¿Atención plena?

Uno de los muchos objetivos de este blog es conseguir escribir entradas donde lo que tenga que exponer o explicar lo haga de forma breve, directa y lo más esclarecedora posible. No sé si algún día lo conseguiré. Quizá, a base de práctica y esforzarse. Podría argumentar a tal respecto que casi siempre me enrollo más de lo previsto porque “me conozco”, pero este “me conozco” me suena tan y tan mal… de hecho es justamente una afirmación o una premisa de la que huir como del diablo… en este blog y supongo que también en la vida. Representa la total antítesis de lo que se pretende comunicar en esta bitácora. No, en verdad no “nos conocemos”.

¿Qué podemos decir al respecto de la plena atención? Voy a soltar una afirmación que según mi humilde criterio es absolutamente demoledora, cierta, innegable y de profundo calado. Vamos, una verdad verdadera (modestia aparte). Una verdad que si se comprende cabalmente vale por mil puntos canjeables por un oso de peluche gigante en la gran tómbola de la iluminación…

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Basta que intentemos ejercer la plena atención en el aquí y el ahora para que nos demos cuenta de lo poco, poquísimo que en realidad “estamos aquí”. ¿Qué? ¿Qué opinión merece esto? ¿Es acertado o una estupidez total? Ejercer la plena atención en el aquí y el ahora significa no solamente observar con la máxima intensidad posible, centrándose en la realidad inmediata, sino también dejar de estar instalados en una serie de hábitos: pensar constantemente; verbalizar nuestras reflexiones; hablarnos a nosotros mismos; ejercer por tanto la dualidad, la división y la falsedad; producir en nuestro interior una escisión, donde somos a la vez sujeto y objeto, actor y espectador; hacerle casi siempre caso a esa vocecita, identificarse con ella; por tanto, funcionar en base al ego; tener una imagen de nosotros mismos; tener en constante funcionamiento ese proyector mental, que crea imágenes, distrayéndonos de la realidad inmediata…

Sí, podría seguir, pero en mi opinión lo esbozado no es poco precisamente. Krishnamurti aludía a todo esto muchas veces denominándolo “el trasfondo del pensamiento”. Una vez más tengo que estar de acuerdo con tan lúcida mente. El trasfondo siempre o casi siempre está funcionando. Ahí están los pensamientos, las imágenes, el lenguaje verbal, el parloteo mental, los razonamientos, haciendo run run run run… como un rumor de fondo, ruido mental, distorsión, interferencia. Por eso aludí a “las telarañas mentales” o a “la neblina”. Preguntarse si todo esto puede detenerse, apaciguarse, debilitarse o incluso eliminarse son grandísimas preguntas. Mi opinión personal… que sí, puede detenerse, controlarse, disiparse, trascenderlo. Pero requiere mucha voluntad. Requiere mucho valor, mucho. Requiere en cierta manera renunciar a ese funcionamiento que la mayor parte del tiempo y para el inmensísimo común de los mortales monopoliza nuestro mundo interior. Ah, sí, pero…

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Requiere una serie de cosas más. Por ejemplo, dejar obviamente de identificarse con esa imagen, ego o personaje, y dejar de hacerle caso. Pero requiere, creo que principalmente junto con esa firme voluntad o propósito interior, otra cosa: un enorme acopio de energía.

Creo a nivel personal que intentar imaginarse o visualizar ese estado interior en el cual dejamos de pensar y producir imágenes para estar totalmente atentos al aquí y al ahora puede servir de bastante ayuda, para ir acercándose a ello paulatinamente. Digamos que para afinar el instrumento (el coco, digo yo… ), para que se vaya asentando ese potencial estado y para que vayamos viendo de forma más y más clara que se puede estar muchísimo más atento a la realidad… porque precisamente nos damos cuenta de lo poquísimo que de hecho lo estamos.

