La “victoria”

«Se puede vencer mil veces a mil hombres en batalla, pero el mayor vencedor es quien se vence a sí mismo una vez».

Cómo me gusta esta frase. Considero que lo que se está comunicando aquí es total y absolutamente cierto.

Esta frase está sacada del Dhammapada, que está a su vez incluido en lo que se conoce como Canon Pali. Vamos a explicar muy brevemente qué es esto… El Canon Pali es la colección de los antiguos textos budistas escritos en el idioma pali, que constituyen el cuerpo doctrinal y fundacional del Budismo Theravada. Se conoce también como Tripitaka o Tipitaka, o “Tres Cestos”, porque los manuscritos que contenía, inscritos sobre hojas secas de palmera, se guardaban en tres cestos diferentes.

En otras palabras, se trata de las escrituras budistas, de los sermones, discursos y enseñanzas que se atribuyen directamente al Buda Gautama y a sus más cercanos y aventajados discípulos y seguidores. Estos discursos, enseñanzas o palabras se conocen normalmente como sutras o suttas. Cada subdivisión del budismo tiene su propio Tripitaka, y es curioso porque no se le da exactamente la misma relevancia ni papel (ni los contenidos son exactamente los mismos).

Básicamente, el Tripitaka o Canon Pali se divide en tres partes o cestos: El Vinaya Piṭaka (“Cesto de Disciplina Monástica”), el Sūtra Piṭaka (“Cesto de Discursos”) y el Abhidharma Piṭaka (“Cesto de Enseñanzas Adicionales”).

Parémonos un momento en el Vinaya Piṭaka. ¿Qué nos dice la Wikipedia al respecto?

«El Cesto de Disciplina (Monástica) es la primera división del Tipitaka o Canon Pali, la cual constituye el soporte de la vida monástica del Sangha*. Incluye las reglas que regulan la vida de los monjes (bhikkhus) y las monjas (bhikkhunis) pero también contiene los procedimientos de la convivencia y las convenciones de la etiqueta orientadas al logro de la armonía tanto en la relación entre los miembros de la vida monástica, como entre ellos y sus seguidores laicos. Sin embargo, el Vinaya-pitaka no es solamente un simple listado de reglas sino que incluye también las historias que originaron a cada una de dichas reglas, proveyendo detalles sobre cómo el Buda solucionaba los problemas que iban apareciendo dentro del Sangha y mantenía la armonía dentro de la Comunidad que se volvía cada vez más grande y diversificada. Está compuesto por 6 volúmenes».

*Sangha: comunidad budista.

En cuanto al Sūtra Piṭaka

«El Cesto de Discursos es la colección de los discursos o sermones, cuya autoría se atribuye generalmente al mismo Buda y, a veces, a sus más inmediatos discípulos. Esta Cesta contiene el corazón de las enseñanzas budistas. Siendo la parte más extensa, los discursos o Suttas están divididos en 5 volúmenes o Nikayas… ».

Pues bien, dentro del Sūtra Piṭaka y concretamente en el Khuddaka Nikāya (el quinto de ellos, o “Textos Pequeños”) tenemos a su vez 15 subdivisiones, siendo la segunda de ellas el Dhammapada (“Versos sobre el Dhamma”, una colección popular de 423 versos concisos de carácter ético en su mayor parte). Se ha traducido numerosas veces a lenguas occidentales. Como se puede apreciar, la doctrina es extensa y contiene infinidad de subdivisiones.

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En cuanto a cuándo se escribió el Canon Pali, no puede establecerse una fecha precisa. Las enseñanzas y discursos del Buda se conservaron durante cientos de años mediante la transmisión únicamente oral. Se empezó a redactar en algún momento entre el año 550 antes de la Era Común y el principio de esta era, siendo muy probablemente puesto por escrito en el siglo primero antes de la Era Común. Esto significa unos 500 años después de la vida de Siddhārtha Gautama. Y se hizo en Sri Lanka, a cargo de unos 1 000 monjes que habían alcanzado el arahantado. ¿Qué es un arahant?: “A aquellos que se encuentran en la cuarta y última etapa se les llama arahant, los dignos. Esto es sinónimo de Buddha, aunque se distingue que un Buddha es un arahant que ha logrado el Despertar total y definitivo por sí mismo mientras que el resto de los arahant son simplemente eso: arahant, discípulos de un Buddha”.

