Me pierdo

Olga Rubal parece que es —si no lo he entendido mal— profesora de inglés, pero también y no menos, escritora, dibujante y bloguera. Anteayer por la tarde «me perdí» durante un buen rato por su blog, un sugerente e interesante espacio donde se combinan acertados y reflexivos textos —o poemas— con fantásticos dibujos hechos por ella misma.

Quiero rescatar y resaltar un fragmento, de esta entrada en concreto, un escrito que me ha encantado por su notable sensatez y reflexividad. Pero después de citado se entenderá el motivo de haberlo hecho. Porque Olga, sencillamente, «lo clava»…

«… finalmente y en este momento presente, al entrar de nuevo en un aula o al enfrentarme a un alumno en sus necesidades particulares, me recordó lo bien que me sentía en esos instantes. Solo puedo compararlo a cuando dibujo. Me pierdo y me desvanezco. Me olvido de mí misma para ceder ante lo que surge. No me ocurre cuando escribo. Es tan sencillo como eso. Encontrar tu elemento».

Ahí lo tenemos. Perfectamente expresado: la trascendencia del yo; la desaparición del ego; el olvido de uno mismo; la ausencia o desvanecimiento de la idea del yo.

Sí, sí… ese mismo: el ego, esa imagen de “nosotros mismos” construida durante años y décadas, pero que es esencialmente una falacia, una ilusión, un constructo, una idea, puro humo, una careta o máscara —o disfraz—… eso mismo… sencillamente, una imagen.

Cuando nos olvidamos de “nosotros mismos” (de la imagen/identidad egótica, hablando con propiedad) y nos quedamos absortos, inmersos, abstraídos en la belleza, o la intensidad, o la emoción de un buen libro, una pieza musical, una película, un paisaje o, en definitiva, millones de experiencias de cualquier índole —“experiencia”, ése es el concepto clave—, entonces sencillamente desaparecemos, nos fusionamos con aquello que estamos percibiendo, experimentando, viviendo. Our self simply fades away, disappears. Nuestro “falso” ser, claro está. Por eso solemos decir que “nos zambullimos en un buen libro o trama”, “nos hemos sumergido”, “estábamos totalmente concentrados en… “, “nuestra atención era plena”… y entonces hasta perdemos la noción del tiempo, ni más ni menos que como San Virilo.

Claro… es que somos experiencia, las experiencias, toda experiencia, cualquier experiencia. Somos toda o cualquier realidad… percibida, vivida, vista, pensada… cualquier cosa que entra en el ámbito de nuestra mente. Porque somos Mente, la Mente Única, entendiendo este concepto en su sentido más amplio, mucho más allá de lo meramente intelectual. “Mente” es disfrutar de una sinfonía o de una puesta de sol, tanto como entender cabalmente la trama de una novela. “Mente” no implica a la fuerza racionalizar o pensar.

Somos procesos dinámicos y muy complejos, pero al mismo tiempo, para ser todo lo percibido o experimentado, somos a la vez y forzosamente el Vacío, la Nada. Somos entonces experiencia; somos atención; somos inteligencia; somos paz; somos silencio; somos espacio; somos Conciencia, entendiendo este vocablo como muy similar al de Mente; somos luz (“la mente es luminosa”, dijo el Buda); somos todas esas funcionalidades, potencialidades o dimensiones. Sencillamente somos. Somos (el) Ser, o somos (el hecho de) Ser, entendiendo esto como un proceso dinámico u holístico, nunca como una entidad, sustancia, alma, individualidad.

A la luz de todo esto es fácil entender —y perfectamente posible experimentarlo— que es cuando nos fusionamos con cualquier experiencia y olvidamos esa imagen o ego, cuando conectamos con nuestro ser más auténtico, profundo y holístico. La absoluta ausencia (o Vacío) es la verdadera presencia, la Presencia. El olvido perfecto es trascender el funcionamiento conceptual/intelectual, cualquier imagen para acceder a Eso… sencillamente ser, la experiencia, el ahora, la realidad. Por todas estas razones se hace evidente que conciencia, mente y realidad son prácticamente equivalentes y en el fondo tienen una naturaleza impersonal. Claro, se trasciende o se va más allá de lo personal, de lo individual, de esa imagen egótica.

¿Qué somos, entonces? Podemos decir que somos “Lo que Es”, aunque suene a redundancia absurda. Somos esa realidad impersonal, esta realidad, porque es la única que hay. Somos toda y cualquier experiencia, y también cualquier contenido mental.

Podría alargarme más y más sobre las mismas ideas, pero en esencia ya está expresado. Por estas razones nos perdemos y nos desvanecemos, cedemos ante lo que surge. Es entonces cuando el sujeto “se convierte” en objeto. No es que “se convierta”, puesto que no hay dos polos: es entonces cuando la mente lo comprende, constata y experimenta. Es entonces cuando se constata que toda imagen de uno mismo (el ego o personalidad) en esencia es pura ilusión, y que el observador es lo observado. La realidad impersonal. No hay nadie. Solamente “nos” expresamos. Afirmamos, “nos” afirmamos, irradiamos. Pero no busquemos un “quién” o un sujeto. Sí, en verdad suena extraño, muy extraño.