Las conexiones que se disparan en mi coco escribiendo esto son muchísmas, de verdad. Por ejemplo…

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Intentar estar plenamente atento implica hacer el silencio dentro de uno mismo. Y esto conecta directamente con el post del otro día y esa explicación sobre las reflexiones de Ramana Maharshi: la soledad en verdad está en la mente de un hombre; en su silencio. Puede estar en mitad de un bosque meditando y sin embargo no estar en soledad, pues su mente estará hirviendo de pensamientos, delirando, soñando, en una ensoñación constante. La ensoñación nos distrae de la observación y de la atención. La ensoñación es el trasfondo de Krishnamurti.

Acabo de descubrir un interesantísimo blog con un no menos interesantísimo artículo: Budismo secular / 12 consejos para observar la mente. Rescato dos fragmentos que creo conectan directamente con lo que estoy intentando decir:

«Mantener la atención durante el día…
Al principio no es posible tener atención continua porque no se ha vuelto un hábito aún. Cuando se pierda, vuelve una y otra vez a la atención o conciencia plena. Tanto en las sesiones de meditación como durante el día, si hay una reacción adversa a la mente dispersa, reconoce esa emoción como un objeto. Cualquier cosa que suceda, reconócela como un objeto. No tenemos que intentar parar la emoción, nuestra responsabilidad no es crear nada ni resistirnos a nada. Lo que podemos hacer es tener la actitud correcta y estar atentos».

«La atención es un hábito…
En un retiro cultivas el hábito: cada vez que sientes algo placentero o desagradable, empiezas a observar cómo lo sientes, cómo se experimenta. En la vida diaria haz lo que quieras pero elige aplicarlo y a ver cómo va. Hagas lo que hagas en casa, intenta hacerlo con atención y ve cuál es la diferencia. Porque cuando hay atención, la sabiduría puede surgir. La atención o conciencia es como una puerta. Todo es un hábito. Cualquier cosa que alimentemos se vuelve un hábito. Si alimentas el hábito de la atención, alcanzará tus anhelos y la atención estará más presente. Pero sin atención, cualquier cosa que hagamos es muy rápida, muy automática. Con suficiente atención, puede haber espacio para elegir».

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Dije en el primer artículo de este blog que muchísimas cosas estaban íntimamente relacionadas a nivel interno, y hablé de esto: nuestra mente funciona como una cámara fotográfica, intentando todo el tiempo captar el momento, las situaciones; grabarlas, registrarlas, formar un recuerdo, archivarlas… en el fondo controlar lo que pasa. Es un funcionamiento compulsivo, éste de funcionar como una máquina de hacer fotos. Constantemente estamos intentando formarnos imágenes de todo aquello de lo que somos conscientes. O dicho en otras palabras, pasar por el prisma del pensamiento racional, del ego, de la observación consciente (pero mal entendida) nuestra existencia y nuestras experiencias. Digo todo esto, lo rescato, porque ese funcionamiento en modo cámara fotográfica, en modo REC constante, es también trasfondo, distracción con respecto a la plena atención; es un funcionamiento que es “enemigo” o contraproducente para ese intento de estar plenamente atentos. Vamos, que no ayuda precisamente, sino todo lo contrario; disipa y distrae.

Este modo de proceder, el “funcionamiento en modo cámara fotográfica” es una de las muchas formas de funcionar de la mente racional. Hay otras “subrutinas” facilísimas de enunciar y de reconocer, justamente por el mero hecho de que estamos normalmente instalados en ellas: la voz en off; el “comentarista deportivo” que se narra el partido a sí mismo (algo, que por frecuente que sea siento decir que me parece bastante esquizoide, que nadie se ofenda). ¿Por qué estoy ahora hablando de todo esto? Muy fácil: porque todas estas formas de funcionar tienen en común que nos alejan de la plena atención. Todavía hay otra cualidad de la mente, o subrutina, en la que estamos inmersos la mayor parte del tiempo: nuestra mente ya no solo hace fotografías, sino que también es a la vez proyector y pantalla de cine. ¿Alguien puede negar una verdad tan obvia? Estamos constantemente proyectando imágenes e inmersos en esa película particular. Una vez más es ensoñación y distracción; una vez más esto nos aleja de la plena atención. La mente sumergida, inmersa, absorta o ensimismada en los recuerdos se aleja de la observación atenta. Y la mente que cavila, imagina o especula sobre lo que va o puede suceder también se aleja de lo mismo. De tal forma que pasado y futuro, dos cosas que en absoluto son reales, nos alejan del presente, del ahora, de la atención plena. Otra verdad verdadera. Mil puntos más canjeables por el oso…