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Una hilera de 500 estatuas de arahants o seguidores del Buda, en Myanmar. ¡Qué bonito!

En la web Buddhismo Theraváda se traza una panorámica general de las distintas ramas o escuelas del budismo, y se sitúa en contexto la aparición del Canon Pali. Leamos:

« (…) Hay varias maneras de clasificar las distintas formas de Buddhismo que hay en el mundo. Una de ellas consiste en dividir el Buddhismo en dos ramas principales que hace mucho tiempo se les llamó hinayána y mahayána. En realidad, mahayána (significa “gran vehículo”) fue el término que un grupo de reformadores escogió para llamar a su escuela reformada de Buddhismo, mientras que llamaron despectivamente hinayána (“pequeño vehículo”) al Buddhismo de los Ancianos o Buddhismo Original o Temprano, del cual el Theraváda es una de sus escuelas. El mahayána se formó entre el siglo I y V de la Era Común y se extendió hacia el norte y el este de Asia. Más adelante el mahayána originó otras formas más recientes de Buddhismo. Otra manera de clasificar el Buddhismo es de acuerdo a los tres idiomas principales que se utilizaron para registrar sus textos y difundirlos por el continente asiático: el idioma páli, el idioma sánscrito y el idioma chino. El Buddhismo antiguo o Buddhismo original es la tradición del Buddhismo en idioma páli o Buddhismo Theraváda (Doctrina de los Ancianos). Incluye todas las tradiciones regionales del sur de Asia, típicas de países como Sri Lanka, Birmania (Myanmar), Tailandia, Cambodia y Laos. La tradición en idioma sánscrito es el Buddhismo del norte y este de Asia, predominantes en China, Tibet, Nepal, Bhutan, Corea, Japón, Taiwán y Vietnam. Estas formas de Buddhismo, junto con la gran parte del Buddhismo chino, son las que históricamente se denominaron mahayána o Gran Vehículo. Otra clasificación considera una tercera escuela llamada vajrayána (vehículo de diamante), que está representada por el Buddhismo esotérico nepalés, el Buddhismo esotérico chino, el Buddhismo tibetano y otras formas de Buddhismo esotérico del noreste asiático.

