Buda azul cobalto

Buddha meditando… hoy le he mostrado estas dos imágenes a una persona en concreto. Hace muchos años que me compré esta estatua, en una tienda de esas de mercancías exóticas de carácter étnico, la mayoría de ellas asiáticas o africanas: máscaras, figuras, estatuas, telas y prendas, tapices, muebles, joyería, adornos, cuadros y un larguísimo etcétera.

La figura está hecha de arcilla y su interior es hueco. Tiene como un armazón, me imagino que de cartón y tela, para darle consistencia a la forma final y exterior. Tiene trabajo y mérito, sobre todo por el detalle del rostro, las manos o el trenzado del cabello. Quizá está desproporcionada: cabeza y tronco muy pequeños en comparación a las piernas/rodillas. O siempre me ha dado esa impresión. Pero da igual, es bonita de todas maneras.

Estaba pintada en un color azul oscuro con cierta tonalidad gris; un color que no puedo decir que me entusiasmara. Pero como he resuelto ubicar la figura en la terraza, finalmente, he decidido pintarla con esmalte sintético. Azul cobalto. Un pequeño sacrilegio de esta civilización industrializada. Como irá a la intemperie, soportando lluvias, sol y calor, creo que así aguantará más las inclemencias y envites del clima. Así se convierte en todo un símbolo de lo que de hecho ya es: un ser humano meditando contra viento y marea, buscando el Despertar, la Verdad. Nunca mejor dicho, indiferente a si hace frío o calor, llueve o hace sol. La mente imperturbable y determinada: primero para preguntar, buscar, indagar, observar y profundizar. Después para ser, irradiar, expresar, afirmar. Ser. Yendo “más allá” del pensamiento y la conceptualidad, no porque se vaya efectivamente más allá, sino porque estos se detienen y ya no operan. O incluso sí que operan, porque esta cuestión trasciende todas las posibles contradicciones (creadas por el pensamiento dual, claro). Pero se ha producido un cambio radical, aunque surjan pensamientos: se ha disuelto toda noción de un pensador u observador, un centro o sujeto. La Realidad es sencillamente impersonal, el pensamiento es impersonal (no hay nadie pensando), la Mente es impersonal. Ya no hay afán, interés ni movimiento alguno por “captarse a uno mismo”, por tener una imagen de “uno mismo”, pues eso es afianzar o crear una identidad ilusoria, un falso sujeto. Es una mente sin divisiones, que es pura observación, atención, integración en la realidad, unidad. Decir “unión” lleva implícita y escondida la noción de que “alguien” debe unirse a “algo”. Una vez más las trampas del lenguaje.

El Ser en verdad es pura irradiación, más allá del pensamiento y de intentar “congelarlo” a base de ideas o imágenes, más allá de todo intento de definirlo. El “Ser antes que ver” (que verse supuestamente a uno mismo… ¡error!) es saltar. Ese salto al vacío que poquísimas personas tienen el valor de efectuar.

Buda terraza (2)

Buda terraza (1)

 

 

2 comentarios en “Buda azul cobalto

    1. Gracias. Sí, sí que me acompaña. Y salto, salto, cada vez salto con más rotundidad y de hecho ya he saltado, pues “ya estamos” en la realidad sin partes, obvio. Es a la vez gradual e instantáneo. Cada vez vivo más instalado en el ahora y sin hacer mucho caso del personaje/parloteo.
      Pues el Buda ya me ha proporcionado dos anécdotas graciosas. La primera, que en verdad no era de un color verdoso, sino de un azul oscuro con tonalidad gris. Increíble que me haya confundido así (me he confundido con un vaso etrusco que sí es verdoso). Lo cual demuestra lo poco fiable que es la memoria. Mi mente formuló “color verdoso” y lo tomé sin cuestionarlo.
      Y la segunda, esta mañana he pintado la palabra “Buddha” en el suelo de la terraza, con la pintura naranja. Bien, salgo al cabo de unos minutos y… ¡¡me he sorprendido al ver la palabra!! Jajajaja, es magnífico sorprenderse a uno mismo con cosas que hace uno mismo. Es que ya ni me acordaba del detalle.
      Estas dos anécdotas solo pueden demostrar una de estas tres cosas…
      -Que soy bastante despistado. A veces. O últimamente.
      -Que “yo estoy fatal de la olla”.
      -Que el “yo” en verdad no existe.
      Besos.

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