Por esto existe un koan zen que pregunta: «¿Cuál es el sonido de una sola mano batiendo palmas?». No es posible. No existen “dos manos” o dos polos. “Batimos” ahora y en todo momento, nos expresamos. Dicho a grosso modo éste es el espíritu de este koan, hacia donde apunta.

Por eso Olga, cuando se pierde en un dibujo, es el propio dibujo y el acto de dibujar. Y el acto de ser consciente de todo el proceso. En verdad, y lo siento, no hay “Olga” alguna… ni Pepito ni María. Son configuraciones contingentes, son procesos dinámicos, unidades funcionales cuerpo-mente. Esto no lo niega nadie; parece bastante evidente. Lo verdaderamente difícil es llegar a entender y realizar ese vacío, porque entonces nos quedamos sin ningún centro, núcleo o identidad a la que asirnos. ¿”Asirnos”? No, son vicios del lenguaje: no hay un “nosotros”. Es la mente, la Mente, la que ejecuta ese comportamiento habitual, mecánico y compulsivo de asirse, agarrarse a una identidad, a un ego, a una… configuración contingente.

Toca —¿adivinas?— resetear el disco duro. A fondo. A conciencia. A Conciencia. Para alguien que aspirara a ese estado de conciencia o mental, porque entendiera que ese estado de trascendencia absoluta, total y radical es la expresión de su verdadera naturaleza, ése sería evidentemente el ideal a alcanzar. Lo que se denomina «iluminación espiritual». Y eso requeriría por supuesto práctica y entrenamiento, el asentarse en esa «dimensión impersonal, holística, profunda y más allá del pensamiento racional y la imagen egocéntrica». Hablábamos de «configuraciones contingentes»… avanzar hacia ese estado, o armonizarse con él para expresarlo, sería justamente —¿lo adivinas?— reconfigurar la Mente. Existe un proverbio por ahí que dice que si piensas en esto o aquello entonces eres Juan o Ana, una identidad personal, pero que si tu mente sencillamente no piensa —solo se mantiene consciente— entonces eso es la Mente del Buda. Una mente en esencia silenciosa, abierta, atenta, observadora. Claro, en esa mente pueden surgir pensamientos, podría decir alguien. Sí, pero en esa mente ya no se produciría una identificación con los pensamientos ni continuaría existiendo el espejismo de que es un “yo” nuclear el que los genera. Esa Mente se ha liberado de esa ilusión, de esa falsa identificación, de esa ignorancia.

Mientras pensaba en escribir todo esto tuve una idea una idea cruzó por esta mente. Una idea que añade un tinte humorístico pero que vendría a decir algo muy cercano al «me perdí»: cuando decimos «me pierde el chocolate negro», o «me pierden los chipirones con salsa», o «me pierden las canciones de Sting», o «me pierden las apuestas online», estamos dando una clara connotación de «pierdo el control», «pierdo los papeles», «es superior a mí», «me puede», «me gusta tanto que no puedo resistirme»… en fin, estamos dando la idea de que nuestra voluntad sucumbe y nos vemos absorbidos por esa experiencia en concreto. Es otra manera de retratar esa fusión con la experiencia y ese desvanecimiento de la identidad racional, con diversos de sus rasgos más típicos: control, represión, análisis de pros y contras, voluntad, apegos y rechazos, o ceñirse a unas pautas de conducta porque «ésa es mi personalidad» o «es que yo soy así».

¿«Yo»?

Así que gracias, Olga, por ese párrafo y esa ilustrativa frase que me ha dado para disertar un rato sobre todo este tema. Me pierde disertar.

 

 

10 comentarios en “Me pierdo

  1. Jajaja, que te pierde disertar ya lo sabía. No te enfades, eh, está dicho con cariño.
    Muy bien puesto el ejemplo de Olga y sus dibujos, es un estado muy placentero el de olvidarse de uno mismo a través de una actividad artística o contemplativa o de interacción con otros .Lo que ocurre es que no es siempre fácil de conseguir. Si fuera fácil qué felices seríamos sin ser. Por decirlo así.
    Me encantan los dibujos de Olga, también sus reflexiones.
    Besos

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    1. Jajaja, claro, la frase final está puesta ahí con toda la intencionalidad. No estaba en el guion; se me ocurrió hace unas horas (faltaba acabar la entrada).
      Sobre lo del perderse… cierto, no es tan fácil perderse o zambullirse en una experiencia, por ejemplo la lectura de un libro. Creo que ahí entra mucho la espontaneidad o naturalidad, el no buscarlo, y como te dije una vez, “no se puede forzar el ser espontáneo”. O dicho en otras palabras, “nos vigilamos” a nosotros mismos demasiado, somos demasiado autoconscientes, y quizá el “yo” tiene mucho de eso, de un exceso de conciencia, o imagen, o como dice Tao en su blog “es un proceso autorreferente”.
      El no buscarlo equivaldría a soltarse, a dejar que la mente o la personalidad se exprese por sí misma tal como es, y entonces surge esa impersonalidad que tantas veces menciono. Eso es lo que me pasó en la experiencia que un día espero relatar. Increíblemente, si uno profundiza en ese sabor, entiende que no hay observador, el yo convencional se esfuma.
      Olga, todo un descubrimiento, a todos los niveles.
      Namastebesos.

