Dejar de buscar

“Aprovechando” o coincidiendo con los recientes días de intensísimo calor, me he sentado estas últimas tardes y sobre todo noches afuera, en la terraza. Puedo divisar una parte de las montañas que circundan Barcelona. No mucho, pero la vista está bien. Y mucho cielo. Así que imaginadme sentado en una silla de plástico verde oscuro. Pero en realidad no me siento a admirar el paisaje. Me siento a practicar la introspección personal, o la autoindagación. Se le puede llamar a esto de muchas maneras: “meditación”, “observación”, “practicar la atención despierta”, “afinar la mente”, “aquietar la mente”, “buscarse a uno mismo”, “buscar y practicar la quietud y la paz mentales”, “intentar estar lo más despierto posible”, “intentar vaciar la mente de contenidos”, etc., etc., etc. Todas estas formas de denominarlo me parecen correctas; todas ellas inciden en diferentes aspectos de la cuestión.

Imaginadme así, sentado en esa silla. A oscuras, aunque no en una oscuridad completa, ni mucho menos. Dejando de lado por completo el ordenador, internet y toda actividad virtual. Y así he pasado largos ratos, a veces incluso dos o tres horas. No es un sacrificio en absoluto; al contrario, mientras más practico y más me adentro en esto, más fruición en realidad es la que siento. No es fácil de explicar todo esto. ¿Es “mi espíritu” el que me pide esto, de existir tal cosa? ¿La parte más profunda de mí mismo? Sí, creo y parece que sí. Puede ser una llamada, una necesidad, una inquietud, una intención, un objetivo (con el peligro y la relatividad que encierran ambos términos)… incluso puede ser visto como una neura, una extravagancia o algo incomprensible…

Porque éste es otro aspecto de la cuestión: por fugaces momentos me pasa por la cabeza no que sea un bicho raro, sino que pueda pasar por tal a los ojos de otras personas. En ese sentido me puedo sentir bastante o muy incomprendido. Pero aunque ahora mencione esto (señal de que no me es indiferente del todo), sí que lo tengo bastante superado: sé que la gente, y en particular qué puedan pensar u opinar otras personas de lo que hago es un elemento que debe quedar y queda fuera de la ecuación. En plan estricto y en plan duro, ni me debe importar ni me importa. Algunas personas pueden no comprender esta inquietud o búsqueda espiritual; parecerles algo ridículo, absurdo, carente de sentido, incluso hilarante. También las reflexiones que vendrán a continuación. Vale, lo tengo asumido. No espero que nadie me entienda, aunque si esto ocurre me parecerá bien, me alegrará; me reconfortará y lo agradeceré. Pero no lo espero; por no esperar ya no espero siquiera (y lo digo en serio) que entren aquí a leer; mucho menos a comprenderme, a comentar o a estar de acuerdo con lo que expongo o explico. En realidad seguiría y seguiré escribiendo aunque tuviera cero lectores. No es el objetivo prioritario de este blog captar lectores o sumar visitas. Ni seducir, ni convencer, ni que me engorden el ego, que es un elemento muy común en la blogosfera y en la sociedad. Otra clase de ánimos pueden mover este blog: aclarar mis “ideas” y sobre todo mis vivencias y experiencias; algunos les llamarán insights. Explicar y narrar el recorrido de un camino y las razones que me llevan a hacer esto, a sentarme dos horas a oscuras en una silla, sin dormirme o divagar/vagar erráticamente de pensamiento en pensamiento. Son sensaciones de este tipo las que pueden moverme a escribir y comunicar. Ya dije al iniciar este blog que echado a andar por este camino ya no había vuelta atrás. Nada volverá a ser como antes, empezando por “mí mismo”, por la idea de “un sujeto que actúa”. Ya no soy el mismo, en cierto sentido (pero indudablemente real) de hace dos o seis meses. Y me alegro. Todo esto tiene que suceder, aunque no sepa cómo acabará. Por supuesto existe la libertad de pensamiento. Potencialmente puede haber gente a quien todo esto le suene a pura palabrería, autosugestión, fantasmada o lo que aún sería mucho peor: una pervertida y descomunal muestra de aún más egocentrismo y esnobismo; de creerme más “elevado espiritualmente” que los demás o cosas por el estilo. No va de comparaciones la cosa, porque entre otras consideraciones no me sirven absolutamente de nada: lo que importa es mi camino, y lo demás poco me inquieta.

