Kobe

¿Espiritualidad? Sí…

¿El Despertar? Sí…

¿La Conciencia, la Mente Única, la búsqueda de la verdad? Sí…

¿El Buda y la budeidad? Sí…

Tenía pensado escribir sobre otra cosa, pero…

… ahí estaba, tirado sobre un asiento del metro: un ejemplar del 20minutos. Mis ojos no podían dar crédito a la foto y el titular de la portada. Esta misma mañana. Así me he enterado. Pero han tenido que dar crédito. Mis ojos, mi mente y mis entrañas. La trágica noticia me ha impactado y entristecido muchísimo. Podríamos ahora abordar un debate o una charla bastante gratuita: «Claro, era famoso, y entonces, o por eso… pero muere muchísima gente anónima también, o simplemente, no famosa». Por supuesto. Pero no estoy escribiendo sobre él porque era famoso, sino porque a lo largo de tantísimos años se ganó mi cariño y mi admiración, como aficionado al baloncesto y a la NBA. Además, de alguna manera, es como si se muriera una parte de tu vida. Algo o alguien se esfuma, se va para siempre; exactamente lo mismo que cuando fallecieron Amy Winehouse, Paul Newman, Robin Williams, Prince, el humorista Eugenio, Johan Cruyff, Eduard Punset o Adolfo Suárez, entre otros.

El rotativo español aseguraba que los fallecidos eran cinco, pero acabo de irme al portal de la CNN y resulta que fueron nueve. Y por si la noticia no fuera suficientemente devastadora, entre esos fallecidos se encuentra Gianna (o Gigi), la hija de Bryant, de 13 años, y también una compañera del equipo de Gianna, Alyssa Altobelli. Es durísimo, muy triste.

Voy a incluir una reflexión. Se trata de un koan zen. Algo sobre lo que sí tenía muy claro que hablaría. Considero que es un momento tan bueno como cualquier otro, porque guarda estrecha relación con los acontecimientos, y con mucho más. Enseguida se verá. Se trata simplemente de una pregunta. Pero es potente, muy potente. Un auténtico puñetazo a nuestras habituales convenciones mentales. Como dice la célebre expresión, un torpedo en toda la línea de flotación. Allá va…

«¿Estabas vivo o muerto antes de nacer?»

¿«Antes»?

¿«Después»?

¿«Nacimiento»?

¿«Muerte»?

¿«Conciencia»?

¿«No-Conciencia»?

¿«Ser»?

¿«No-Ser»?

¿«Identidad»?

La solución a la que apunta dicho koan, según la filosofía zen y budista es la siguiente: antes de nacer estabas en —o eras— la Nada, el Vacío. Así que podríamos concluir que ahora seguimos siendo o estando exactamente en el mismo punto o estado. Claro que muchísima gente podría discrepar de esto, rechazarlo de plano. Muchísimas personas tirarían o tiran de tópicos, de los grandes clásicos de Hollywood, de la Warner y Disney: Mickey Mouse, Bugs Bunny, Pinocho, Dumbo, Bambi… Dios, el alma, la eternidad, el paraíso, la reencarnación… Solo es un poco de humor; no pretendo burlarme de las creencias de nadie, perfectamente respetables.

¿Existe verdaderamente algo que podamos considerar permanente, fijo, eterno, y que migre de una existencia a otra, de un nacimiento a otro? ¿Algún tipo de núcleo, identidad, individualidad, ser? Probablemente esa es LA PREGUNTA, o una de ellas. Y probablemente es casi de imposible respuesta. Aparte de extremadamente delicada, discutible, íntima y personal. Cristianismo e hinduismo afirman que sí, que existe algo que perdura, migra o se reencarna (el alma o atman), mientras que desde mi punto de vista el budismo hace auténticos malabarismos para conjugar cierto eternalismo con los principios fundamentales de la doctrina. Pues el budismo afirma que no existe nada permanente, ningún ser o núcleo. Todo es compuesto, todo carece de esencia o sustancia: a esto se le conoce como sunyata, uno de sus principios básicos, y como dicen ellos, uno de los sellos de la realidad.