El Theraváda se basa en el Canon Páli, que son las escrituras más antiguas que existen con respecto a las palabras del Buddha. Estas escrituras datan, en forma oral, del siglo III y IV antes de la Era Común y son el origen de muchas de las traducciones que más tarde aparecieron fuera de la India cuando el Buddhismo comenzó a expandirse por Asia. El idioma páli aún se sigue utilizando como “lengua sacra” en los países donde predomina el Buddhismo Theravada».
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«Se puede vencer mil veces a mil hombres en batalla, pero el mayor vencedor es quien se vence a sí mismo una vez».
Vencerse a uno mismo… ¿qué descubrió el Buddha?¿Cuál es esa batalla definitiva, la única que tiene verdadero sentido? Sería larguísimo de explicar, porque la doctrina budista es muy extensa, pero básicamente es una guía basada en la práctica para liberarse del sufrimiento (o el malestar, la insatisfacción, dukkha, una de las muchas cosas que el Buddha se dedicó a observar, analizar, someter, explicar). Otra sería el samsara, la cadena interminable de incontables renacimientos y muertes. En la mencionada web de Buddhismo Theraváda se habla al respecto de esto:
«Los buddhistas creemos que el ser humano nace en el mundo, muere y vuelve a nacer muchas veces. Así estamos todos en el mundo. Nacemos, morimos, renacemos, volvemos a morir… Es un ciclo automático que parece que no tiene fin. Una condena, casi. Una esclavitud. Cada vez que renacemos, lo hacemos con una nueva forma, un nuevo cuerpo y mente. Durante incontables renacimientos hemos sido hombres, mujeres, amos, sirvientes, esclavos, gobernantes, comerciantes, sacerdotes, mendigos, prostitutas, criminales, de todo».
Pero lo que considero verdaderamente interesante e importante, y que vendría a explicar esta visión de la/s existencia/s es lo siguiente:
«A un ser determinado lo llamamos “corriente de vida”. Cada corriente de vida tuvo incontables existencias en el pasado y seguirá teniendo incontables existencias en el futuro. En la época del Buddha muchos sabios y ascetas buscaban la manera de liberarse de este ciclo de renacimientos sin fin».
Aunque resulte extraño y sorprendente: solo existe la Vida, la Inteligencia, expresándose y encarnándose de millones de maneras. No existen “seres individuales”, solo son formas concretas que adopta la vida, pero serían meras “corrientes” u “olas” dentro del inmenso océano. Y todo esto tiene mucho que ver con el karma, pues el budismo también habla de lo que se conoce como Almacén Kármico o Alaya: “allí” (es parte de nuestra conciencia) se depositan las semillas del karma, que no son sino formadas por nuestros deseos, nuestras intenciones… y esperan a manifestarse dando un curso concreto a nuestro “camino”, a nuestra “forma de ser”, nunca mejor dicho.
El Buddha también descubrió, relacionado con esto, que no existen seres individuales ni tampoco fenómenos. Tanto unos como otros carecen de esencia intrínseca, de sustancia. Tanto lo que conocemos como “seres” como todos los fenómenos no son más que vacíos, vacuos (lo que se conoce en budismo como sunyata). Cualquier ser (pensemos en un humano) es el resultado de incontables causas, efectos, condiciones y circunstancias. Todo influye en todo y todo conforma todo, así que los seres humanos no somos más que procesos dinámicos, pero estamos vacíos de esencia…
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Anatta o Anatman: en realidad no existe lo que comúnmente denominamos un “yo”. No hay nadie, porque no hay “dentro” ni “fuera”, no hay fronteras ni partes…
Pensemos en un río. Como “cosa” en realidad no existe. “Río” en realidad es un vocablo acuñado para nuestra comodidad para dar cuenta de una realidad cambiante que fluye. Lo mismo aplica a océano o nube. Lo mismo aplica a un árbol: sí, es un ser vivo, claro que sí, pero está enraizado en la tierra, se alimenta de sus minerales y nutrientes y a su vez absorbe CO2 y emite oxígeno, así que… Y en realidad un humano en poco se diferencia, si le quitamos las raíces… Todo esto no son más que conceptos que acaban condicionando la mente. Al igual que en realidad no existe nada llamado “ahora”, “pasado”, “futuro”, “día”, “noche”. El día y la noche sufren una gradación. ¿Acaso alguien ha visto la línea recta sobre el planeta, como nos pintan en los gráficos? Tampoco existen el “sujeto” y el “objeto”. La realidad son millones de procesos fluyendo, interrelacionándose e influyéndose. Trascender la conceptualidad, que nos limita, hipnotiza y condiciona totalmente, es uno de los objetivos de la observación atenta (el mindfulness) y de la meditación.
Así que no existe un “yo” ni existen seres individuales… ni tampoco cosas ni fenómenos… todo está en realidad vacío o carente de esencia, todo es compuesto e impermanente. Estas fueron algunas de las cosas descubiertas por Buda a base de meditar y de apaciguar su mente. Podríamos seguir, pero lo citado ya es dinamita para el sentido común. Todo esto es “vencerse a uno mismo”. En realidad es preguntarse y acabar comprendiendo la verdadera naturaleza de “uno mismo”, qué somos y quiénes somos, la naturaleza de la realidad: que todo es un proceso impersonal, un Todo sin partes. No hay mentes individuales, solamente la Mente. No hay hacedor, no hay centro, no hay sujeto alguno, no hay alguien que controle y actúe. ¿”Lato mi corazón”? Ja, ja, ja. ¿Quién lo hace latir? ¿QUIÉN? ¿”Crezco el pelo y las uñas”? ¿O los hago crecer? ¿Pienso mis pensamientos? No. Solamente surgen.
De ahí que solamente pueda sentir veneración (que no adoración ni adulación) por ese ser que despertó y se liberó de la ignorancia, la confusión y el sufrimiento. Admiración, respeto, amor, gratitud… pues un Buda liberándose en realidad está expandiendo la semilla del Despertar en todos los seres sintientes. Un ser extraordinario, que hizo algo fuera de lo común, aunque suene ridículo o irracional explicarlo, aunque sea muy difícil hacerlo. Lo esbozado aquí no pretende ser una tesis o una explicación ordenada y detallada: al contrario, pretenden ser aguijonazos, patadas en las espinillas, pellizcos…
«Una mente que es como una roca, determinada, sin vacilar, inamovible, sin un rastro de lujuria, de pulsión hacia todas las atracciones, sin un rastro de aversión de alejar de uno todo lo repulsivo, ¿de qué puede sufrir una mente de tal manera refinada?».

