El cabronazo iluminado

En 1986 se estrenaba la película Platoon de Oliver Stone. Una gran cinta, un film crudísimo, realista y absolutamente impactante. A mí me quedó grabada por su crudeza y por la trama, que se las trae.

En ella el sargento Barnes (Tom Berenger) encarna un enfrentamiento y una pugna a muerte con el sargento Elias (Willem Dafoe): son de carácteres muy distintos y tienen una manera totalmente diferente de entender su «oficio», o su desempeño en esas tierras vietnamitas. No es fácil intentar sobrevivir en un auténtico infierno.

Barnes es un absoluto cabronazo, alguien a quien no le amedrentan los dilemas morales a la hora de actuar, y que traspasa esa línea entre lo teóricamente correcto y lo incorrecto sin pararse a filosofar sobre ello.

Y resulta que tiene lo que podríamos denominar un «ramalazo» de iluminación, o que nos muestra una evidente lucidez en cuanto a la naturaleza de la realidad, en una de las escenas más emblemáticas del film. Se mofa de sus compañeros y subordinados en el pelotón por atiborrarse de drogas para intentar huir de la realidad. Él no lo necesita, les dice. «I am reality» es su demoledor argumento. Aquí está, podemos verle y escucharle…

¿Veis cómo no soy el único que suelta esas boludeces, estas ideas tan extrañas? Barnes identifica sin dudar la conciencia de la realidad con la conciencia misma. Un asunto para tomar nota y reflexionar sobre ello. ¿Veis cómo el club de los listillos (del cual soy miembro con carnet VIP) no puede ir tan desencaminado al respecto? ¿Y si fuera así, que no hubiera partes, divisiones o fronteras en la realidad? ¿Alguien ha visto alguna vez alguna frontera clara? Que me lo indique. ¿Acaso el cuerpo? ¿Existe en verdad algo que podamos llamar un ego? ¿Un sujeto, un centro, un observador? ¿Un ente individualizado, separado del resto? Y sin embargo prácticamente lo damos por hecho y funcionamos en base a ello: a esta imagen que nos formamos de nosotros mismos, totalmente ficticia. Y como el ego es un decorado de cartón piedra nos sentimos incómodos; sentimos que algo no cuadra, nos vemos encorsetados y limitados, con un disfraz que en verdad no es nosotros, o nuestro ser en realidad. Y buscamos: el ego se busca a sí mismo, la mente busca su propio centro, pues lo siente invisible e inahaprensible, y de ahí se derivan un mosqueo y una insatisfacción monumentales. La insoportable levedad del ser, que decía Milan Kundera. Quizá podríamos decir La inahaprensible realidad del ego, o en verdad la inexistente realidad del ego. Porque solo existe en nuestra mente. Y toda esta problemática y extraña situación es una de las causas que alimentan la contradicción del buscar la verdad, o la iluminación: el ego busca su verdadera identidad, quién es, cuando es imposible que se vea o se encuentre. En realidad son la mente y por otro lado nuestro ser real cuando hemos dinamitado o disuelto el ego, o antes de que éste se hubiera formado, quienes se buscan a sí mismos. Quiero decir, obviamente, desde niveles más profundos de nuestra conciencia que ese ego de pacotilla.

Aunque algunos podrán pensar que esto de la iluminación es solo ese asunto de adornar las calles en las fiestas navideñas. No, en serio, esta escena de la película me deja un poco chascado, porque me surgen una serie de preguntas: ¿qué pasa, que cualquiera puede alcanzar la iluminación, tener un atisbo de lucidez innegable, de la buena? ¿Hasta los malhechores, las malas personas, los delincuentes, los asesinos, etc…. ? Parece que sí. ¿Es iluminación marca blanca? ¿Como en el Mercadona, como en los supermercados? ¿Iluminación para todos los públicos, mainstream? Yo que creía que esta cuestión, este logro soberbio era solo cosa de unos pocos elegidos, los muy sabios, los «llamados» por algo o alguien, o los «tocados» por cierta varita.

Ay, ay, ay, ya ni siquiera la espiritualidad es lo que era. ¿Adónde iremos a parar? Estoy bromeando, es obvio: cualquiera puede esforzarse en despertar, en hacerse preguntas que sean como dardos que van al centro de la diana. Cualquiera puede intentar disipar las telarañas mentales para ver claro. La neblina, el velo de maya, la ilusión.

4 comentarios en “El cabronazo iluminado

        1. Chungo, chungo, por algo le he llamado cabronazo. Si es un sargento que mata a otras personas en una guerra… está todo dicho. Y supongo que habrás visto la película, digo yo… ¿o no? Pero creo que una cosa no quita la otra, puede tener un gran atisbo de lucidez, por decirlo así.

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