La lluvia (雨)

Éste es el ideograma (kanji) de lluvia en japonés…flat750x075f-pad750x1000f8f8f8.u2

Uno de los ideogramas básicos, más sencillos. Pero a la vez sumamente gráfico. Y vaya, me acabo de llevar una auténtica sorpresa: siempre pensé que representaba un gran ventanal y la lluvia vista a través de él, pero acabo de ver en una ilustración la leyenda “una nube de la cual se precipitan gotas”. Pues también es perfectamente posible. Ambas interpretaciones. Me quedo con la ventana; no voy a cambiar ahora. Se lee ame (あめ).

Es curioso, porque la lluvia representa una magnífica analogía, ejemplo o símil que ilustra a la perfección la impersonalidad de la realidad. Por regla general, a nadie se le ocurre pensar en un agente concreto que provoque la lluvia. Aunque aquí tendremos que matizar mucho. Vengo a referirme a que no parece que haya una inteligencia o sujeto que provoque la lluvia, que “lo decida” o la ocasione. Eso quiero decir con “agente”. No existe un “llovedor” ahí detrás, escondido y misterioso. Puedo preguntar entonces… si existe el pensamiento, ¿por qué ha de existir un pensador detrás? Ah, esto es bastante más complejo, claro. Tenemos la noción del “yo”, del sujeto, del hacedor. Igual que digo “noción” puedo decir “idea”, “imagen”, “ilusión” o “fantasma”. Ja, ja, ja, “fantasma” me gusta mucho, y es gracioso.

sc164649

Volviendo a lo de “un agente concreto que provoque la lluvia”, si por “agente” entendemos causa entonces podemos apuntar de forma bastante precisa a la bajada de temperaturas. A un cambio de temperatura, o en realidad a una serie de procesos que suelen concretarse en un enfriamiento, condensación del vapor de agua y formación de gotas de agua, que se precipita entonces. Parezco un meteorólogo, o un profesor de ciencias naturales. Esas son las causas físicas y naturales, bastante concretas y totalmente contrastadas. Claro que podemos ampliar el horizonte y decir de manera más amplia “las leyes de la naturaleza”, como causa, o “las leyes de la física”. Cierto. Si por agente apuntamos a algún tipo de inteligencia, la cosa parece complicarse. Podemos echar mano de Dios, cómo no. El comodín, la explicación-vale-para-casi-todo-pero-en-principio-empíricamente-indemostrable. Dios es la inteligencia que está detrás. Podría ser. Así como infinidad de culturas habrán inventado a lo largo de los siglos toda una serie de divinidades para la lluvia. Hala, ya está arreglado.

«El dios de la lluvia se llamaba Tláloc (o Tlálloc) entre los nahuas, entre los mayas se le conocía como Chaac (o Chaahk), para los zapotecos era Cocijo (o Cociyo), los mixtecos lo llamaban Dzahui (o Savui), los totonacas Tajín (o Aktsini). Desde luego, esta lista no es exhaustiva ya que en Mesoamérica había por lo menos tantos nombres de dioses o espíritus de la lluvia como idiomas o culturas. Tláloc, al que mejor conocemos, tenía al menos 26 advocaciones, cada una relacionada con su naturaleza o con sus funciones».

(En arqueologiamexicana.mx).

«Zeus es el dios del firmamento y sus fenómenos, la lluvia, el trueno y el rayo».

(En monografias.com).

También tenemos en la mitología griega (realmente complejísima) a Urano. Uno de los posibles significados etimológicos de la raíz protoindoeuropea vendría a significar “el hacedor de lluvia” o “el que fertiliza”. Vaya, aparece el término “hacedor”.