Udana IV-4.

«Mi mente es firme como una roca, despegada de las cosas sensuales, sin temblar en medio de un mundo donde todo es decadencia y desvanecimiento…. Mi mente de tal manera se ha desarrollado, así que ¿cómo puede el sufrimiento alguna vez tocarme?».

Theragatha 194.

«Luminosa, monjes, es la mente. Y se ensucia por causa de las impurezas entrantes. La persona no instruida, ordinaria, no discierne esto como algo realmente presente, por lo cual yo les digo que –para la persona ordinaria, no instruida— no hay desarrollo de la mente. Luminosa, monjes, es la mente. Y es liberada guardándola de las impurezas entrantes. El discípulo bien instruido de los nobles discierne esto como algo realmente presente, por lo cual yo les digo que –para el discípulo bien instruido de los nobles— sí hay desarrollo de la mente».

Pabhassara Sutta.

Personalmente no considero al budismo una religión. No nos habla de ningún Dios. Lo considero una filosofía, o un método para liberarse y despertar. La mente es luminosa. Vencerse a sí mismo una vez… 

Para ser totalmente justos y precisos, el pasaje entero es como sigue:

«Se puede vencer mil veces a mil hombres en batalla, pero el mayor vencedor es quien se vence a sí mismo una vez.

Mejor es conquistarse a uno mismo que subyugar a otros. A quien vive siempre en control y se domina a sí mismo,

ni los dioses ni los semidioses, ni Mara ni Brahma podrán arrebatarle la victoria».

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6 comentarios en “La “victoria”

  1. Es verdad, esa es la auténtica victoria.
    Aunque tengo una duda o pregunta, ¿ por qué cuando nos duele algo nos duele solo a nosotros, a ese yo que supuestamente no existe y no podemos compartirlo con nadie? Podemos decir “me duele” y te entenderán o no.
    No hay yo, lo entiendo como concepto de que todo está relacionado y forma parte de lo mismo pero, al tiempo, vivimos encerrados en una individualidad.
    Y después de esta duda, te diré que lo has explicado muy bien, claro y ameno.
    Namastebesos!!!