Pero al mismo tiempo propugnan que existe “algo”, la Mente Única, el estado al que accedió el último Buda histórico, y que ese estado o realidad lo permea todo, pues es la misma realidad, el Todo. Desde mi humilde y personal punto de vista, si algo somos es el Gran Misterio, una inteligencia fundamental y primigenia que es lo que sostiene todo lo que existe. No busquemos algo “sobrenatural” o a “Dios” en ello. Es nuestra inteligencia en todo momento, en cualquier tarea, y también la inteligencia de los delfines o de los árboles, de la naturaleza misma. Del cosmos. Ese Vacío por tanto hay que tomarlo en sentido positivo, creativo, pues de él emana todo. Y al mismo tiempo esto escapa al intelecto y a la mente ordinaria.

El budismo más que de reencarnación habla de múltiples renacimientos. ¿Y qué renacería, entonces? Complicado. Quizá esas configuraciones que tantas veces menciono; hábitos, tendencias, identidades creadas, que vienen a ser como armazones, andamiajes. Pero no un alma o almas. El budismo habla de un almacén kármico llamado Alaya, donde todo eso perdura, hasta que se depura. Me parece interesante la idea. También me parece interesante y atractiva la idea o el enfoque de que somos «corrientes de vida», y que es eso lo que continúa de nacimiento en nacimiento. Interesante porque una corriente es una «configuración», y porque una corriente en definitiva es agua, parte del océano. El océano mismo. Otro enfoque muy interesante para mí es considerar que somos remolinos. La misma lógica aplica: los remolinos solamente son formaciones, pero son agua, océano. Me parece interesante por dos motivos más. El primero, porque un remolino gira sobre sí mismo. Exactamente igual que el ego. Y el segundo, porque el destino final de un remolino es, en definitiva, disolverse. Exactamente igual que el ego.

Antes he mencionado «nuestras habituales convenciones mentales». Ilustremos esto un poco más. Tao se ocupaba precisamente de ese koan en esta entrada. Voy a citar una parte, pues profundiza en las implicaciones de una pregunta tan mayúscula:

«Un Koan, en terminología zen, es una frase o anécdota aparentemente sin sentido o enigmática sobre la que debe meditarse intensamente (no pensar, ni razonar sobre ella) y con algo de suerte y esfuerzo, los estudiantes consiguen un satori, un momento de iluminación, de despertar sobre la realidad o sobre su propia naturaleza. Súbitamente descubren algo transcendental que no puede expresarse racionalmente ni con palabras.

Un ejemplo de Koan clásico es : “¿Cuál es el sonido que hace una sola mano al aplaudir?”.

Así pues un antikoan, para mí, sería justo lo contrario, una frase aparentemente lógica y razonable pero que nos engaña sobre la realidad y nos mantiene anclados en conceptos erróneos (según el zen, claro). La idea del antikoan me vino a raíz de una frase de la película “El perro mongol”.

(…)

Como dice la frase de la película “Todos morimos pero nadie está muerto”.

(…)

Para verlo aún más claro, usaremos otro Koan (este sí, que en una forma similar se usa en el zen habitualmente).

El Koan es: ¿Estabas vivo o muerto antes de nacer?

Vivo no, está claro, ¿pero muerto? ¿tiene sentido? No, claro. Simplemente no existías y la verdad es que no encontramos ese hecho demasiado preocupante, ¿no?

Pero realmente antes de nacer estabas en el mismo estado en que estarás después de morir. En la nada.

Luego, ¿hay alguien muerto?; ¿no-vivo? No, no se puede estar en un no-estado.

El lenguaje nos permite crear conceptos que pueden parecerse o no a la realidad, o que directamente no existen. Y uno de los hobbies del zen es desmontar la mente argumentativa que nos crea esos conceptos que encasillan y a menudo son engañosos, para eso se usan los Koans (entre otras cosas).

