, muy despierto, notablemente despierto. En plena crisis sanitaria por el coronavirus, no tengo obligación alguna de madrugar ni de hacer nada específico. Qué suerte, lo sé. En plena crisis sanitaria por el coronavirus, nada altera mi «camino», mi «progreso» interior, mental, espiritual, en pos de mi verdadera identidad, de la verdadera naturaleza de la mente. La Mente… y no hay nada más que la Mente, y esto no es pura habladuría. Sí, trabajando a toda máquina en pos de esa paz, de ese silencio, de esa claridad, de esa apertura, de esa comprensión cabal. En lugar de en una cueva del Himalaya, en una cueva del Carmel barcelonés. El «confinamiento» está en la mente; la soledad en verdad está en la mente, como expuse un día hace meses: en los contenidos, en la agitación o la paz reinantes.

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