Aclarado todo esto (sin acritud, pero con honestidad y asertividad), aclararé otra cosa: funciono en buena medida utilizando “mantras”: palabras, frases o pensamientos breves que me repito a mí mismo y que me ayudan a afinar la mente, a enfocarme en los aspectos que considero importantes. Utilizo muchos mantras. Algunos más o menos se van repitiendo y los tengo interiorizados; otros van surgiendo en función de lo que siento o experimento. Pero aquí debe hacerse una aclaración importantísima: esos mantras, palabras o frases son meros instrumentos, a desechar a posteriori. Alguien podría decir que son la barca que usas para cruzar el río; una vez cruzado ya no la necesitas. Ahora mismo “mi río” es trascender la conceptualidad y la dualidad mental. Seguramente son dos ríos diferentes, el segundo más profundo y arduo de cruzar que el primero. Por tanto aunque se repitan palabras para nada se trata de engancharse a ellas o quedarse atascado repitiéndolas; justamente las palabras son conceptualidad y lo que se busca es trascender esta: ir más allá, o quedarse “más acá”, antes de que surjan pensamientos en forma verbal; quedarse en la quietud, el silencio y la observación.

Un mantra que utilizo mucho, y que está inmensamente cargado de significado (como todos) es…

Quietud mental, absoluta y total.

O, tomando otra forma…

Ningún movimiento mental. 

Como digo, me ayudan a afinar la mente, a vaciarla de contenidos superfluos y a enfocarla en lo que considero verdaderamente importante. Que…

Todo es Mente, Conciencia, Atención, Observación, Ser, Sí Mismo impersonal.

A partir de ahora, cuando aparezcan frases o palabras en color verde y cursiva se tratará de mantras, para hacerlo más fácil. Muchos son los que utilizo, y creo que irán saliendo, cosa que hasta ahora no había sucedido (casi). No se trata de vomitarlos todos de golpe; se trata para mí de ver qué sentido tienen en el contexto adecuado. Aunque todo, por otra parte y necesariamente, está conectado.

No voy a extenderme mucho más, de hecho. Estaba sentado en la silla, también de color verde oscuro (es gracioso, no lo he hecho a propósito, habrá sido un capricho del cosmos), cuando me dije a mí mismo algo que hacía tiempo que no me decía… También necesito aclarar que los mantras me cansan y me cargan. No son un objetivo en sí mismos. En realidad a lo que tiendo es a hacerlos también más sencillos, directos, efectivos e intuitivos. Lo que se busca, obvia insistir, es el silencio, la paz, la observación y la experiencia digamos que “genuinas”, sin interferencias conceptuales, sin parloteo mental o análisis, sin “trasfondo” que diría Krishnamurti.

Estaba en la silla y me dije a mí mismo:

El que (lo que) buscas es el que está buscando. No hay partes. Deja de buscar.

O, variándolo ligeramente…

El que (lo que) estás buscando es aquel que busca. No hay partes. Deja de buscar.

“Deja de buscar” o “nada que buscar”. Repetido tres o cuatro veces, o las que sean, el mensaje y el significado implícito van calando, y haciendo efecto. No es más que entrenamiento de la mente. Y entonces puede producirse lo que de hecho se produjo: al ahondar en las implicaciones del “nada que buscar” se siente una paz inmensa, como una liberación, un descubrimiento. Te das cuenta de que en verdad hay tanto que hacer pero que no has de hacer nada, solamente observar en silencio. La conceptualidad y los pensamientos no te llevarán a nada, en el sentido de que ninguno de ellos, ni la suma de 50 000 de ellos son la verdad. Por otro lado, el término “buscar” es peligroso y engañoso en espiritualidad. “Buscar” y de rebote “encontrar”, porque no se trata de que vayas a encontrar algo concreto y tangible, ni siquiera la verdad formulada a través de una frase. Lo que en verdad se comprende, a niveles más profundos de la mente, es que si hay algo que “encontrar” o “conseguir” o “alcanzar” es justamente un nivel más profundo de la mente, donde hay más quietud, paz, claridad y silencio. Esto es lo único a conseguir; asentar y consolidar ese estado más profundo; al haber más paz y silencio se produce una relajación, el mecanismo del supuesto sujeto mental que está ahí raca-raca-raca, dando la paliza a través de pensamientos y más pensamientos afloja o se desactiva en mayor o menor medida. A veces de forma abrupta y notable; entonces se constata que todo es un estado de experiencia impersonal, donde no hay partes y donde todo acontece por sí mismo; la noción de sujeto se diluye o adelgaza, pudiendo potencialmente desaparecer, y todo es un proceso de observación, conciencia, atención, experiencia o realidad digamos que autoexistente o automático.

