El despertar: ¿es algo o es mera palabrería?

Se dice, se cree y se predica que el Buda alcanzó la iluminación, el despertar, el nirvana, la paz, la verdad… así como muchos otros seres humanos. Pero… ¿realmente existe algo que podamos denominar “despertar espiritual”? ¿Algo como un cambio, un progreso, un logro, un estado nuevo, un descubrimiento? ¿Algo que obtenemos, incorporamos, añadimos a nuestro ser, que comprendemos, entendemos? ¿Es realmente algo, consiste en algo o es todo mera palabrería, humo, paranoias, una obsesión, una fijación, especulaciones, ideas, una mentira, un espejismo, un timo, un bluff, una idealización en suma? No creo que sean preguntas banales ni superfluas, sino todo lo contrario. Creo que planteárselas está muy bien, que forma parte del camino, del crecimiento (¿y existe algo que pueda considerarse crecimiento, progreso, avance?).

«No intentes llegar a ningún sitio con tu práctica. El mismo deseo de ser libre o estar iluminado es lo que impide tu libertad. Puedes intentarlo tan duramente como quieras, practicar vigorosamente día y noche, pero mientras lo hagas con el deseo de alcanzar en mente, nunca encontrarás paz. La energía de ese deseo causará duda y agitación. No importa cuánto o cuán intensamente practiques, la sabiduría no emergerá del anhelo. Déjalo estar. Observa la mente y el cuerpo con atención conciente pero no trates de conseguir nada. No te aferres siquiera a la práctica del despertar».

(Respuesta de Ajahn Chah a un discípulo, extraído de esta entrada)

Aunque la práctica de la meditación, la observación y la atención (por ejemplo en el ámbito del budismo, pero no única ni exclusivamente), así como las enseñanzas y respuestas precisamente de muchos maestros budistas parecen disipar los más complicados laberintos y hacen parecer fáciles y sencillas las más complicadas cuestiones, creo que esa contradicción —por lo menos teórica— entre estos dos puntos de vista o conceptos efectivamente existe: entre el anhelo de despertar y alcanzar la sabiduría y la paz, y la sentencia o profunda enseñanza del “no hay nada que alcanzar”.

Quizá es cuestión de enfoques. Quizá es cuestión de deshacer entuertos, malentendidos, falsas identificaciones, concepciones erróneas, puntos de vista equivocados, actitudes incorrectas respecto a esa teórica meta. No son pocos los que consideran —tengo en mi mente una posible entrada— que ese teórico estado de iluminación no es más que el estado natural de la mente…

«Mantén tu mente en el presente. Lo que sea que surja en la mente, obsérvalo. Suéltalo. Ni siquiera desees librarte de pensamientos. Entonces la mente alcanzará su estado natural. Sin discriminar bueno y malo, caliente y frío, rápido y lento. Ni mí ni tú, ningún yo en absoluto. Sólo lo que hay. (…) Dondequiera que estés, conócete a ti mismo estando natural y observador. Si surgen dudas, míralas ir y venir. Es muy simple. No te aferres a nada».

(De nuevo Ajahn Chah)

Pero sí, creo que existe la mencionada contradicción, y que no es una cuestión a tomar a la ligera, sino un asunto por el que se han devanado los sesos no pocos buscadores de la verdad; una cuestión fundamental sobre la que meditar, pues resolver este nudo gordiano es poco menos que desentrañar el meollo de toda la cuestión. Quizá es desandar un complicado camino o laberinto que la propia mente, el propio pensamiento ha creado, enmarañando lo que de por sí es extraordinariamente sencillo, evidente y directo. Si intentamos expresarlo con otras palabras, podríamos decir que la mente racional, o el pensamiento, jamás serán capaces de resolver esta cuestión o contestar a esta pregunta fundamental (pues no tiene una respuesta que pueda considerarse racional; la respuesta somos nosotros mismos, nosotros preguntando).