273566ca7b7c634e2ab05ef44f8f8b06Así no es de extrañar que el observador sea el pasado, según Krishnamurti. El observador entendido como esa mente egótica, ese sujeto que solamente es una parte, esa mente que funciona o está altamente contaminada por… voz en off/cámara fotográfica/proyector/pantalla/sala de cine.

Ya me he enrollado por los descosidos, como suele ser habitual. Iré concluyendo…

Bastan menos de dos minutos haciendo un esfuerzo consciente para estar plenamente atentos al aquí y al ahora para darnos cuenta de lo extraordinariamente difícil que es. No es de extrañar: no tenemos la maquinaria, el aparato o el instrumento afinados. No tenemos práctica ni entrenamiento. La voluntad está aletargada y la noción casi olvidada. La atención se ha convertido meramente en otra idea (atención a esto).

Y como he apuntado, creo que intentar ejercerla supone una renuncia y un esfuerzo. Creo una vez más que Ramana es demoledor dándonos el método, que en realidad suena muy sencillo, pero requiere de una perseverancia descomunal:

«A medida que los pensamientos surgen, ir destruyéndolos por completo, sin dejar residuo alguno y en el mismo lugar donde se originan, eso es desapego».

Ahí lo tenemos, ésa es la clave: esfuerzo constante; darnos en la cresta una y otra vez para intentar estar en verdad atentos/as. Eso implica detener el pensamiento, detener la ensoñación en sus mil manifestaciones (he señalado aspectos de este fenómeno, es obvio). O implica, ya que dejar de pensar de golpe es extremadamente difícil, incluir también a los pensamientos en la categoría de cosas a ser observadas. Lo cual implica empezar a alejarse de ellos; lo cual implica empezar a desidentificarse con respecto a ellos, al ego. Ya que no puedes con el enemigo, obsérvalo también con extrema paciencia, y a poder ser, perspectiva.

No es que se trate del “enemigo”: el pensamiento forma parte de nuestro ser y de nuestra identidad, también. No hay “realidades verdaderas” y “realidades falsas”. También somos seres mentales, si queremos formularlo así. Solo que esa faceta mental solamente es una parte de nuestro ser total o ser real, de la misma forma que solo son una parte lo sexual, lo instintivo, lo emocional o lo físico, por ejemplo.

A mi entender todavía hay una implicación mucho más profunda en el hecho de estar atentos: hacerlo significa olvidarnos de nosotros mismos; implica dejar de tener esa imagen de nosotros mismos, renunciar a tenerla, dejar de funcionar en el modo grabación, ya no solamente con respecto a la vida en su conjunto, sino con respecto a nuestra propia identidad. O dicho en otras palabras, hacemos un esfuerzo por o tenemos la aspiración de trascender esa imagen. Y esto también ha sido apuntado anteriormente: la plena atención supone saltar, y saltar al vacío y sin red. Podemos describirlo de otra manera: en la plena atención diluimos y olvidamos esa imagen de nosotros mismos, que es una construcción ficticia. Pasamos del “ver” y del pensar al ser, directa y únicamente. La mente en cierta manera deja de ser mente para ser en verdad conciencia, de forma que ya no “nos vemos” en términos de individualidad o imagen concreta, y el asunto adquiere una naturaleza totalmente distinta: en verdad creo que ya no nos vemos en el sentido convencional del término. Simplemente somos: es el “misterio” de la trascendencia de la dualidad mental. Se acabó toda imagen y división. Ya no nos vemos basándonos en que lo filtramos todo a través del pensamiento y de las imágenes de ese cine. Esto puede sonar complicado y rebuscado pero es totalmente directo, claro, evidente, innegable cuando se produce ese flash.