Claro que si adoptamos el punto de vista de la filosofía panteísta, podemos considerar que la propia naturaleza, con su sabiduría, armonía, leyes y tremendo poder es la propia divinidad. Esto, personalmente, ya me gusta más. Regateamos así la molesta y abstracta cuestión de “un ente superior”. No sería (demasiado) necesario pensar en términos de un ente o ser superior, divino. El jefe, el que corta el bacalao. Y en este caso, el que provoca entre multitud de fenómenos la lluvia. O mejor aún, olvidemos toda cuestión referente a entes y divinidades y preguntémonos si la propia naturaleza —o sencillamente, el universo o todos los posibles universos, la totalidad de la existencia— es en sí misma o podría ser esa inteligencia que andamos buscando. La “Inteligencia”. O formulado de otra manera, si la naturaleza y el cosmos en sí no poseen ya una inteligencia inherente. En muchos aspectos podría parecer que sí. Por las aparentes sabiduría, armonía… por la existencia de unas leyes que parecen cumplirse casi siempre… Esto también sería discutible, pero excepto en determinados casos y anomalías las leyes parecen bastante predecibles. A la ley de la gravedad no le da por hacer cosas raras de repente, ni el electrón cambia de masa o de carga eléctrica así por las buenas. Por lo menos en los modelos newtoniano y cartesiano. Si entramos en la mecánica cuántica la cosa se complica, pero las leyes siguen pareciendo totalmente precisas. De hecho, prácticamente infalibles, aunque cueste entenderlas. Así que la cuestión de las leyes físicas parece llevar implícita cierta noción de orden y de inteligencia inherente. “La naturaleza es sabia”… es una frase que estamos hartos de oír. Es curioso, porque se suele considerar sabios a los seres dotados de inteligencia, a seres vivos, como por ejemplo los humanos (otro punto también discutible). “La naturaleza es sabia”… parece indicar la existencia de una inteligencia intrínseca. Podemos decir que la naturaleza siempre busca mecanismos de compensación, restablecer los equilibrios, el orden en mitad del caos. Y mira que en la naturaleza o el universo hay caos para dar y para vender —lo que suele conocerse como entropía, en términos científicos—.

que-es-la-entropia

Así que, recapitulando, podríamos llegar a pensar —o conceder, o adoptar este punto de vista— que la naturaleza en sí posee cierta inteligencia: la muestra, la despliega, la pone en práctica, la utiliza. Podemos ver esto de una forma muy laxa, haciendo un ejercicio de apertura mental y tomando ese concepto de “inteligencia” con todas las precauciones posibles, de una manera muy sutil. O dicho en otras palabras, huyendo de la idea de un ente superior y de toda interpretación religiosa. Sin duda, no hay que pensar en una inteligencia en términos humanos o antropomórficos. Sería una “inteligencia” mucho más impersonal. Otros escogerán otro vocablo: armonía, sabiduría… Pero no olvidemos el punto fundamental: todo esto no son más que elucubraciones… del pensamiento. “Teorías”. Formas de aproximarse a o interpretar la realidad. Volvamos a la cuestión de partida: no parece, dejando de lado visiones religiosas e incluso las panteístas, que exista un “agente” detrás del hecho de llover. En el sentido de un ente concreto. Aquí puede surgir la pregunta: vale, dejamos de lado las interpretaciones religiosas, pero… ¿y las interpretaciones espirituales? Que se acercan bastante, opinará no poca gente. Esas interpretaciones tienen su trampa, pues puede parecer que aluden a un Dios o una Inteligencia, sin querer explícitamente nombrarlo. Bueno, por lo menos en mi caso personal, no postulo la existencia de ningún ente. Aunque incluso pueda considerar que toda la realidad es Conciencia (como sucedáneo del vocablo “Dios”) no veo a esta Conciencia como un ser o ente. Aunque le llame “Inteligencia”. Creo que esto hay que tomarlo de forma muy sutil, que escapa a los conceptos convencionales a los que estamos acostumbrados. Y por supuesto es algo muy personal.

kiyomizu_temple_in_rain_ame_no_kiyomizu_from_the_series_souvenirs_of_travels_second_series_tabi_miyage_dai_ni_shu

La realidad es impersonal, de manera que cuando llueve no hay “nadie”, ningún agente o ente detrás provocándolo. Simplemente sucede, de forma automática, acorde a unas leyes, derivado de una combinación de causas y hechos, de forma “natural”. Usualmente. Si es el hombre el que provoca la lluvia, mediante tecnologías, ya estaríamos hablando de otra cosa. O mediante hechizos o cantos, o ceremonias. Pero eso ya es volver a lo dicho.