(…)

Desmontado de nuestra mente este concepto deshacemos el miedo a la muerte. Pero esto no puede conseguirse con argumentos y lógica, hace falta algo más profundo, hace falta devolver esa seguridad a las capas más profundas de nuestro ser. Ese algo más profundo, aparentemente se logra durante la experiencia del satori».

Creo que es más que suficiente. Como dice la popular expresión, mucha tralla. Vemos que la lógica sobre la vida y la muerte es casi ridícula y no se sostiene ante un mínimo rigor analítico. Lo cual, a mí, me parece formidable y me insufla enormes ánimos y energía. Sí, porque el campo o la profundidad para trabajar o ahondar en nuestra patética y adormecida mente —perdón— es prácticamente infinito.

Y aquí lo voy a dejar. Sobre este koan y las reflexiones que se derivan tenía pensado publicar. Ahora podría preguntar «¿dónde estás, Kobe?», pero el mismo rigor analítico hace que la pregunta pueda parecer ridícula, o como mínimo mal planteada. Quizá no hay un «donde» y quizá «no esté». Para los que crean en un alma inmortal sí que tendrá sentido hacer esas preguntas. La mayoría de personas, o quizá todos en el fondo —confesémoslo— albergamos ciertas o algunas esperanzas de que «algo» perdure o algo quede. Algo que de alguna manera vuelve. Es muy duro asumir un absoluto vacío en un enfoque totalmente nihilista. Quizá —y lo repito— todo es un Gran Misterio que escapa al pensamiento racional. «Quizá» no. Estoy convencido. De todas maneras «Dios» y «alma» son solamente palabras, conceptos, y por tanto producto del pensamiento racional. Algunos hablan de fe, otros de religiones y otros de espiritualidad. En suma, un laberinto de mil demonios.

Solo dos últimos apuntes. El primero: aquí no hay miedo de abordar estas cuestiones y hacerse estas preguntas. Tenemos que ir más allá del pensamiento racional, y profundizar. También dejarse de rollos patateros: religiones, doctrinas… «que éste ha dicho esto y estos dicen esto otro». En mi humilde opinión, las respuestas están ya dentro de nosotros. Y el segundo: si pasas por aquí, Olga —ojalá— quizá ahora entiendas mucho mejor esto:

«O puede que desde antes de haber tenido conciencia».
Eso me ha encantado. Podríamos discutir y conversar mucho sobre ese “antes”, porque forma parte del gran misterio.  

La espiritualidad tiene muchas caras, y ésta es solo una de ellas: el amor. «¿Dónde estás, Kobe (y Gianna)?» No sé dónde estás/estáis. Prefiero enfocarlo así: las gotas se disuelven en el océano. Pero al mismo tiempo sé dónde estás/estáis: en millones y millones de corazones y mentes. Como una fina llovizna que lo permea todo.

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Kobe y Gianna
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Hay que ser de piedra para que esta imagen no te emocione. La gente que cree en Dios dirá “que Dios os acoja en su seno”. ¿Cómo no voy a entenderlo?

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7 comentarios en “Kobe

  1. No me parece tan grave que no haya nada después de la muerte, que nos disolvamos y ya está. Vendrán otros como siempre ha sucedido.
    Lo que sí me lo parece es pasar por la vida sin vivirla de verdad, sin encontrarle sentido, desperdiciarla, dejar pasar los días sin hacer nada bueno o bello.
    Sin dharma, por ponerte un término budista.

