Marejada y aire fresco

No, no voy a dar ningún parte meteorológico…

Me levanto esta mañana y me pongo a desayunar, tranquilamente, pensativo…

¡Stop! Ahí está justamente el problema: “pensativo”. En mi cabeza hay una especie de marejada de fondo. Pugnan por emerger pensamientos, razonamientos y recuerdos de los eventos vividos ayer: cosas que leí en internet, cosas que miré, cosas que escribí. Entradas, comentarios, personas con las que me he comunicado, etc. Y también por supuesto asuntos relacionados con el futuro inminente: cosas que tengo pendientes de hacer, qué compraré ahora cuando salga, etc.

Lo de siempre. Ya estoy enmarañado en la madeja interminable del pensamiento. El laberinto. Están ahí, en el fondo, pugnando por salir. Pugnando por tomar forma acuñados como sentencias verbales. Ya estamos. El parloteo, los razonamientos. La voz en off. Pero los mantengo a raya, intentando observarlos, solo ser consciente de ellos.

¡Disipaos!¡Dejadme desayunar en paz! (¡Hostia!). Ya estamos de nuevo con esa constante inmersión en el pensamiento, con la “eterna” ensoñación, donde la cabeza está proyectando casi ininterrumpidamente imágenes, vomitando recuerdos, catapultando dudas, preguntas, temores, especulaciones, ráfagas de ira, abatimiento, tristeza o cansancio mental (¿a alguien le extraña esto último?). O sea, parece que “estoy fatal”.

El proyector, la pantalla, el cine. Imágenes, la voz. Todo ese run, run, run, vuelta a la carga. La ensoñación constante, insisto, la interferencia que es tan molesta y en el fondo agotadora.

Y todo ello me molesta. Estoy harto. A estas alturas de mi vida, como ya expuse en el “About”, necesito hacer el silencio, buscar la paz, la quietud, la armonía. Si no absolutos y totales —a tanto de entrada no aspiro— sí en buenas dosis, en buena medida. Así que le voy dando sorbos al café con leche y estoy intentando hacer un esfuerzo por mantenerme atento, por practicar el mindfulness ya solo poner los pies en el suelo. Esto también puede resultar agotador, o mejor dicho, requiere un esfuerzo considerable, pues es cambiar a un funcionamiento mental al que no estamos habituados. Requiere un acopio de energía. Pero ni punto de comparación. Por lo menos esto tiene un aroma liberador, un aroma de vida, y no esa mente viciada que parece una habitación con el aire irrespirable, atestada de humo de tabaco.

Empecé a escribir una entrada. Voy a tirarla a la papelera; no tiene más trascendencia. La titulé “Millones de camisas de fuerza”. ¿Por qué? Porque utilicé un símil: la persona que quiere “despertar”, liberarse, la voluntad que pugna desde ahí, desde muy al fondo de uno mismo, por reconquistar territorios que en el fondo son suyos, oasis de paz, silencio, armonía, luz, energía… es como si tuviera que deshacerse de millones de camisas de fuerza que la aprisionan. La voluntad está ahí, pero tiene que luchar con todas las fuerzas de las que dispone por empezar a liberarse, por superar obstáculos y romper cadenas. Y para lo que me queda en el convento… que ésa prácticamente será mi determinación más importante y sincera, más allá de la “vida cotidiana” (y no le veo contradicción, muy al revés: esta aspiración, este esfuerzo, pueden hacer que viva más confortablemente, por lo menos a nivel interior).

Esta es una de las razones por las que creé este blog. También para explicarlo a quien quiera leerlo: éste es otro motivo de peso.

Así que a estas alturas de mi vida necesito vencer esas corrientes de marejada, superar esa prisión, dejar atrás esos aires viciados. A estas alturas de mi vida lo único que representa para mí aire fresco es intentar practicar lo más frecuente, intensa y honestamente que pueda la atención; la observación de la realidad (externa e interna), del aquí y el ahora (si eso existe, o del constante fluir de la existencia). Y eso conlleva intentar disipar la cansina neblina de los pensamientos. Basta. Necesito hacer sitio a esa atención, cueste lo que cueste y aunque implique iniciar un camino en el que ya no hay vuelta atrás.

