El hombre y la carretera

Experiencia cumbre… la mente de repente hace «¡bang!» o «¡boom!» (o quizá «¡catacroc!») y la conciencia experimenta una expansión total. Se diluye cualquier frontera mental. El sujeto —mejor dicho, la mente— se identifica plenamente con la totalidad de la existencia. “Uno/a” se siente “uno con Todo”. Es una experiencia análoga a la que sufrió Adyashanti y que fue recogida en este blog…

«El 17 de agosto sentí un dolor agudo en la base de la nuca y tuve que reducir mi meditación a quince minutos. El dolor, en vez de mejorar como había esperado, empeoró. El clímax fue alcanzado el día 19. Yo no podía pensar, no era capaz de hacer nada, y mis amigos me obligaron a permanecer en cama. Luego quedé casi inconsciente, aunque me daba cuenta muy bien de lo que sucedía a mi alrededor. Volvía en mí diariamente cerca del mediodía. Ese primer día, mientras estaba en tal estado y más consciente de las cosas que me rodeaban, tuve la primera y más extraordinaria experiencia. Había un hombre reparando la carretera; ese hombre era yo mismo, yo era el pico que él sostenía, la piedra misma que él estaba rompiendo era parte de mí, la tierna hoja de hierba era mi propio ser y el árbol junto al hombre era yo. Casi podía sentir y pensar como el hombre que reparaba la carretera, podía sentir el viento pasando a través del árbol, y la pequeña hormiga sobre la hojita de pasto. Los pájaros, el polvo, y el mismo ruido eran parte de mí. Justo en ese momento pasaba un auto a cierta distancia; yo era el conductor, la máquina y las llantas. Conforme el auto se alejaba, yo también me alejaba de mí mismo. Yo estaba en todas las cosas o, más bien, todas las cosas estaban en mí, las inanimadas como las animadas, las montañas, el gusano y toda cosa viviente».

(Jiddu Krishnamurti)

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La lluvia (雨)

Éste es el ideograma (kanji) de lluvia en japonés…flat750x075f-pad750x1000f8f8f8.u2

Uno de los ideogramas básicos, más sencillos. Pero a la vez sumamente gráfico. Y vaya, me acabo de llevar una auténtica sorpresa: siempre pensé que representaba un gran ventanal y la lluvia vista a través de él, pero acabo de ver en una ilustración la leyenda “una nube de la cual se precipitan gotas”. Pues también es perfectamente posible. Ambas interpretaciones. Me quedo con la ventana; no voy a cambiar ahora. Se lee ame (あめ).

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Morir tres veces

«La iluminación no significa deshacerse de un “yo” no iluminado, para después hallar en otra parte un “yo” que sea un Buda. Debido a que eres un Buda, no existe un “yo” que debas desechar ni un “yo” que debas encontrar. Preocúpate de deshacerte de la ignorancia y de los engaños, y así sabrás que eres un Buda y que, tal y como eres, ya estás completo. Si despiertas a esto, te reirás del gran esfuerzo que hiciste a fin de convertirte en ti mismo. Ésa será la risa de la paz y la alegría.

La iluminación significa no verse nunca afectado por el vivir y el morir, aun cuando vivas en el mundo de la creación y la desaparición. Es también saber que no desechas este plano para ir a otro. Es saber que la iluminación existe en medio de la corrupción, en lugar de pensar que tienes que deshacerte de la corrupción a fin de alcanzar un estado separado de iluminación.

La iluminación es saber que no hay un “yo” absoluto que existe aparte del “yo” que en este momento está sometido a corrupciones, engaños y pesares. Es saber que pensar, oír y los pensamientos falsos se originan en Hanmaum (1). Todo ello es iluminación.

(…)

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Fogonazo

Voy simplemente a dejar constancia de un sueño que tuve. Hace hoy dos noches. Simplemente lo explico, me sabe mal que “se pierda” o que quede en el terreno de lo ignoto, en el tintero. Hay que tomarlo con todas “las cautelas”, “la precaución”, “la perspectiva” o “la sangre fría” (o lógica, racionalidad) de que solamente fue un sueño. No perder este hecho de vista. A pesar de ello, no deja de ser curioso, interesante, significativo lo que soñé. Lo que apareció en esa “película” mental.

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La Mente y la mente

¡Acabo de entenderlo! ¡Hostia! La mente es siempre impersonal. SIEMPRE. Esto puede sonar extraño. No sola y exclusivamente La Mente Única (La Mente del Buda, la budeidad, la vacuidad, lo No Nacido, la inteligencia primigenia y no manifiesta, el Sí Mismo… ) es impersonal, sino también la mente —con minúsculas—, es decir, mi mente. La mente individual, “normal y corriente”, cotidiana, personal. Lo “personal” es solo un castillo de naipes que se derrumba con la observación, la atención y el silencio, con la autenticidad hacia uno mismo despojándose de toda máscara o “personaje”. Es un constructo a base de conceptos e imágenes. Seguir leyendo “La Mente y la mente”

Oh, maravilla de las maravillas…

Lo que voy a relatar ahora (acabo de decidir escribirlo, hace unos segundos) me sucedió hace menos de un mes. Jamás imaginé que experimentaría tal cosa, porque era algo en lo que no he “meditado” (o contemplado) apenas durante el transcurso de mi vida. Al contrario, en contraposición a lo que voy a explicar, sí que he tenido muchas veces la inequívoca sensación y certeza ¡y experiencia, esto no es una mera idea!—  de que mi verdadero Ser es el Sí Mismo, una Conciencia absoluta e impersonal que está más allá del pensamiento intelectual. Y así lo he reflejado en este blog varias veces: diciendo que cuando miro cualquier cosa u “objeto” (la cama, una silla, el router, mi mano… ) en realidad es esa Conciencia la que se está observando o mirando a sí misma. Y sigo convencido de ello; para mí está más claro que el agua.

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La “victoria”

«Se puede vencer mil veces a mil hombres en batalla, pero el mayor vencedor es quien se vence a sí mismo una vez».

Cómo me gusta esta frase. Considero que lo que se está comunicando aquí es total y absolutamente cierto.

Esta frase está sacada del Dhammapada, que está a su vez incluido en lo que se conoce como Canon Pali. Vamos a explicar muy brevemente qué es esto… El Canon Pali es la colección de los antiguos textos budistas escritos en el idioma pali, que constituyen el cuerpo doctrinal y fundacional del Budismo Theravada. Se conoce también como Tripitaka o Tipitaka, o “Tres Cestos”, porque los manuscritos que contenía, inscritos sobre hojas secas de palmera, se guardaban en tres cestos diferentes.

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