La soledad y la mente

Hace ya bastantes años me leí un libro extraordinario: Enseñanzas espirituales («The Spiritual Teachings of Ramana Maharshi») de Ramana Maharshi…

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Se considera que Ramana Maharshi alcanzó la iluminación, o la sabiduría, o el estado de no-dualidad, o el conocimiento del verdadero ser, o el Sí Mismo… podríamos denominarlo de mil maneras (o se fundió con la divinidad, o con el Yo Eterno que todos en el fondo somos, si empleáramos terminología más religiosa). Claro que habrá quienes no crean ni media palabra de todo esto, o estén perfecta y legítimamente instalados en el ateísmo, la incredulidad, las más gigantescas dudas y escepticismo, el racionalismo, la negativa rotunda, pura y dura… Mi intención en este blog, lo diré mil y una veces, no es intentar convencer a nadie de nada, ni adoctrinar. Ni lavar cerebros. Por otro lado también insistiré seguramente muchas veces en que puede hablarse de todo esto, de la búsqueda de la verdadera naturaleza de la realidad o el ser, y por tanto contestar a la pregunta de quiénes somos y qué somos, sin tener que emplear terminología religiosa. Quizá ni siquiera espiritual.

Hago estas aclaraciones… pero en realidad no quería hablar de todo esto. La intención simple y directa de esta entrada es plasmar aquí una reflexión de Maharshi contenida en ese libro. Fue un pensamiento que me impactó, que me encantó, que consideré y considero que es plenamente acertado y sabio. Lo citaré de memoria, quizá no acierte con las palabras precisas —a saber dónde anda el libro en papel ahora, me mudé de casa hace unos meses—.

Maharshi decía que la soledad está en la mente del hombre. En realidad y fundamentalmente, se encuentra en la mente del ser humano. Argumentaba con estas reflexiones de una gran belleza y poder didáctico: un hombre puede encontrarse en mitad de un bosque, totalmente solo y sin seres humanos en cientos de kilómetros a la redonda, meditando, o buscando la sabiduría —el despertar, la iluminación— y sin embargo puede ocurrir que en verdad no esté solo ni se encuentre en soledad, pues su mente puede estar llena de pensamientos. Esos pensamientos la ocuparán, la distraerán, le hablarán, de manera que la mente de ese hombre puede parecer el más ruidoso de los mercados, casi una feria. Su mente será bulliciosa, ruidosa; se encontrará atestada, concurrida, ocupada, en desorden, en frenesí, en una especie de delirio inacabable.

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Por el contrario, otro hombre —ser humano, trascendamos el habla patriarcal— puede encontrarse en mitad de cientos de seres humanos, acompañado o rodeado de una auténtica multitud: en una bulliciosa calle, en una gran ciudad, en mitad de un atasco de tráfico, en medio de un trabajo absorbente, intensísimo, duro, estresante… o en los quehaceres y obligaciones de la familia, y sin embargo encontrarse en la más perfecta soledad. ¿Por qué? Porque en su mente puede haberse hecho el silencio; en su interior puede obrar o habitar la serenidad, la quietud, la ausencia de pensamientos, de ego, de imágenes mentales o de imagen mental de sí mismo, de parloteo verbal… Ese ser humano, aunque esté físicamente rodeado de cientos de congéneres, en verdad estará en soledad, pues en su interior lo que habrá es paz.

Menudo pensamiento. Es brutal. Es cierto a mi entender y es increíblemente hermoso. Establezco cierto paralelismo con la senda que siguió el Buda buscando la sabiduría. Se dice que fue acosado por los demonios (maras o Mara), que intentaron distraerle de su objetivo bajo el árbol Bodhi. Entiendo que hablar de demonios puede ser una forma metafórica o una licencia para referirse a las fuerzas mentales que se resistían a ser acalladas y disueltas por el Buda. Esas «tentaciones», ese bullicio, ese «ruido», esas fuerzas o pensamientos en realidad guardan mucho paralelismo con lo que acabamos de decir: la mente en sus innumerables manifestaciones que se resiste a ser sometida por la voluntad de un ser que quiere despertar, instalarse en el ahora, en la atención, en la pura observación. Esos pensamientos perturbadores son «las multitudes» o «el bullicio» que hacen que esa mente esté más concurrida que la plaza del mercado. Y el objetivo del que quiere alcanzar la verdad es justamente el silencio, la paz… la soledad interior.

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Menudo era Ramana Maharshi. Os dejo con otro pensamiento que refleja esa eterna y profunda contradicción: buscar la iluminación o liberación (cuando dicen que, o visto desde otro punto de vista, ya estamos liberados), intentar alcanzar el verdadero ser (cuando en verdad ya lo somos) o intentar alcanzar la iluminación, cuando quien la alcanza sabe que «no hay nada que alcanzar».