Aire fresco. Libertad. Que corra el aire. Ventilar… hay mucho que ventilar.

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7 comentarios en “Marejada y aire fresco

  1. ¡Enhorabuena por este nuevo proyecto! Los blogs no dejan de ser diarios, donde cada uno de nosotros escribimos sobre aquello que nos interesa, nos apasiona o nos tortura. Espero que logres tus propósitos, y gracias por quererlo compartir con nosotros. Saludos.

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    1. Sí… como te iba diciendo. La verdad que me ha “sorprendido” que aparecieras por el blog de lrotula leyéndote ese comentario mío. Pues pensaba preguntarte al respecto, pero como he dicho, ni nadie está obligado a nada ni me gusta pedir explicaciones o hacer reproches. Ya has leído las reflexiones o preguntas que se me pasaron por la cabeza: a lo mejor tú y otras personas preferían no meterse en temas de esta índole, a lo mejor el tema espiritualidad a ti te echa para atrás bastante o mucho. O pensaste que son cuestiones infumables, carentes de contenido y sentido, vamos, pura charlatanería. Bueno, aunque lo fueran, para bien o para mal estas inquietudes son importantes en mi vida. La verdad es que sí, tengo la impresión de que eres bastante “alérgico” a temas espirituales, jajaja, pero en el fondo no sé ni cómo eres ni qué piensas. Lo digo porque por un lado eres profesor de historia de la ciencia, y me imagino te apegas bastante a ella (y a mí me parece admirable, no tengo nada en contra; solo que a día de hoy tampoco lo explica todo). Y por otro lado en verdad nunca has sido demasiado explícito, no entras a opinar o verter unos puntos de vista definidos.O en otras palabras, me da la sensación de que no quieres mojarte porque quizá tendrías que soltar un “lo siento, no creo en nada de nada de nada, todo es humo, indemostrable” y no quieres herir sensibilidades. Por eso, porque le di vueltas a todo esto, pensé que igual decidiste pasar de largo. Pero al fin y al cabo es irrelevante cómo seas y qué pienses, en relación a lo que yo pueda escribir. Y ya lo dejo aquí, ya he dicho bastante. Gracias por pasarte, por supuesto me alegra mucho.

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  2. Tu comentario me llegó a través de correo electrónico, así me acordé de que aún no me había pasado por tu nuevo blog. Si un compañero inicia un nuevo proyecto lo suyo es ir a verlo, luego podrá interesarte o no, pero si no vas y lo ves no lo puedes saber; es una cuestión de respeto, al menos así lo veo yo. Me interesa mucho la Filosofía, su historia y todo el poso que ha dejado en el conocimiento humano a través de siglos; cuando no existía la Ciencia, tal y como hoy la entendemos, es decir con anterioridad al Método Científico, la Ciencia y la Filosofía eran la misma cosa, y los filósofos eran también los científicos. También me interesan todos los asuntos relacionados con los sentimientos, la sensibilidad y la inteligencia, que forman parte de lo que podríamos llamar espiritualidad, pero no me interesan los planteamientos religiosos ni las religiones organizadas que, eso sí, me gusta conocer en su vertiente histórica, social y artística. Saludos.

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  3. Gracias por invitarme a leer tu artículo. Estoy encantada y te doy la enhorabuena. Hay que hacer espacio a la atención pero sin empujar a los pensamientos, sencillamente siendo consciente de que están ahí, como reconoces al principio de este artículo. Y que corra el aire.

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    1. Muchísimas gracias por la visita y por la lectura. Me alegra mucho si te ha gustado lo escrito. Pues sí, practicar la atención… es como abrirse paso a través de una intrincada selva. En cierto sentido nuestra mente está dormida y no está acostumbrada a ello, es como romper las tendencias o las inercias acumuladas durante décadas. Me gustó ese pensamiento del autor que citas: “Estaba tan cerca, pero nunca habíamos ido”.
      Mi próxima entrada también versará sobre el centrarse en el presente, a través de unos principios que me dejaron desarmado por lo simples que son. Seguimos en contacto…

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