La Mente y la mente

¡Acabo de entenderlo! ¡Hostia! La mente es siempre impersonal. SIEMPRE. Esto puede sonar extraño. No sola y exclusivamente La Mente Única (La Mente del Buda, la budeidad, la vacuidad, lo No Nacido, la inteligencia primigenia y no manifiesta, el Sí Mismo… ) es impersonal, sino también la mente —con minúsculas—, es decir, mi mente. La mente individual, “normal y corriente”, cotidiana, personal. Lo “personal” es solo un castillo de naipes que se derrumba con la observación, la atención y el silencio, con la autenticidad hacia uno mismo despojándose de toda máscara o “personaje”. Es un constructo a base de conceptos e imágenes. “Mi” mente, o la mente —con minúsculas— es en realidad La Mente —con mayúsculas—, eso ya lo tengo claro desde hace mucho tiempo. “Mi” verdadera identidad, nuestra verdadera identidad es el Sí Mismo, la Conciencia Pura, viéndose siempre a sí misma. Por tanto, y esto parece muy lógico y natural, es impersonal, puesto que trasciende lo meramente personal, la primera persona del singular (¿por qué?: porque no hay “persona” alguna por ninguna parte).

Lo he entendido del todo mientras estaba en el lavabo, contemplado el intersticio entre dos baldosas (uno de mis puntos preferidos de concentración y abstracción; otro es un pliegue del toldo verde de la terraza). La mente personal, la que funciona a todas horas con todo tipo de contenidos, la mayor parte del tiempo sin ningún atisbo “espiritual”… es también impersonal. Éste ha sido el matiz. Esto es otra forma de decir que en realidad no hay nadie. Manda narices. Es conciencia, y punto.

Esto ha sido después de “repetirme” unas cuantas veces, de repetirme durante estos últimos días…

Es un Todo.

No hay partes.

La Realidad. 

Aquí y ahora.

El Sí Mismo.

Impersonal.

No pensar.

No dividir.

No buscar.

Ninguna imagen mental.

Ninguna imagen mental.

Ninguna imagen mental.

Ninguna imagen mental.

(Como puede apreciarse, esto es importante; todo lo demás también).

No ver; Solo Ser.

Saltar. Expresar. Irradiar.

Saltar.

Con “saltar” quiero decir dejar atrás la conceptualidad; no pensar; no tener ninguna imagen mental; solamente ser, sin intentar “verse” o “captarse”. Al decir “saltar” la mente es como si entrara en otro estado o función. Ya no “piensa” (por lo menos tan frecuente, intensa y compulsivamente) y deja paso a esa conciencia pura y simple.

“Repetirse” todo esto muchas veces, pero a la vez intentando efectivamente saltar más allá de los conceptos; ponerlo en práctica. No puedes pensar o pretender “ninguna imagen mental” y a la vez tener una imagen de la no-imagen. O dicho de otra forma, no se puede forzar la espontaneidad.

Repetirlo como forma de “entrenamiento”, como manera de afinar; como si intentáramos sintonizar un dial con la emisora correcta. Todo esto es el difícil tránsito desde la conceptualidad a la no-conceptualidad. Andar por la cuerda floja. El filo de la navaja.

Es una manera de macerar los sesos (mis pobres sesos) en el vino blanco de la sabiduría. Tiene que entrar en la sesera todo esto; en mi sesera, hasta ser sabiduría, certeza, luz, conciencia… Ya es todo esto: la mente en verdad es La Mente. Esta es mi aspiración. Mi camino.

 

 

 