En verdad, y éste es el último intento de ponerlo en palabras esta noche, la atención total implica que dejamos de preocuparnos de si nos vemos a nosotros mismos o no, de si somos conscientes de nosotros mismos o no, de si nos formamos una imagen o no (captar, registrar, grabar… funcionamientos compulsivos). Simplemente somos, y entonces se da la extraña paradoja de que la conciencia total de la realidad se vuelve inconsciencia, un “olvido perfecto y total” para volver a descubrirse. En la atención total esa noción convencional de “uno mismo” acaba descubriéndonos que en realidad se trata del sí mismo. Lo personal en verdad se convierte en impersonal. Y el “alguien” en “nadie”. El observador total de la realidad en verdad es todo, porque ya no hay partes, ni observador ni observado. Entonces lo que se manifiesta es el vacío. Es un salto al vacío, insisto. Dificilísimo de expresar en palabras o a través de pensamientos racionales, aunque seguiré intentándolo. De ahí que todo lo descrito en esta entrada requiera de mucha valentía, voluntad, desapego, disposición a entregarse (o a trascender, y con ninguna de estas dos palabras quiero aludir a “Dios”). Pero aunque creo que sí existe un misterio, por otro lado todo esto no es tan misterioso: la atención es la llave. Entonces se produce algo; entonces algo empieza a manifestarse, a despertar.

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10 comentarios en “¿Atención plena?

  1. Lo he entendido: ¡¡ quiero el osooooo!!
    Fuera de broma, creo que está muy bien todo lo que explicas. Hace tiempo leí bastantes libros de Krishnamurti , hasta que me cansé. Me gusta lo que dicen, él y otros “predicadores” de la atención.
    Ponerlo en práctica ya es otra cosa, no es nada fácil. Enseguida se nos olvida y volvemos a lo mismo. Hablo por mí, claro.

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    1. Gracias por tus lecturas, de verdad. Pues en verdad ya me enrollé y me salió demasiado denso. Me gustaría ser más breve y directo. Acabo de modificar algunas frases de la parte final, pues creo que no estaban demasiado “afinadas”.
      Ah, no tenía ni idea de que habías leído varios libros de “K”. Pensé que igual ni le conocías. Pues me alegro, sin duda era una mente muy lúcida y penetrante. Y desde luego, enseguida volvemos a “caer” en la falta de atención, en todos esos funcionamientos: el pensar, el verbalizar, la imagen propia, el fotografiarlo todo, el proyector mental interno, etc., etc.

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    2. Hola otra vez. Te invito a ver un vídeo. Dura menos de 4 minutos y es absolutamente genial. Me ha molado mucho y creo que te molará. Muy claro y didáctico. Va sobre el acallar o aquietar la mente, la meditación y el “esforzarse” en todo esto, comparándolo con un vaso lleno de líquido. No te lo pierdas. Se trata del británico Ajahn Brahm desde Australia (entrada en la web Budismo Secular)…

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  2. ¡Hola What! en primer lugar felicitarte por tu nuevo blog, es increíble que no ha cumplido ni un mes de vida y ya tiene casi más entradas que mi blog, jejeje.

    ¿Y si todo fuera más fácil? ¿y si no se tratase de callar la mente? ¿y si no se tratase de hacer nada? quizás el problema es que no sabemos no hacer nada…

    Siempre estamos buscamos fórmulas, ecuaciones y pasos para hacer.