Cae la lluvia, y simplemente es algo que sucede. No solemos complicarnos la vida atribuyéndole extrañas explicaciones, considerando que existe un agente llovedor. De la misma manera podemos hacer un ejercicio mental y ampliar el marco de las cosas que suceden por sí solas. Ampliarlo bastante: la Tierra gira, las galaxias se mueven, el viento sopla, las olas baten las costas, la radiación solar nos calienta, el viento solar nos atraviesa, la materia se descompone, los átomos se combinan… Incluso podríamos formular: los carnívoros se comen a los hervíboros, las vacas dan leche, los virus y bacterias infectan y matan (hacen su trabajo), los perros ladran, las plantas hacen la fotosíntesis… Procesos naturales. Aunque intervengan seres, parecen suceder por sí mismos, porque parecen “naturales”. Son… la naturaleza, ni más ni menos (también lo anterior, el Sol, los átomos).

Y… ¿qué pasa con el ser humano? ¿Es la anomalía, la puta excepción? ¿Y por qué motivos? ¿Porque posee una inteligencia y otras atribuciones, como voluntad, deseos, sentimientos, etc… ? Y más concretamente… ¿qué ocurre con sus procesos mentales, con todo lo que sucede aparentemente “dentro de nuestras cabezas”? Ah, cuidado, que existe un “yo”, un hacedor, agente o sujeto, y eso lo cambia todo. El “yo” actúa, decide, el “yo” es el Dios a nivel humano para cada humano. No sé si me explico. ¿Perdón? No, no puede ser. No me cuadra. No podemos ser la excepción y de alguna manera quedar fuera, o ser distintos de la impersonalidad del universo, de la realidad.

Pensar que “existe un pensador —aparte y diferente, separado— que piensa los pensamientos” es tan extraño y rocambolesco como pensar que existe un agente llovedor tras la lluvia. Suena extraño, pero basta con pensarlo un poquito. El cerebro hace su función, entre otras muchas: pensar. Es la masa gris la que razona, ve, percibe, etc. No un “yo” invisible e indetectable. La Neurociencia no ha podido localizar, ni siquiera con complejos experimentos y sofisticadas máquinas, ningún yo en ninguna parte concreta del cerebro. O mejor dicho, sí rastros pero en muy diversos puntos. Nunca un yo ubicado claramente en una parte del cerebro. ¿Dónde está el yo? Buena pregunta. No me extraña que los Pixies cantaran ya hace años eso de Where is My Mind?

sc205883

El pensador es los pensamientos. El pensador es una idea más de la mente. Existe mente, existe inteligencia: esto parece irrebatible. Debatir sobre la existencia o no de un yo en parte es estéril y absurdo. Y las conclusiones relativas y discutibles. El Buda jamás se pronunció al respecto. Eludió la cuestión, o mejor dicho, jamás negó su existencia, pero tampoco la postuló. El quid de la cuestión es que el yo existe como unidad funcional, unidad cuerpo-mente, como una configuración contingente que se enfrenta a la vida. Configuración, combinación, estructuración.. Pero lo que no existe es un núcleo localizable, estable e inmutable, un ente o ser, y para colmo eterno. Podemos hablar de un “yo” como podemos hablar de “la ciudad de Barcelona” o “el mar Mediterráneo”. Pero… ¿podemos definirlos y acotarlos con precisión? ¿No son en parte construcciones mentales, convenciones aceptadas para trabajar ya con el símbolo y desapegarse de la ciudad real, por ejemplo?

La naturaleza… y su inteligencia inherente. La lluvia… y su inteligencia inherente. Incluso los seres vivos… y su inteligencia inherente. ¿Y el ser humano? Pues lo mismo: el ser humano… y su inteligencia inherente. Pero inteligencia impersonal y en consonancia y absoluta integración con el cosmos, con la totalidad de la realidad.

La inteligencia inherente e “impersonal” del ser humano es la que nos lleva a decir “respiro” cuando en realidad respiramos de forma automática, inconsciente, espontánea… Es el cuerpo el que respira, es el aparato respiratorio. Es la naturaleza, la que opera por sí sola en nosotros. La inteligencia inherente e “impersonal” del ser humano es la que nos lleva a decir “hago la digestión” cuando es el estómago, el aparato digestivo el que la hace, de forma automática. Y nos atribuimos la autoría y el mérito. Pero qué cara más dura. O sea, está más que claro que es la inteligencia impersonal la que está operando. Por esa razón —y menos mal— no cometemos el disparate de decir “crezco el pelo”, “crezco las uñas (o las hago crecer)”, “circulo la sangre (o la hago circular” o “lato el corazón”. Porque tenemos asumido que se efectúa de forma autónoma o automática, impersonal. No interviene el yo. Pero tales procesos forman parte de nuestro ser, como seres vivos. Si el yo en verdad existiera… ¿no sería esto una enorme incongruencia? Entonces… ¿el yo es el supremo hacedor, el centro, el que todo lo controla, decide o realiza, o no?¿en qué quedamos? Esos procesos están fuera de nuestro control, aparentemente. ¿Y qué sucede con los pensamientos? Pues lo mismo. Están fuera del control del yo, y de hecho la prueba es que acuden a la mente, y muchas veces intentamos dejar de pensar en algo y no podemos (por ejemplo algo que nos preocupa, o que nos ha herido o impactado). ¿Por qué cometemos, entonces, el enorme disparate de decir “yo pienso”, si tenemos la prudencia de evitar un “lato el corazón”?