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    1. A mí sí que me parece grave, grave, grave… ¡gravísimo! Jajaja, en serio, si eso es así, si así es la realidad pues hay que aceptarlo y para qué darle más vueltas, empeñarse en otras cosas o frustrarse o amargarse. Lo que pasa es que no lo sabemos a ciencia cierta.
      Es complicado y ahora no quiero enrollarme. Tengo mis convicciones y también algo más que eso. Lo que creo es que se termina lo individual, pero no se terminan las cosas. En otras palabras, que se acaba lo personal pero se pasa a algo que es transpersonal, o que eso es lo que continúa. Creo que literal y técnicamente podríamos decir que esto es más o menos correcto. También creo que somos conciencia y somos mente, todos los humanos, y que eso nos hace iguales a todos, y que eso es lo que siempre está y estará. ¿Sin cuerpo, sin cerebro, sin mente física? Es complicado. No me hagas explicar cómo. Sería como las olas y el mar. Ya sabes, formas, configuraciones, remolinos, etc. También creo que es un misterio que va más allá de lo racional, y que a ese estado se puede acceder en vida (los Budas, los despiertos, los que meditan… ), o acceder a ello cuando la palmas. ¿Queda algo, o alguien? Es la gran pregunta. Soy consciente de que esto es muy discutible y personal. Hasta polémico. No abogo al alma ni a Dios. En fin…
      Tienes razón, lo grave es no hacer nada bueno, o bello, o relevante, etc.
      Propagar y practicar el Dharma… por ejemplo con namastebesos.

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  2. Qué pena me ha dado la muerte de Kobe y de su hija (más aún viendo las fotos que pones al final).
    Es interesante y complejo lo que comentas sobre el antes y el después de la muerte (la gran pregunta de la humanidad). Hasta hace poco me daba mucho miedo morir, pero de un tiempo a esta parte cada vez temo menos la muerte como concepto, y eso que yo también estoy convencida de que después de esto no hay nada.
    Un abrazo

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    1. Desde luego, ha sido una tragedia, algo durísimo y muy triste. Me parece muy bien que vayas superando ese miedo a la muerte. Como dices en buena medida se trata de conceptos, y nuestra forma de pensar racional deja bastante que desear en cuanto a cómo observamos y sobre todo interpretamos y explicamos la realidad. Acabo de leer un texto que no porque diga cosas muy evidentes no deja de ser genial y plenamente acertado.
      Mi forma de ver las cosas va en esa línea. Aunque sé que es muy discutible, como respuesta también vale la respuesta que le he escrito a Paloma. Y este pensamiento, que aunque una vez lo puse en un comentario, no veas la faena que me ha supuesto encontrarlo en internet. Es del maestro zen vietnamita Thich Nhat Hanh…
      «Pregúntale a una nube: ¿cuál es tu fecha de nacimiento? Antes de que nacieras, ¿dónde estabas?».
      Sobre tu reflexión final, pues lo veo como que las cosas terminan… a nivel individual, como he apuntado.
      Muchas gracias por la lectura y la visita, Mayte. Namastebesos.

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  3. Pues gracias por la alusión a mis palabras. No sabría decirte ahora que pienso de esto o de la muerte en general. Del antes y después de la conciencia. Parecerá extraño, pero de un tiempo a esta parte no me planteo nada. Hasta hace unos meses vivía con bastante ansiedad por unas circunstancias y me daba cuenta de que temía a la muerte, y que en realidad era un miedo que me había perseguido desde bien joven sin darme cuenta. Pero desde hace tres meses, más o menos, ya no pienso en nada de esto. Las cosas suceden sin más y lo que hay después no sé. No me lo planteo. No puedo decir más ahora. Estoy aquí ahora y mañana ni idea. Pero literalmente “mañana” ni idea. Así que aprovecho cada hueco a mi manera. Abrazo

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    1. Haces muy bien en no planteártelo, si no sientes la necesidad. Ese carpe diem, ese vivir el momento. Creo que cuando las personas se pueden sentir más o menos felices, o realizadas, o satisfechas con su vida, a gusto con la manera en que viven, lo que hacen y muchas cosas más, entonces quizá lo natural es no tener estas preocupaciones metafísicas. O dependerá de la persona, nada establece una relación exacta entre cómo vives y cómo te sientes y ese anhelo espiritual. Pero en parte es una gran suerte no plantearse estas cosas.
      Leí una vez una descripción acerca de una persona o mente despierta. Venía a decir que sería una mente que ha dejado de pensar (elucubrar, hacerse preguntas) y de buscar, para sencillamente vivir y se entiende que disfrutar de la vida. Por ahí irían los tiros y estoy básicamente de acuerdo.
      Un abrazo.

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