«No hay misterio más grande que éste: siendo nosotros la realidad, buscamos obtenerla. Creemos que hay algo que oculta nuestra realidad y que debemos destruirlo para llegar a ella. Eso es ridículo. Llegará el día en que te reirás de los esfuerzos que realizabas para llegar a la realidad. Pero aquello que será en ese momento, ya es aquí y ahora».

La mente, la soledad, el bosque, la meditación, las multitudes, el silencio, los pensamientos… aquí dejo esa profunda y hermosa reflexión. Para quien quiera recogerla. O decirme algo al respecto. Quien quiera conversar ya sabe dónde estoy.

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4 comentarios en “La soledad y la mente

  1. Pero aquí la palabra soledad se toma desde un punto de vista positivo, como sinónimo de calma, de paz, de quietud. Y también tiene una connotación negativa. La soledad puede doler y se puede sentir, y mucho, aun rodeado de gente.
    Pero dicho esto, me gusta lo que dice Ramana sobre la mente.
    Lo de la realidad no termino de entenderlo, perdón por mi burrez.

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    1. Son muchísimas las personas, no solo desde el ámbito del pensamiento, cultura o creación (místicos, pensadores, escritores, artistas… ) que han manifestado muchas veces que la soledad buscada por uno mismo es muy hermosa. Y estoy totalmente de acuerdo, no tiene por qué ser algo triste o desolador. Uno puede buscarla aunque sea refugio para la paz, el recogimiento o mil cosas más. Desde el punto de vista de Ramana me parece también muy sabio y acertado. También es verdad, si le damos la vuelta: uno puede sentirse muy solo incluso rodeado de gente o de multitudes, y eso duele. Claro que la matización de Ramana es que tú deseas ese silencio o espacio interior, inalterable.
      En cuanto a tu burrez… jajaja… no sé qué pensar estos días. Quizá no hay burrez alguna y resulta que es un determinado grupo de personas, entre las que debo incluirme, las que tienen esta especie de paranoia con el buscar y el encontrar, una obsesión racional con esto de «encontrar o descubrir la verdad». ¿Existe algo que podamos llamar la «verdad»? Gran pregunta. Para mí sí, quizá se necesita o necesito explicarlo con mucho más desarrollo. Pero vamos, ya he manifestado lo básico, por ejemplo en la entrada sobre el Nepal: creo que la naturaleza última de la realidad es ni más ni menos que nuestra propia conciencia, de modo que no habría separación ni diferencia entre ambas. Sujeto y objeto son lo mismo, observador y observado, dentro y fuera, realidad y uno mismo. En esencia, el sí mismo. Esto es lo que manifiestan todos los místicos e iluminados, perdón por la dichosa palabrita, jajaja. En fin, Paloma, solo expongo. No pretendo que los demás lo vean igual.
      Namastebeso (namás).

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  2. Coincideixo amb el fet que la soletat pot ser un tresor meravellós. Però el contrast arriba quan una persona està sola, però no s’hi sent i una altra que està acompanyada i se sent sola. És una mica difícil d’explicar i d’entendre, però crec que el problema són el prejudicis socials. No en totes les cultures es valora igual la soletat, però en la occidental sempre s’ha vist com algo negatiu i a véncer.
    Bon article.
    Salut,

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    1. Coincideixo: pot ser un tresor meravellós, sí. Així és, una persona pot no sentir-se interiorment sola perquè se senti plena d’una felicitat, pau, harmonia… podem posar-li molts noms. O perquè se senti plenament satisfeta amb la seva vida i la seva persona, que hagi trobat o li vegi un sentit a la vida que altres no saben trobar, malgrat estar envoltats d’altres persones i tenir parella i fills.
      Encara que sigui difícil d’explicar t’entenc.
      És molt evident que aquí a Occident se la veu com una cosa negativa, i en canvi a l’Orient no tant, i molt més si ens fixem en les filosofies orientals i totes les que busquen la il·luminació espiritual o fer-se un amb la divinitat, tampoc és important la forma en què ho formulem.
      Diferent pot ser el cas d’una persona com el protagonista de la teva història: una persona que ha estat casada molts anys i es queda sola. Pot ser molt dur i és clar que també és maco estar amb la persona estimada, si tens aquesta sort.
      Però de la mateixa manera que hi ha gent que no sap estar callada (t’has fixat mai? això és molt graciós i molt fort) també hi ha gent que senzillament no sap o no soporta estar sola. No és el meu cas.
      I respecte a la soletat i la ment, els pensaments, el silenci i la pau, i d’alguna manera no deixar-se afectar per les coses del món, m’ha fet recordar una reflexió llegida fa pocs dies: «estar en el mundo sin ser (o sentirse) de este mundo».
      Abraçada.

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