El sabio y el anillo

Rescato esta historia de cierto blog. Es una entrada publicada en el 2011 por Jesús Miravalles Gil (tiene diversos sitios de temática espiritual).

Sabiduría zen. Hermoso, acertado, profundo. Allá va…

—Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:
—Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después… —y haciendo una pausa agregó—: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
—E… encantado, maestro —titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
—Bien —asintió el maestro.
Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó: «toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas».
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El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado —más de cien personas— y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
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Entró en la habitación…
—Maestro —dijo— lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
—Qué importante lo que dijiste, joven amigo —contestó sonriente el maestro—. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
—Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
—¡¿58 monedas?! —exclamó el joven.
—Sí —replicó el joyero—. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
—Siéntate —dijo el maestro después de escucharlo—. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
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He investigado un poquito, cosa habitual en mí, para no escribir tonterías o hacer afirmaciones que sean inexactas. Este cuento o historia está bastante «diseminado» y extendido por internet. Sobre todo en webs que tratan temas como la espiritualidad, la conciencia, meditar, el yoga, la psicología, etc. Todo parece indicar que se trata de un cuento dentro de la tradición del budismo zen. Una web que lo recoge con su título más habitual —«El verdadero valor de las cosas»— es por ejemplo shurya.com. También aparece en un blog ya conocido por mí, Martes de cuento.
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Pero hay algo más: en las webs de caminoconciencia.org o del Centro CATYDA se asegura que este cuento fue escrito por el poeta argentino Jorge Bucay. Aunque en palabras del propio Bucay (en este vídeo), «se trata de una vieja historia».

 

 

4 comentarios en “El sabio y el anillo

  1. “sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?” Me da igual de dónde proceda la historia. Existen sin acudir al budismo. El folclore de los cuentos de todo el mundo está plagado de historias así. La cuestión es que es una verdad como una catedral. Cuántos mamporrones nos pegamos por acudir a donde “no”. Abrazo 🙂

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    1. Desde luego, cuentos de toda índole y procedencia están plagados de enseñanzas y moralejas así. Y sí, es una verdad como un templo, por eso existen “maestros” y personas que atesoran sabiduría sobre cuestiones importantes. ¿Cómo se obtiene esa sabiduría? ¿Hacia adónde apuntan esas cuestiones las más de las veces? Ahí dejo estas dos preguntas.
      Ahora te cito yo a ti: «Cuántos mamporrones nos pegamos por acudir a donde “no”». Ostras, y tanto. Igual que existen malas compañías y malas influencias existen malos guías y malos consejeros.
      Big hug.

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  2. La historia habla por sí misma así que no añadiré nada más.
    Lo que me hace gracia en este tipo de cuentos o leyendas es lo mucho que suele marear el maestro al alumno hasta que da con la clave.
    Bueno, es lógico, en todas las búsquedas damos vueltas y vamos de acá para allá.
    Namastebesos

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    1. Sí, es verdad. Supongo que es bastante imprescindible; el discípulo debe vivir todo eso: la desesperación, el sentirse perdido y desorientado, el callejón sin salida… y sufrir. Forma parte del aprendizaje y la búsqueda. Solo así la solución impactará con más fuerza…
      Namastebesos.
      Me gustan estas historias. Algunas son muy chulas. Habrá más.

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