    En mi opinión siempre estamos en atención plena, lo único que cambia es la identificación. O estoy atento plenamente a creerme lo que pienso (me identifico) o estoy atento plenamente a VER lo que pienso (no me identifico porque veo el pensamiento). ¿Quién ve el pensamiento? TÚ, el presente, el ser, la totalidad, el todo, el ser superior, la consciencia, Dios, Budha o como lo quieras etiquetar. Ese algo o cosa es pura experiencia de la que no se puede hablar, siempre está, siempre es. Pero si nuestra atención se identifica con los pensamientos NO nos daremos cuenta de que siempre está ahí, nunca desaparece, es lo único real…

    No tenemos que hacer nada para llegar a ello porque nunca se ha ido. Solo tenemos que darnos cuenta de los obstáculos que interponemos para conocer lo que somos.

    No podemos ni manejar, ni cambiar, ni callar a los pensamientos, cuanto más lo intentes “más chillarán”… si les prestas tu atención “parecerá” que hablan incluso más alto. Si no les prestas atención “parecerá” que hablan más bajo hasta el punto de creer que han desaparecido. Es el ego quien quiere callar y manejar.

    Cuando puedes ver tus pensamientos con claridad y esto no lo hace el ego (simplemente surge cuando tiene que surgir), quiere decir que la mente está “despertando” y comienza a darse cuenta de “la separación” que ha fabricado. No estamos al cargo de esto, simplemente sucede de manera natural.

    Al ego le gusta disfrazarse de un ser espiritual para que le sigas prestando atención, quiere ganarse tu confianza una y otra vez. Siempre busca fórmulas, técnicas y pasos para despertar pero nunca encuentra nada para que sigas buscando. Te mantiene en una continua búsqueda hacia ningún sitio.

    Creo que el mejor termómetro es preguntarse… ¿Cómo me siento? ¿estoy en paz o en conflicto? si estoy en conflicto estoy identificado con mi ego, me creo todo lo que pienso. Si estoy en esta situación no pasa nada, no es necesario hacer nada, solo vivir la experiencia de identificación con tus pensamientos, no luchar, solo experimentar, no querer cambiar la situación, solo observar. Para mi este sería “el mayor despertador”. Por eso puede haber silencio en medio de un gran concierto y puede haber claridad en lo que aparenta ser oscuro.

    ¡Te mando un abrazo!