Y así seguiremos, hasta dejar al ego sin cuerda. Hasta desenmascarar al “yo” y hacer que la mente (La Mente) entienda que no hay “yo” y que nunca pintó, y sobre todo, hizo ni decidió nada de nada. Ay, pobre. Y hasta aquí puedo leer. Otro día otra tarjetita del concurso con más acertijos.

Por cierto y como último apunte: retomo aquello de que reflexiones como…

El que (lo que) estás buscando es aquel que busca. No hay partes. Deja de buscar.

… pueden sonar como algo absolutamente ridículo, absurdo, irrisorio; una auténtica perogrullada, obviedad, estupidez que cae por su propio peso o pérdida de tiempo total. Entonces… ¿por qué hay gente empeñada en lo de la búsqueda o el sendero espiritual? ¿Son los más tontos entre los tontos, los más estúpidos de los estúpidos, los más pirados y frikis del mundo mundial? Entonces soy estúpido, y me queda mucho trabajo estúpido que realizar. Y mucha comida de coco absurda. No variará mi rumbo ni un milímetro.

La espiritualidad, por lo menos para mí, no es algo absurdo. Habría que hacer el esfuerzo de explicar bien explicado por qué se siente interés, anhelo o inclinación hacia que esto se manifieste e implante en la vida de las personas que así lo desean o necesitan. Pero, por otro lado, hay que respetar a las personas que piensen o sientan que todo esto es absurdo, que no hay nada que encontrar, alcanzar o descubrir. Que no hay NADA digamos que trascendental o espiritual. Puedo escuchar, entender e incluso rebatir estos argumentos. Pero esa tampoco es mi principal batalla…

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4 comentarios en “Dejar de buscar

  1. Ya te he leído con más calma. Nada que buscar, nada que lograr, ningún sitio al que llegar. Perfecto.
    Porque mira que nos empeñamos en todo lo contrario.
    Los mantras a mí no me gustan, me ponen nerviosa, no digo que no sean útiles.
    Me vuelvo a mi silla verde (pero sin terraza)
    Namastebesos

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    1. Hola. Yo les llamo “mantras” por llamarles de alguna manera. En realidad son frases más o menos cortas, o pensamientos, reflexiones, que me sirven para afinar la mente, como explico, o para aquietarla, pues son reflexiones con mucha carga pragmática o de significado. O sea, invitan a un cambio o una acción en la manera de sentirse y estar interiormente. Nada más que herramientas y al final desechables, cumplida su función.
      Pues hace unos minutos volvía a estar en la silla afuera, ahora volveré a sentarme con otro café con leche. He entrado unos minutos, porque estoy leyendo algo interesantísimo (tiene 5 partes): “¿Quién piensa tus pensamientos?”. Ayer cayó una tormenta brutal y espectacular, y hoy el cielo está absolutamente azul y limpio, el día es precioso. Por momentos ni un coche, ni un transeúnte, ni un solo ruido… es una gozada y uno de los grandes aciertos de haberme cambiado a este piso.
      Volviendo a esos mantras, deberíamos razonar que si “uno es lo que come” entonces también “uno es lo que piensa”. Si uno aspira a una mayor integración o profundidad de su ser o mente, y por tanto a esa dimensión transpersonal que trasciende al ego convencional, entonces es lógico que la repetición de frases así deje un sabor y cause un impacto. Y produce ambas cosas, te lo aseguro. Todo es coherente.
      Namastebesos azules y claros, como un cielo nepalí.

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