El despertar final de Adyashanti

Hace un par de noches me atrapó por completo una entrevista. Es hermosa, interesante, emocionante, instructiva, tierna, alentadora… de esas cosas que uno lee y que le dejan una grata huella; de esas cosas que —por lo menos al que escribe— le invitan y le lanzan a la reflexión profunda. Me dio por curiosear en otro blog que ha sido un muy agradable y fructífero descubrimiento: JUGANDO ALEGREMENTE. En realidad hay dos entrevistas y me leí solamente la segunda (aquí está). Según el titular del blog, esta segunda entrevista a Adyashanti aparece al final de uno de sus libros más famosos, “La danza del vacío” —Emptiness Dancing—. La realiza Tami Simon. Por supuesto recomiendo de todas todas su lectura. Como he dicho, explica cosas muy hermosas, y voy a poner aquí una de sus partes más relevantes. Quien tenga interés en la otra entrevista, aquí está (sin duda alguna me la leo en estos próximos días).

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Pulsador de alarma

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No es broma… ayer “me llevé a mi casa” este cartelito del trabajo. Sí, ya sé que “está mal hecho”, que es una “acción condenable y execrable”. Todo fuera por una buena causa, aparte de que la empresa realmente no se va a arruinar por tal pérdida. Qué va, de hecho son una máquina perfectamente engrasada para facturar y ganar miles y miles de euros cada mes; mes tras mes. El perfecto capitalismo, pero en este blog no quiero hablar de esto.

Este cartelito, con esta circunferencia o mejor dicho este donut tan rojo y tan visible me va perfecto para… concentrarme. De hecho, cada vez que me tomaba un café de máquina me quedaba observándolo y me abstraía en él. Pero no para perderme en mis pensamientos, o en la constante ensoñación (ese cine interior, proyector/pantalla/sesión continua sin palomitas). No, me abstraía en el sentido de que me ayudaba a concentrarme en mí mismo. Aunque esto es un error del lenguaje, o de apreciación/definición garrafal: no se trata para nada de “mí mismo”, sino del Sí Mismo. La mente se concentra en sí misma, se ve a sí misma. O la conciencia se ve a sí misma, la atención se observa a sí misma observándose.

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La verdad no es…

La verdad es (o podría ser)… La verdad puede o podría expresarse o describirse así:

«En esta ocasión la temática se centra en las pirámides de Egipto, incluyendo los aspectos místicos y esotéricos tan de moda en aquella época y, por supuesto, una reflexión trascendente sobre el hombre como ser frágil y mortal, y sus inquietudes ante el poder del destino y la historia».

La verdad es (o podría ser)… La verdad puede o podría expresarse o describirse así:

«Solo me alegra pensar que la prima de Petronila se ha atascado con esta nueva y aburrida historia y la va a dejar inacabada, como suele. A lo mejor tiene la esperanza de que venga un robot a terminársela como a la sinfonía de Schubert».

La verdad es (o podría ser)…

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¿Qué es la iluminación?

«En principio, hasta encontrar algo mejor, el término “iluminación” podría definirse como un estado mental en el que la ausencia de pensamientos es sostenida, pero las percepciones y los sentidos persisten sin causar interferencias con ese estado mental laxo y sin movimiento, sin pensamientos. Hay atención enfocada en el vacío del propio uno atemporal. No hay un hoy, ni un ayer, ni un mañana, por tanto no puede haber un antes ni un después. Y por supuesto no hay un alguien que perciba todo eso».

Esto no es cosecha mía. No lo he escrito yo. No puedo estar más de acuerdo con esta definición o descripción. Es tremendamente acertada, y además clara y sencilla.

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El bebé y el incendio (3)

Finalicé contando que la fábrica protagonista de estas entradas se quemó y quedó totalmente destruida e inservible en 1876. «Sin embargo puedo decir que yo pude ver cómo ardía esa fábrica… ».

Así es: tengo la imagen, la vivencia, el recuerdo clarísimamente grabados en la memoria. Lo vi y lo viví, sin ningún género de dudas. Pero no el incendio del año 1876, como es lógico. La fábrica sufrió algún incendio de mucha menor envergadura poco después de nacer yo. No tengo la certeza fehaciente ni los datos irrefutables y objetivos. Lo he buscado en internet y no he encontrado información al respecto. Seguramente para encontrar la información precisa debería ir al ayuntamiento de Gracia o a algún tipo de archivo o hemeroteca probablemente situada en el mismo barrio para investigar el asunto a fondo. Es algo que en parte me intriga, de tanto en tanto le doy vueltas. No descarto hacerlo algún día. Sin embargo, hoy por hoy no me apetece, así que ese rigor plenamente histórico y científico no va a respaldar mi historia. Será la pata, o una de las patas, por la que puede cojear mi relato.

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Conciencia pura y Presencia

Vaya, no tenía ninguna intención de hablar ni de escribir específicamente sobre esto, pero me he encontrado con un magnífico artículo y me he decidido a rescatarlo aquí. Me ha cautivado; me parece muy clarificador, brillante, útil y valioso versando sobre cuestiones que ocupan y preocupan al titular de este blog y a muchas otras personas, ya sea en la blogosfera o trascendiéndola.