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    1. Muchas gracias, Paloma. Eres muy amable. Esta entrada iba a ser muy corta, esa frase y poco más, pero… Además he estado muchos días atascado sin terminarla. En realidad es ir un poco a salto de mata enumerando algunas de las grandes verdades o enseñanzas que propone el budismo, no todas ni de lejos. Me animé a desarrollarlo un poco.
      Respecto a tu duda o pregunta… es complejo y a la vez muy fácil. En parte porque estamos condicionados por los conceptos y el lenguaje. ¿Existe el yo, los yoes? Claro que existen, lo que ocurre es que si lo desmenuzamos no encontraremos yo alguno, no tiene esencia, es una idea más. Ya dije que la conciencia cristaliza en ideas (pensamiento) y el yo es solo una más. A mí me gusta decir que somos procesos dinámicos, o también que somos unidades funcionales. Cuerpo-mente, claro, y eso incluye al cerebro. Así que sí, estamos encerrados en una individualidad, en esa unidad. Sabemos que el cuerpo es como una carcasa, lo cual no quiere decir disociarse de él (eso es malo). Y lo cual no significa, por contraposición (como cree y sostiene mucha gente, el hinduismo sin ir más lejos) que en verdad seamos un alma. “Soy espíritu puro”… aunque puedo llegar a entenderlo, pues todo es cuestión de interpretaciones. Tao lo definió muy bien una vez en su blog: somos configuraciones contingentes. O sea, puntuales, circunstanciales, cambiantes y efímeras. Si nos comparamos a ordenadores, pues sí, estamos configurados en mentes individuales y un yo. Pero insisto en que no tiene esencia, es una convención del pensamiento y el lenguaje, que tienden a cristalizar en conceptos que son fotos fijas. ¿Existe algo como la Vía Láctea, podemos sacar una foto fija? No. Es algo cambiante. ¿Existe algo como el clima mundial? No, es algo cambiante. ¿Existen los macarrones al pesto que me he comido hace un rato? Sí y no. Ya no son los mismos macarrones. Están troceados, masticados, mezclados con saliva y en mi estómago, donde los ácidos habrán empezado a atacarlos. Los macarrones y “yo” seremos uno con el paso de los minutos. De forma que serán ambos indistinguibles. No sé si serán los mejores ejemplos, pero podríamos comparar al yo con un coche: suma de todas las piezas y funcionalidades. O a un equipo de fútbol, una alineación puntual de once personas. Terminará cuando el árbitro pite el final. Quizá jamás se vuelve a repetir ese once, y lo que es seguro seguro es que jamás volverán a jugar exactamente el mismo partido en las mismas circunstancias (aquello de que jamás te bañarás dos veces en el mismo río). Así que existe como configuración. Pero eso no quita que todo lo que experimentamos, vivimos, percibimos, hacemos y pensamos sea perfectamente real, incluyendo el sufrimiento. Pero todo es contingente, efímero, en ese sentido todo es una ilusión. Claro, “real”, “irreal”, “existir”, “no existir”… de nuevo son etiquetas arbitrarias que pone la mente. Para acabar, una pequeña historia que ilustra tu pregunta…

      «Un gran maestro budista se pasó años enseñando a sus discípulos la naturaleza efímera de la vida. Un principio fundamental de la filosofía budista consiste en el reconocimiento de que toda forma cambia. El apego a cualquier forma y la resistencia al cambio son las causas de nuestro sufrimiento. El mismo principio se expresa en la cita de la Biblia: “No guardes tesoros en la tierra donde la polilla y la herrumbre corrompen”.

      Un día, el hijo de diez años del maestro murió de pronto en un trágico accidente. El maestro estaba desconsolado. Sus discípulos le encontraron llorando y gimiendo obviamente de un dolor emocional insoportable por la pérdida de su querido hijo.

      Los discípulos se quedaron perplejos y desilusionados. Se sintieron obligados a encararse con su maestro por lo que consideraban una contradicción en su ser.

      -Maestro- dijeron-, ¿por qué está llorando? ¿No nos ha enseñado durante años la ilusoria y efímera naturaleza de todas las cosas? ¿No nos ha estado enseñando que la atracción y el apego son las causas del sufrimiento? Ahora no deja de lamentarse por la muerte de su hijo. ¿No está experimentando la inclinación y el apego? ¿No es todo esto una ilusión?

      -Sí –dijo el maestro-, todo es una ilusión. Y la muerte de un hijo es la ilusión más dolorosa de todas».

      Namastebesos.

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