Es desandar ese camino, quizá dándose cuenta de que a través del laberinto jamás llegaremos a ninguna respuesta satisfactoria; hemos de ver que el laberinto no nos es útil, diluirlo, hacer que se desvanezca. Nos hemos perdido en el bosque de los conceptos; también de los filosóficos, los trascendentales, los místicos, los espirituales, los esotéricos, los sobrenaturales, los religiosos. Nos hemos perdido en ese bosque; quizá “despertar” es darse cuenta de que jamás hallaremos un sendero correcto entre los árboles. Los árboles son ilusorios, dejemos que se desvanezcan. Sólo quedará el que busca, el que pregunta, el que anhela, pero sin necesidad de teorías, ideas, logros…

¿Será eso? ¿Comprender que no hay nada que alcanzar es justamente alcanzar algo que es inalcanzable por definición? Cuando dinamitamos la razón… alguien queda ahí.

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5 comentarios en “El despertar: ¿es algo o es mera palabrería?

  1. Es muy relajante la sola idea de que no hay nada que alcanzar. Nos pasamos la vida tratando de alcanzar…lo que sea. También la iluminación o por lo menos la paz interior.
    De todas formas, todo esto que se presenta como tan simple a mí me parece muy complejo.
    No te creas que lo entiendo del todo

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    1. Sí, nos pasamos la vida en ello. Creo que las solas ideas de “no hay nada que alcanzar” o la de “deja de buscar” son ya en sí mismas muy relajantes y liberadoras. Si uno se las repite con cierta frecuencia, intensidad y honestidad, e intenta ver que en el fondo son acertadas. Y hacer eso no es estar mal de la chaveta, simplemente es trabajar nuestro interior.
      Ayer descubrí un blog absolutamente extraordinario, una pasada. Ya hablaré de él. Tiene una precisión en las definiciones y una profundidad en sus intuiciones, explicaciones y razonamientos que me han dejado pasmado. Incluso textos en pdf escritos por el autor. Acabo de terminarme uno. Casualmente, en él se dice que podríamos definir lo que entendemos como sujeto como “intenciones y anhelos”. Y justamente, de los anhelos jamás surgirá la paz, como también menciona una cita aquí. Además la noción de sujeto lleva implícita la de objeto, con lo cual ya estamos creando división, conflicto, sufrimiento.
      Entiendo lo que dices, de que todo esto, toda esta aparente sencillez, lleva asociada una gran dificultad. Claro, por eso hablo de esa contradicción implícita. Nos empeñamos en perseguir o buscar la paz, la sabiduría, la iluminación. Pero si vemos que jamás lo lograremos obteniendo algo externo a nosotros, que nos falta ahora, ya habremos dado un gran paso. De ahí lo de abrirse a la atención, al aquí y ahora, y esas reflexiones (“no hay nada que alcanzar” o “deja de buscar”) ayudan a abrirse. Esa “verdad” tan buscada ya es lo que somos, aquí y ahora, pero que no nos damos cuenta. Nuestra verdadera naturaleza, que supongo es en buena medida inteligencia, está cegada, hipnotizada y erróneamente identificada con ese intelecto que no para de hablarnos interiormente. Pero en todo caso no es fácil todo este asunto.

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    1. Hola, Raúl, y bienvenido. Sí, leí esa parábola del empresario hace unos meses. Muy buena, porque es una reflexión general sobre la felicidad, con todas las ramificaciones que de eso se derivan: buscar, la ambición, el anhelo, el deseo, el “progreso”, el “avanzar”, el éxito, el bienestar, etc. Como una bola de nieve, que empieza a rodar, crecer montaña abajo y ya es difícil pararla. Y mira, todo esto está muy relacionado con el concepto de samsara del hinduismo, budismo y otras religiones: la rueda interminable… no es fácil detenerse e intentar no ser meramente ese hámster en la rueda.
      Y lo último… pues a veces no es tan fácil saber qué es para ti lo importante. Coincido en que hay muchos caminos. De todas formas el tema de la sabiduría es bastante resbaladizo… También podríamos decir que hay sabiduría conceptual, sabiduría vital y a muchos otros niveles. Emocional también.

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