El “yo” como núcleo es una pura falacia. Una ilusión. Humo. De la misma manera que la inteligencia impersonal opera en todos esos procesos (respirar, hacer la digestión… ), también opera en lo referente a los pensamientos. Nuestra verdadera identidad conecta con la totalidad de la naturaleza, con nuestro cuerpo. Es el mismo ser el que coordina los movimientos al andar o al comer; o al teclear en un ordenador, o al hablar. O al pensar. Pero lo que es seguro es que no es el “yo”. Es la inteligencia combinada y funcionando a través de un cerebro, un sistema nervioso y un cuerpo-mente.

umsmz6

No existe “una cabeza dentro de nuestra cabeza”, o una parte nuclear que toma todas las decisiones (el yo), separado del resto. No existe un señor o una señora en miniatura, dentro de nuestras cabezas o mentes, como si fuéramos una especie de Mazinger Z con un conductor minúsculo dentro de la cabina de mando. La mente es una, sin divisiones, y para colmo es impersonal, como el resto de la naturaleza (y espero haber demostrado, más o menos). Ver todo esto ya es un excelente preludio del primer despertar.

Llueve. No hay nadie detrás. Este cuerpo-mente piensa, termina esta entrada. Y no hay nadie detrás, ni dentro. Simplemente se adopta la primera persona del singular por convenciones del lenguaje. Porque somos un yo a efectos funcionales, pero no un yo que tenga una esencia como ente separado. Y no olvidemos que está Manas —según el budismo—, la parte de la mente que crea el parloteo mental. Literalmente, el locutor de radio. El cronista, el narrador. Pero la mente es extraordinariamente compleja… y compuesta. Es complejo y, como he dicho, discutir sobre la existencia o realidad de un yo en parte es estéril y absurdo. Tenemos “conciencia de nosotros mismos”, y nuestra conciencia siempre se girará hacia dentro, hacia sí misma. Es lógico, existe esa noción íntima. Pero no somos ese “yo” psicológico y mental (el ego, el personaje), sino un ser que carece de esencia y que es más holístico, uno con la totalidad del universo y de la realidad. En todo caso, nuestro “yo” en realidad es el “Yo-Soy” o la “yosoidad” como se dice en algunos medios (“Selfness”, “IAmness”) y nuestra mente es La Mente, o la Mente Única. Quien quiera llamarle “Dios” allá él o ella. O Buda, budeidad o Mente del Buda, o muchísimas definiciones más (lo No-Nacido, lo No-Condicionado, Eso… ). Como leí hace años en un librito muy gracioso, poco importa si le llamamos Perro Pluto. Y no hay que olvidar que la verdadera naturaleza de Eso es… el vacío absoluto. Suena extraño, pero es que escapa al funcionamiento normal del pensamiento. Eso está en el fondo de nuestra mente, y solamente hay que escarbar, indagar, para que se haga evidente, se vea y se manifieste…

El día de las elecciones llovió. Era muy temprano por la mañana, ni siquiera se había hecho de día. ¿Y qué pasa cuando llueve? Pues que las cosas se mojan…

Buda terraza (3)

Buda terraza (4)

 

2 comentarios en “La lluvia (雨)

  1. No me lo he leído todo porque es muy largo y estoy vaga.
    Pero te diré que es precioso el ideograma de la lluvia.
    La lluvia son los ángeles haciendo pis, eso nos decían de pequeños, jajaja.
    No hay pensador, eso no lo entiendo pero no me lo expliques, déjalo. A lo mejor algún día se hace la luz en mi no mente.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s