David Loy y el no-yo

David Loy —filósofo, pensador, escritor, conferenciante, meditador, buscador de la verdad— vuelca reflexiones tan profundas, certeras e interesantes como las siguientes:

«(…) Tenemos que pensar en reformar nuestro sistema educativo. La educación no es sólo una cuestión de información o incluso habilidades para oficios. Necesita incluir una dimensión interna para que seamos mucho más conscientes de cómo funciona nuestra mente. ¿Qué formas de pensar nos crean problemas a nosotros y a los demás? ¿Cómo podemos comprender nuestras mentes de maneras que nos liberen de esos problemas?».

«Más que una lucha entre el bien y el mal, que es fundamental en la religión judeocristiana, el budismo piensa en términos de las tres motivaciones malsanas: cuando lo que hago está motivado por la codicia, la malicia o el engaño, esto crea problemas, hay dukkha».

(Dukkha es el término que en budismo designa el sufrimiento, y por extensión y en un sentido más amplio, insatisfacción, infelicidad, angustia vital, incompletitud, estrés, frustración).

Pregunta: Exploras el encuentro del dharma con el mundo moderno. ¿Qué es lo mejor que podría pasar en este encuentro?

«Que nuestra civilización despertara, que la modernidad despertara y se diera cuenta de que estamos embarcados en un viaje autodestructivo. La pregunta es: ¿qué implicaría este despertar? Está teniendo lugar una transformación de la conciencia, en cierta manera nos estamos ocupando del consumismo».

Pregunta: ¿Por qué dices que el budismo y la modernidad se necesitan el uno al otro?

«Lo maravilloso del occidente moderno es su énfasis en reformar nuestras instituciones para hacerlas socialmente más justas. Hemos tenido democracia y derechos humanos, hasta cierto punto, luchas contra la esclavitud, movimientos de los derechos civiles, feminismo, derechos de los homosexuales, etc. (…) La tradición budista (…) no se ha dedicado a mirar a las causas sociales e institucionales de dukkha. Éste es un problema fundamental. (…) Occidente ha hecho un buen trabajo en crear sociedades más justas, en cierto modo. Por supuesto nos queda mucho, pero también hemos avanzado mucho. Por su parte, el budismo ha hecho un trabajo maravilloso en desarrollar todas estas prácticas y técnicas contemplativas que nos pueden ayudar a ser más conscientes de cómo nuestras formas de pensar crean dukkha para nosotros mismos. Necesitamos ambas cosas».

Todas estas cuestiones no aparecen en el vídeo que viene a continuación, sino que son tratadas en la entrevista recogida en este blog. Una persona que razona y se expresa en semejantes términos merece ser escuchada con mucha atención y respeto; de ahí que no haya podido resistirme a incluir estas citas.

Las reflexiones —entre otras— que sí aparecen en el siguiente vídeo son las siguientes:

«Lo que el budismo dice es que el sufrimiento más profundo y problemático, el que nos resulta más difícil tratar, tiene que ver con el engaño de un yo separado. Es decir, la sensación de que yo estoy aquí dentro y el resto del mundo está ahí fuera. Para el budismo, esta sensación de yo separado es en sí misma dukkha».

De nuevo son observaciones que merecen ser escuchadas y que invitan a la más profunda reflexión. Por esta razón y para quien le interese aquí está el vídeo entero (que está incluido en otra entrada del ya mencionado blog ). Deben activarse los subtítulos en castellano…

Saludos al mundo desde mi cueva —casi— de anacoreta. Me asomo al mundo y al bosque y los ciervos me sonríen, las ardillas dan botes de alegría y los búhos me susurran al oído: «Anda, uno que vigila con atención, como nosostros». Es broooooooma.

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2 comentarios en “David Loy y el no-yo

  1. Tiene razón, deberían enseñarnos desde pequeños a entendernos a nosotros mismos y a no dejarnos dominar por nuestras mentes pero seguramente la mayoría de los que enseñan no saben.
    Pero sí, nos ahorraríamos muchos sufrimientos.
    Saludos de mi parte a búhos, ciervos y ardillas y namastebesos para ti.

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    1. Desde luego, muchísima razón. Deberían enseñarnos desde pequeños a entender nuestra mente, de una forma más contemplativa, meditativa, impersonal, pero también objetiva, científica y honesta, siendo sincero con uno mismo y huyendo de figuraciones. O sea, traduciéndolo a “mi idioma”, de imágenes mentales y falacias. Evitaría mucho sufrimiento, propio y ajeno. Y en eso el budismo puede aportar mucho. David se ha especializado en el encaje y papel del budismo en el mundo moderno, y me parece muy acertado. Hay una frase también clave: “La tradición budista no se ha dedicado a mirar a las causas sociales e institucionales de dukkha”. En esto profundiza en dicha entrevista. Esos “tres venenos” (la codicia, la malicia y el engaño) impregnan a la sociedad y el mundo porque están dentro del individuo. Y el mundo necesita luz, sabiduría y acción correcta, acción nacida de todo eso y de la verdadera bondad. O…
      Namastebesos. Ay, las ardillas. Me han dicho que ellas ya saltan de por sí, no es por “mi causa”.

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