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    1. Hola, Rubén. Gracias por la visita y me alegra mucho. Tu larguísimo comentario da para mucho y tendré que ir contestando argumento a argumento…
      “El problema es que no sabemos no hacer nada”… totalmente de acuerdo. Nada tan difícil como no hacer nada, o en su defecto solamente observar. Algunos maestros dicen “estar en quietud”, y en verdad cuesta.
      “Siempre estamos buscamos fórmulas, ecuaciones y pasos para hacer”. Correcto. Krishnamurti decía que la verdad era una tierra sin senderos, y Van Morrison tituló uno de sus discos “No Guru, No Method, No Teacher”. Pero paradójicamente siempre buscaremos métodos, caminos, filosofías, etc. Porque si no es difícil iniciar el camino. Es más tarde, creo yo, cuando vas despertando, que ves que en verdad ningún método te va a entregar tu propio ser, es absurdo. Por eso toda la búsqueda espiritual lleva una contradicción inherente muy puñetera, de esto también he hablado: entre el buscar, el anhelo de “alcanzar” la iluminación y el “no hay nada que alcanzar”. ¿Y si ambas cosas son ciertas a la vez, depende del enfoque y depende de en qué punto esté o cómo se sienta el que experimenta?
      Pero de alguna manera ya apuntas a un método: observar en quietud, practicar la atención. Coincides con muchos maestros y budistas, y conmigo: la atención es la llave. Tienes razón y esto también lo dicen, de hecho he puesto algunas citas: no se trata tampoco de hacer callar la mente, suprimir o anular los pensamientos. Solo observarlos, ya te digo que he puesto citas estos días en este sentido. Pero por otro lado si el ego, el yo con minúsculas es ficticio, una construcción mental e ilusoria, entonces no hay nadie en verdad que pueda controlar todo ese proceso mental. Eso postula el budismo, no hay un yo o sujeto nuclear. El pensador es los pensamientos; esto va más allá del budismo, por otro lado.
      Oye, me ha parecido interesantísima la observación que haces, jamás se me había ocurrido: en realidad siempre estamos en atención plena. En cierto modo sí. Y si es hacia ese mundo interior, entonces estamos bastante ensimismados o hipnotizados, inmersos en esa constante ensoñación, pero atentos en otra forma. Es verdad. Yo enfatizo lo de atención refiriéndose a la realidad exterior. Hay muchos, por otra parte, que dicen que la teórica iluminación es en realidad el estado natural de la mente, y que ese concepto en sí mismo es un obstáculo para vivirla plenamente.
      Por otro lado sí, estoy de acuerdo contigo: aunque no exista ese yo con minúsculas, el ego, existe una noción muy profunda de nosotros mismos o de nuestra identidad, y creo que no puede ser otra que la totalidad, conciencia infinita, divinidad, etc., se le puede poner muchos nombres. Ese ser que en el fondo somos es el sentimiento, la verdad y la experiencia directa del “YO SOY”, como dijo cierto místico.
      No es fácil teorizar de esto. Entonces, el ego a la vez existe y no existe. Existe como construcción mental. No existe como agente activo y real que en verdad pueda actuar, decidir ni controlar nada. Buena parte del despertar consiste en darse cuenta de esto. Y en consecuencia siempre intenta seducirnos. Pero te entiendo, en cierto sentido no podemos ni debemos hacer nada para alcanzar nuestra propia realidad. Como decía cierto escritor, es como si el océano se empeñara en adquirir la cualidad de la acuosidad. Pero creo que tampoco es del todo cierto que no tengamos que hacer nada. El ego no hace nada, pues el ego en verdad no existe. Pero lo hace ese YO más profundo que en verdad ya no es algo individual. Se busca pero a la vez se expresa y ya es.
      Has escrito: “Cuando puedes ver tus pensamientos con claridad y esto no lo hace el ego (simplemente surge cuando tiene que surgir), quiere decir que la mente está “despertando” y comienza a darse cuenta de “la separación” que ha fabricado. No estamos al cargo de esto, simplemente sucede de manera natural”. Correcto, es así. Entonces estamos en las mismas, el ego en verdad nada hace. Pero algo somos, llámese atención, inteligencia o realidad. O conciencia, claro que mis puntos de vista a otros les parecerán poco rigurosos.
      Me gusta tu reflexión final, sobre el silencio en mitad de mucho alboroto. Ya escribí sobre esto (La soledad y la mente), pues Ramana Maharshi expuso que en verdad la soledad está en nuestra mente, y por tanto el silencio y la paz.
      Sobre todo lo que has dicho estoy básicamente de acuerdo, lo que pasa que estas cosas se pueden matizar muchísimo y ver desde muchos puntos de vista.
      Creo que en verdad ese ser último es el vacío, y que la reflexión, o experiencia directa de “no hay nadie más que uno mismo (yo mismo)” equivale a realizar el sí mismo, y que esto en verdad es realizar o darse cuenta de que “en realidad aquí no hay nadie”. Es el gran misterio. El vacío o vacuidad, es algo muy importante. Como dice una persona que he conocido estos días, Buda es “la ausencia de yo”, o del sí mismo a nivel personal, pero sí a nivel impersonal. Bueno, es difícil todo esto.
      Pues espero que te pases en otras ocasiones. Seguiré escribiendo, tal como surja.
      Un abrazo.

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    2. “El ego siempre busca fórmulas, técnicas y pasos para despertar pero nunca encuentra nada para que sigas buscando. Te mantiene en una continua búsqueda hacia ningún sitio”… la frase es brutal, para enmarcar y para en verdad reflexionar profundamente qué implica todo esto.

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