5 comentarios en “La Mente y la mente

    1. Pues según cómo, no es fácil de explicar, aunque yo lo tengo claro. La mente personal, aunque sea algo íntimo y que experimentamos, sentimos, etc., es una construcción. Una imagen mental, una identidad creada. Es “el personaje”, como una especie de representación teatral para uno mismo y cara a la sociedad y el mundo. E identificarnos y “vernos” como esa identidad es lo que denomino “el desdoblamiento”. No es algo abstracto, al contrario: estamos todas las horas de vigilia inmersos en el desdoblamiento mental, aunque nuestra identidad abarque muchas más facetas. ¿Existe la mente personal? Como identidad, imagen y configuración existe. Es difícil determinar qué es real y qué no lo es. ¿Existe Hamlet? Como personaje de ficción sí. Existe y no existe. ¿Existen las ilusiones, incluso las confusiones o las alucinaciones? Pues como contenidos mentales es indudable que sí. Si la mente personal vendría a ser la ficción de una novela, la identidad total e impersonal vendría a ser el libro entero, sin entender de tramas ni de qué se está contando. Las mentes personales, desprovistas de rasgos individuales, historias, biografías, personalidades, etc., son simplemente mente, La Mente en general.
      En cuanto a lo del silencio mental, creo que podrías acallar bastante tu mente si en verdad te lo propusieras. Es una liberación, claro, y es paz y espacio. No tenemos por qué estar verbalizando todo lo que pensamos, sentimos, percibimos, vivimos, etc. Piénsalo. Si lo hiciéramos sería agotador. Piensa si tuviéramos que verbalizar todos los pasos que hacemos al prepararnos la comida, o al ordenar la casa, o todo lo que sintiéramos o nos cruzara sutilmente por la mente al ver una película. No lo hacemos. Somos selectivos y solo verbalizamos parcialmente las cosas. Parecería que solo verbalizamos lo verdaderamente relevante. Ah, pues yo diría que no. Se dan casos de personas que han sufrido experiencias muy fuertes y no son capaces de verbalizarlo. Imagina alguien a quien se le ha muerto el padre, o varios miembros de la familia en un accidente de coche. O cualquier experiencia verdaderamente traumática. Y sin embargo son incapaces de decir por ejemplo “he perdido a mis dos hijos pequeños”, justamente por el shock en el que están, por el dolor y la incapacidad de asumir la situación. Y sin embargo lo sienten. Sentir y experimentar no es “hablarse a uno mismo”, “pensar”, esto es obvio. Con todo esto quiero decir que verbalizamos selectivamente, y no necesariamente solo lo importante. “Definir es profanar”. Y aunque escrito en clave de humor, Dios no tendría que pensar de Nélida “pero al menos di qué bonito”, al experimentar algo hermoso en el parque. Ni Nélida tiene por qué verbalizar cualquier sensación. Todo esto, que no es más ni menos que el desdoblamiento y el personaje a través del cual nos vemos y vivimos, parece lo habitual y lo “normal”, pero yo lo veo como absolutamente anómalo. ¿Por qué decirme “el fondo de este blog es amarillo pálido” si ya lo estoy viendo? ¿Cuántos sujetos, cuánta gente hay dentro de mí? Jajaja, es grotesco. Pues entonces tampoco tengo que decirme ni explicarme “siento algo por esta chica” o “estoy hasta las narices del trabajo”. Es prescindible. Eso es la mente conceptual, el pensamiento, y somos mucho más que eso.
      En fin, buen fin de semana.

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      1. Gracias, What, entiendo lo que quieres decir. A veces estamos tristes porque nos decimos, y sin darnos cuenta, cosas malas de nosotros mismos o de nuestra vida. Esa voz que opina…acallar la mente da paz pero, por otro lado, solo con lenguaje se puede pensar.
        Besos

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        1. Sigo un poco más y ya te libero del sermón… Por supuesto el budismo tiene muchas cosas interesantísimas y curiosas. Es una filosofía que tiene miles de años y que ha ahondado, durante cientos y cientos de ellos, en la naturaleza de la mente, del ser, de la realidad. Y no solamente el Buda histórico, sino muchos más sabios. Así que es totalmente admirable, por la precisión en las descripciones que nos da. Tao dice, en su blog (Tao, Oskar, es otra persona que ha profundizado muchísimo, no sabes la inmensa suerte que tengo de habérmelo encontrado) que el budismo es espiritualidad científica, y efectivamente así es. Pues el budismo, a esa voz interior dentro de nuestra cabecita, la voz en off, el pensador, lo denomina Manas.
          Por otro lado, digo en mi comentario “¿Cuántos sujetos, cuánta gente hay dentro de mí?”… pues el budismo considera que hay unas seis u ocho conciencias, una por cada sentido sensorial (5) y más. Y considera al pensamiento otro sentido. Curioso. Buda, en una célebre enseñanza a un discípulo, le dice a este que debe entrenarse en considerar y percibir en lo visto solo lo visto, en lo oído solo lo oído, etc. Es decir, no abstraer o inferir que cuando vemos o tocamos algo detrás hay un sujeto o yo. ¿Dónde está ese sujeto, en verdad? Ja. Y esto es porque Buda considera a “lo visto” una conciencia en sí misma, y a todas las demás. Como dije, somos un conjunto de muchos elementos. Somos la olla en la que se cuecen miles de ingredientes.
          Hablas de las cosas que nos decimos, lo que nos dice Manas. Efectivamente, por eso dije que uno en parte es lo que piensa. Si te dices “soy un fracasado” o “todo el mundo me odia” o “tengo un gran talento y el mundo va a enterarse” obviamente son pensamientos que nos van a moldear, pesar, influir. Por eso también el Buda enseñó en su Sendero Óctuple por ejemplo el recto pensar y el recto hablar. No es que tenga el coco comido, es que intento extraer lo válido de esa filosofía, que es mucho.
          Namastebesos.

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