Pondremos el link al artículo original…

Conciencia pura y Presencia (TEMPUS, Blog interdisciplinar sobre el tiempo de Tendencias21)

…donde se habla de los dos tipos de conocimiento, el conceptual y el no-conceptual. O dicho en otras palabras, la visión dualista de la realidad (sujeto-objeto), tradicionalmente representada en la inmensa mayoría del pensamiento occidental, “convencional” y “racional”, y las visiones que intentan ir más allá de esa concepción dual, mayormente representadas en las filosofías y religiones orientales. Por eso no es de extrañar que aparezcan en este artículo unos cuantos conceptos del hinduismo y también del Advaita Vedanta, pero que a la vez se tiendan puentes de unión con el budismo y el zen. Aquí van los fragmentos más significativos (omitiré las referencias a la bibliografía, presentes en el artículo original). Un texto con mucha riqueza y que da bastante para reflexionar:

«1. Conciencia cognoscitiva y conciencia pura». 

«La conciencia cognoscitiva tiene la capacidad de conocer, de correlacionar los hechos observados y sacar conclusiones, y de modificar, en consecuencia, el pensamiento y las acciones. Su condición básica de funcionamiento, que remite a la relación sujeto-objeto, se manifiesta como la base misma de todo nuestro conocimiento, mal llamado subjetivo u objetivo según predomine un elemento u otro de la relación, aunque en ningún caso puede darse la ausencia de alguno de ellos. 

En Occidente esa conciencia cognoscitiva es el vehículo empleado para la búsqueda de conocimiento. Pero, desde el punto de vista del pensamiento oriental, este conocimiento no es sino una limitación impuesta sobre la naturaleza más profunda de la conciencia, como si las representaciones asociadas a la conciencia cognoscitiva (chitta) formasen una red cerrada que velara y ocultase la denominada conciencia pura (Chit). 

En referencia al yo cognoscente como centro de la relación sujeto-objetiva, la conciencia es intencional. Para desvelarse como conciencia pura tiene que dejar de serlo, es decir, debe dejar de estar dirigida hacia los objetos y las representaciones, ya sean internas o externas. 

Así, una escucha dirigida hacia “algo” es análoga a la conciencia intencional. En este caso la conciencia pura sería la propia escucha sin ese “algo” (objeto) escuchado, la cual por ello poseería la capacidad de escuchar cualquier cosa. En el caso de la escucha dirigida hacia “algo”, la escucha pierde importancia frente a lo escuchado (el objeto de la escucha). En una escucha no dirigida se recupera su importancia. La escucha sin objeto escuchado sería algo así como un puro escuchar». 

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Krishnamurti: Ser nada

Sin palabras… Basta con observarle y escucharle para darse cuenta de todo lo que transmite, a todos los niveles. Esa enorme paz, esa enorme profundidad, esa enorme intuición; sabiduría que emana no de conocimiento o ideas, sino de una inteligencia despierta, que es observación y energía. Uno de los seres humanos que más admiro, que más me han impactado. Siempre ha tocado una tecla muy profunda dentro de mí… Claro, es evidente, esa “tecla” es mi identidad o mi ser más profundo y auténtico, algo que nos trasciende como personas, como “tú” (¿?) y “yo” (¿?)…

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Marejada y aire fresco

No, no voy a dar ningún parte meteorológico…

Me levanto esta mañana y me pongo a desayunar, tranquilamente, pensativo…

¡Stop! Ahí está justamente el problema: “pensativo”. En mi cabeza hay una especie de marejada de fondo. Pugnan por emerger pensamientos, razonamientos y recuerdos de los eventos vividos ayer: cosas que leí en internet, cosas que miré, cosas que escribí. Entradas, comentarios, personas con las que me he comunicado, etc. Y también por supuesto asuntos relacionados con el futuro inminente: cosas que tengo pendientes de hacer, qué compraré ahora cuando salga, etc.

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Sabiduría y gallinas

(Acerca de practicar la meditación en la postura de sentado/a)…

«Sentarse durante horas no es necesario. Hay quien piensa que cuanto más largas tus sesiones sentadas, más sabio debes de ser. ¡Yo he visto gallinas sentadas en sus nidos durante días! La sabiduría viene de ser consciente en todas las posturas. Tu práctica debe empezar cuando te despiertas por la mañana, y continuar hasta que te duermes. No te preocupes de cuánto tiempo aguantas sentado. Lo importante es que te mantengas observando estés trabajando o sentado o yendo al baño».

(Ajahn Chah)

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El despertar: ¿es algo o es mera palabrería?

Se dice, se cree y se predica que el Buda alcanzó la iluminación, el despertar, el nirvana, la paz, la verdad… así como muchos otros seres humanos. Pero… ¿realmente existe algo que podamos denominar “despertar espiritual”? ¿Algo como un cambio, un progreso, un logro, un estado nuevo, un descubrimiento? ¿Algo que obtenemos, incorporamos, añadimos a nuestro ser, que comprendemos, entendemos? ¿Es realmente algo, consiste en algo o es todo mera palabrería, humo, paranoias, una obsesión, una fijación, especulaciones, ideas, una mentira, un espejismo, un timo, un bluff, una idealización en suma? No creo que sean preguntas banales ni superfluas, sino todo lo contrario. Creo que planteárselas está muy bien, que forma parte del camino, del crecimiento (¿y existe algo que pueda considerarse crecimiento, progreso, avance?).

«No intentes llegar a ningún sitio con tu práctica. El mismo deseo de ser libre o estar iluminado es lo que impide tu libertad. Puedes intentarlo tan duramente como quieras, practicar vigorosamente día y noche, pero mientras lo hagas con el deseo de alcanzar en mente, nunca encontrarás paz. La energía de ese deseo causará duda y agitación. No importa cuánto o cuán intensamente practiques, la sabiduría no emergerá del anhelo. Déjalo estar. Observa la mente y el cuerpo con atención conciente pero no trates de conseguir nada. No te aferres siquiera a la práctica del despertar».

(Respuesta de Ajahn Chah a un discípulo, extraído de esta entrada)

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