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    2. Atención a esta frase. La leo por ahí. Me ha impactado, me ha hecho mucha gracia. Es muy buena e irónica, brutalmente cierta…
      «El mundo es un mineral en órbita lleno de monos cuyas pasiones tienen la duración de una cerilla».
      Namastebesos.

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  2. Uf, qué bárbaro leerme citada en una entrada de este calibre. ¿Sabes que no había vuelto a leer mi post (la verdad todavía no he vuelto a hacerlo)?… Pues, en realidad, no sé qué decir. Bueno, puedo confirmar que sí soy profe de inglés (por cuenta propia) y que no soy ni Pepito ni María 😁… Perdona, es que me ha gustado mucho esa parte, jajaja. Por lo demás, me gusta mucho el tema que tratas y no sé si mi entrada sonaba a trascendencia y a rebuscada teoría del arte a través del espíritu, pero nada más lejos de ello. “Resetear el disco duro”, uy, eso sí. Totalmente cierto y necesario. Y sienta muy bien. No quiere decir que los fantasmas y las sombras del pasado dejen de venir para asomarse y tratar de fastidiar, pero el cambio reside en reconocerlos y burlarse de ellos. ¿El humor? Quizá de las mejores herramientas para encararlos. ¿Contar hasta diez antes de actuar o decir? También. A partir de ahí, naturalidad en lo posible. Me quedo con una cosa que leí ayer en Krishnamurti, decía algo así como que cuando hay esfuerzo no hay creatividad, porque el esfuerzo es una distracción de «lo que es». Muchas muchas gracias. Namaste.

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    1. Muchas, muchas gracias por tus palabras y tus halagos, tanto aquí como allí. Intentaré aplicar tus consejos y que este comentario no fosilice en mi mente y, por otro lado, no contemplarme en el espejo de Narciso. Je je.
      Pues aunque plegué velas y me fui a dormir, me quedé unos instantes reflexionando. Sobre qué imagen o impresión debo dar para alguien que no me conoce en absoluto, ni sabe cómo veo la vida más o menos y me lee por primera vez. Como es el caso. Me quedé preguntando si no sería o parecería, o parece, que diserto, teorizo, me enrollo e incluso pontifico en demasía. Ya sabes. Que si la vida es así y asá y nuestra verdadera naturaleza (interior o profunda) así o asá… También si no seré o pareceré algo o bastante raro, excéntrico, complejo… analítico incluso me han dicho. Nada de esto me afecta negativamente o me hace sentir inseguro. Más bien lo veo como algo positivo que te ayuda a conocerte mejor. Supongo que sí, que teorizo, que soy excéntrico, que hablo mucho, etcétera.
      Sobre tu escrito… no pensé ni parece que haya ninguna intención de apuntar hacia la trascendencia (a través del arte, dices). Simplemente es que esa frase sobre el “me pierdo” creo que da en la diana de pleno, y me inspiró.
      Estoy de acuerdo en dos cosas que señalas: lo de resetear el disco duro, saludable, importante y necesario, y que el humor también es una excelente herramienta.
      Ah… “No quiere decir que los fantasmas y las sombras del pasado dejen de venir para asomarse y tratar de fastidiar, pero el cambio reside en reconocerlos y burlarse de ellos”. Otra gran frase. Exacto, el cambio reside en reconocerlos. Empleando otro lenguaje, o como se dice en cierto blog (ése, el de la polémica con Julie; es broma), reconocer esos patrones de comportamiento y esos contenidos mentales o respuestas que ya se han convertido en mecánicos, habituales. Son reactivos, reactividad es la palabra; y la mente despierta es la que se pone a deshacer la reactividad a base de estar atenta a ella, a sus propias reacciones.
      Y finalmente, que leas a Krishnamurti me encanta y ya dice mucho.
      Pues namaste y hasta otra, espero que pronto…

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  3. Sí, a Krishnamurti le sigo de vez en cuando desde que leí temas suyos sobre el miedo y desde que decía que mejor no tener gurús, ni maestros, ni líderes a los que seguir, aunque claro que él no lo suele decir así, solo suele hacer preguntas.
    Te agradezco todas tus palabras. Tienes una mirada muy perceptiva en los escritos de los demás; al menos así lo veo en tus comentarios sobre los míos. No son impostura.
    (Lo del blog misterioso no estaba al tanto. Luego lo he visto.)
    Estamos en contacto. Un placer haber charlado este agradable ratito contigo. 😊

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  4. Por cierto, no te conozco, pero me parece que no tienes filtros y que escribes o comentas llevado por la pasión o la vehemencia de las cosas que te llegan y que te gusta compartirlo como tal. Como te he dicho antes, no veo impostura en tu discurso por lo que no me pongo a pensar si escribes mucho o no o eres muy analítico. Dices lo que necesitabas decir. Eso es todo. Gracias de nuevo.

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