Cinco perlas de Wayne Liquorman

«Wayne Liquorman was both a spiritual seeker and a family man with a successful export business, when he met his first and final guru, Ramesh Balsekar, in September 1987. In April 1989 the process of seeking ended when enlightenment happened through the body-mind mechanism called Wayne.

Wayne describes the event as being “of interest only to seekers.” His first book, No Way: A Guide For the Spiritually ‘Advanced’ was published in 1990 under the pen name Ram Tzu because he “didn’t want a bunch of miserable seekers cluttering up his living room.”

In fact, Wayne did not speak publicly until Ramesh asked him to do so during a visit to India in 1996. When he returned home, word had spread, and he started receiving requests to speak across the country, and then around the world».

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«Para el sabio es aceptación sin un aceptador. Para el buscador hay una aceptación, que es después reclamada por el aceptador, y ese estado viene y va o, como lo llama Ramesh Balsekar, flips and flops. Mientras haya un yo que se involucre, entonces habrá un entrar y salir de la experiencia de la aceptación. La aceptación no quiere decir aprobación. La aceptación subyace bajo la reacción. Entonces, puede haber enfado, frustración, impaciencia y aun así puede haber aceptación. El enfado cuando surge es parte de “lo que es”. La aceptación es total; es absoluta».

«En la experiencia de Unidad, el individuo implicado está viviendo su vida y, de repente, hay un momento en el que el sentimiento de ser una entidad egoica separada desaparece. La vida y el vivir siguen pero sin ninguna sensación del “yo” para personalizar esta vida y su vivencia. La vida y el vivir siguen de forma impersonal —ocurren de forma perfecta— como parte del gran funcionamiento de la Totalidad. Después el “yo” individual, resurge y dice : Eso es. Eso fue la Verdad. Así es como las cosas deberían ser. ¡Quiero que vuelva! Pero “eso” es la ausencia del “yo” que quiere que eso vuelva».

Aquí está retratando bastante fielmente lo que en espiritualidad se conoce como el síndrome del «lo tuve y lo perdí». Esto se refiere a que la mente, que siempre compara, mide, recuerda, rebobina, reproduce… graba esos momentos de plenitud o certeza espiritual y quiere reproducirlos a perpetuidad y a voluntad, compulsivamente. Y no se puede. Es esa comparación mental la que nos lleva a pensar en y sentir esa “caída en la normalidad mundana” o “añoranza de lo sublime”.

«El despertar ocurre cuando la mente se da por vencida».

Me encanta, me encanta, me encanta, me encanta. No porque sea una frase breve y simple es menos demoledora y acertada. Es una gran verdad. Por «mente» debe entenderse aquí «mente conceptual» o «conceptualidad», el aspecto de la mente que piensa, razona, define, bautiza, categoriza, afirma y niega, aprueba o rechaza. La mente es el escenario, el espacio multidimensional donde la inteligencia, o a través del cual la inteligencia opera. Somos ambas cosas, pero primera y fundamentalmente somos Inteligencia. La mente vendría a ser el vehículo, la herramienta.

«Lo que pueden obtener como buscadores es la experiencia de un desapego progresivo, lo cual es algo maravilloso mientras dure. Sin embargo, ¡se acabará! ¡Cambiará! Algo dramático ocurrirá y precipitará un descenso hacia la implicación. Entonces están doblemente fastidiados, porque no sólo tienen que ocuparse del dolor de la implicación del momento, sino que también perdura el sentimiento de haber caído del estado de gracia. Han caído del sublime estado de unidad en el que había entendimiento y todo estaba conectado, y ahora se encuentran de nuevo dentro de la gran oscilación».

De nuevo el síndrome del «lo tuve y lo perdí» y esa caída o vuelta al samsara, sobre todo el samsara mental o interior. Es la oscilación, el constante cambio o impermanencia de los estados mentales, emocionales, anímicos… puesto que somos un receptáculo de innumerables tendencias, pensamientos, sensaciones, sentimientos, deseos, etc., etc., etc.

«La experiencia de la iluminación del sabio es como la experiencia que tienes hoy de caminar con una piedra en el zapato. Sabes cómo se siente uno al andar con una piedra en el zapato. No es divertido. Pero hoy has estado caminando todo el día sin una piedra en el zapato. Tu experiencia de eso, de la ausencia de la piedra, es idéntica a la experiencia del sabio de la ausencia del autor, me refiero a que no está. Uno no experimenta la ausencia de algo. Experimentas algo irse, la transición o la presencia de algo. En el sentido más profundo, no hay nada que experimentar».

Es realmente muy buena esta analogía con la piedra en el zapato. Relacionado con esto, una expresión a veces utilizada en el blog de Tao (y que también he utilizado en un comentario puntual) es que «las ausencias no pueden demostrarse». Se refiere a esa ausencia del ego, a la sensación de que se ha esfumado o diluido; ya no está. Es difícil probar esto, o como dice Wayne, más bien «experimentas algo irse». Se desvaneció o disipó una ilusión. Pero no puedes probar la existencia de una ilusión —más que en el ámbito mental— porque era justamente eso: una ilusión.

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Ramesh Balsekar y Wayne Liquorman, maestro y discípulo

 

 

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