El campesino chino y su hijo

Hace ya bastantes años escuché una parábola o cuento que me gustó mucho. Una historia cargada de sabiduría y enseñanzas. En aquella ocasión creo recordar que se ambientaba en el seno de una tribu de indios norteamericanos. Pero parece que la ambientación original procede de China: un pobre labrador y su hijo.

Sin más preámbulo, ahí va la historia. Versión desarrollada y versión mucho más corta y simplificada…

«Una historia china habla de un anciano labrador, viudo y muy pobre, que vivía en una aldea, también muy necesitada.

Un cálido día de verano, un precioso caballo salvaje, joven y fuerte, descendió de los prados de las montañas a buscar comida y bebida en la aldea. Ese verano, de intenso sol y escaso de lluvias, había quemado los pastos y apenas quedaba gota en los arroyos. De modo que el caballo buscaba desesperado la comida y bebida con las que sobrevivir.

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El filo de la navaja

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El cuchillo que todo lo corta.
La luz (cegadora) que todo lo penetra.
La atención que todo lo abarca.
La sabiduría que todo lo comprende.
La autenticidad que todo pensar deshace.
El amor que todo lo impregna.
El (hecho de) ser que todo lo trasciende.
La afirmación básica y primigenia.
La irradiación que se expresa antes que cualquier cosa.
La irradiación que es lo único verdadero y real.
La integración que diluye cualquier división o dualidad.
La quietud que todo lo traspasa.
El cielo sin nubes.
La claridad diáfana.
El Todo que es la Nada.
El Vacío (No-Ser) que ES.
El No-Yo que es la verdadera identidad.
Lo inaprensible que sin embargo es lo fundamental.
La Mente sin mente.
La observación sin observador.
La Verdad sin palabras.
La Realidad impersonal.
El sonido de una sola mano batiendo palmas.
La espada que todo lo atraviesa.
El filo de la navaja.