Los venenos de la mente

Lo que va a exponerse o explicarse aquí es verdaderamente importante…

Ignorante de mí, totalmente autodidacta en la búsqueda de “la sabiduría” o “la verdad”, siempre yendo a mi bola (con todos los pros y contras que esto conlleva), siempre me he sentido muy atraído por las enseñanzas y figura del Buda, pero no puede decirse que únicamente “haya bebido” o “beba” del budismo. Para nada. Muchas otras doctrinas y filosofías orientales me han interesado. Y autores, místicos, santos, escritores, maestros, psicólogos… algunos de ellos occidentales (Ken Wilber, Alan Watts, Adyashanti… ) ya que no todo ha de venir de Oriente. El caso es que hace unos meses me enteré (a esto me refiero; esto no le pasaría a un seguidor ortodoxo del budismo) de que en el budismo existe lo que se conoce como “los tres venenos de la mente”. El término original y técnico que se utiliza es kleshas. Tiene varias posibles traducciones, todas igual de válidas: aflicciones, emociones aflictivas, corrupciones, emociones destructivas, emociones perturbadoras, emociones negativas, venenos de la mente…

En El blog de Tao —volveré hacia el final de la entrada con él— también se habla de los kleshas o emociones aflictivas. Básicamente estos tres venenos son: la ignorancia, el apego (codicia, deseo, pasión… ) y la aversión (ira, odio… ). La entrada al respecto de la Wikipedia nos lo explica. Transcribo algunos breves fragmentos:

«… son estados mentales que nublan la mente y se manifiestan en acciones perjudiciales. Kleshas incluyen estados de ánimo como la ansiedad, el miedo, la ira, los celos, el deseo, la depresión, etc. (…)

En las tradiciones Mahayana y Theravada budistas contemporáneas, los tres kleshas de la ignorancia, el apego y la aversión se identifican como la raíz o la fuente de todas las demás kleshas. Estos se conocen como los tres venenos en la tradición Mahayana, o como las tres raíces perjudiciales en la tradición Theravada.

Mientras que los primeros textos budistas del Canon Pali no enumeran específicamente los tres kleshas de raíz, con el tiempo los tres venenos (y los kleshas en general) llegaron a ser vistos como las raíces mismas de la existencia samsárica».

Lo interesante, un poco más adelante, es que existen distintas interpretaciones o “mapas” según la rama del budismo, llegando a hablar de ocho o hasta diez aflicciones (por ejemplo, el Abhidhamma y las diez corrupciones y raíces perjudiciales). Pero no vamos a embrollarlo más. Lo que me llama más la atención es que, según dónde consultes, te encontrarás con tres o con cinco venenos. Esto es así porque en la tradición Mahayana tenemos los cinco principales kleshas, añadiendo a los ya citados estos dos: los celos (envidia) y el orgullo (presunción, arrogancia).

He recabado algo de información y me he encontrado con varios artículos interesantísimos. Y lo primero que me encuentro, en el blog “DHARMA Y MEDITACIÓN TRADICIONAL” es esta absoluta maravilla. Me ha encantado…

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La entrada en concreto de dicho blog nos da una explicación de esta ilustración:

«El Buda enseñó que los venenos mentales son tres: el apego, el odio y la ignorancia. Se le llama los tres venenos porque de ellos crecen los males de la vida y nos corrompen por dentro. En el budismo se encuentran representado por un cerdo (la ignorancia), una serpiente (el odio) y un gallo (el apego), en círculo que parece se devoran. El gallo con su pico abierto parece devora a la serpiente que con su boca abierta parece devora al cerdo que con su boca abierta parece devora al gallo, en una especie de rueda sin fin».

Realmente la explicación de estos tres venenos es muy precisa y detallada. Valga como ejemplo la descripción que se hace del apego:

«El apego se encuentra fundamentado en un sentido extremo de poseer algo; lo reconocemos como una identificación mental y emocional obsesiva hacia algo o alguien, un impulso ávido que niega absolutamente la idea de la impermanencia. Para la persona que desea y trata de perpetuar eternamente sus anhelos, todo aquello que impida este propósito se manifiesta mediante formas de enfrentamiento o evasión. Así, ante los impedimentos, el individuo actúa generalmente de manera impulsiva e irresponsable pues trata de obtener, sea como sea, y usando todos los medios a su alcance, cualquier ansia personal que satisfaga sus supuestas necesidades.

Es un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en cuatro creencias falsas: que es permanente, que te va a hacer feliz, que te va a dar seguridad total y que dará sentido a tu vida. Cuando tienes un vínculo de este tipo no estás preparado para la pérdida y no aceptas el desprendimiento».

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¿Por qué ocurre todo esto en la mente humana y cómo superarlo? Salto hasta las consideraciones generales, al final, que de nuevo son totalmente certeras:

«La mente es muy activa. Cuando elige estar separada, elige percibir. (..)

Necesitamos corregir esta idea de sentirnos y creernos separados. El Budismo enseña que nuestra felicidad radica en la desidentificación con aquello que nos creemos ser. Cuando disolvemos la ilusión de la identidad en el yo, surge naturalmente la experiencia de la sincronicidad. La naturaleza dualística del pensamiento es la raíz de nuestro sufrimiento. Esta experiencia de desidentificación es la esencia de toda sanación.

Por lo tanto, es la mente cegada por la ignorancia la que traza fronteras y límites ilusorios que generan dolor y sufrimiento innecesario. La práctica del Budismo Zen tiene como fin transformar estos tres venenos en sus antídotos correspondientes. De esta forma, a través de la práctica perseverante y del desarrollo adecuado de la atención consciente, va surgiendo la SABIDURÍA (entendida como disolución de la ignorancia), la ECUANIMIDAD (esto es, la serenidad mental y emocional que permite la disolución de los apegos) y la COMPASIÓN (o disolución de la cólera y el odio)».

Sin embargo, en una entrada del blog sabiduria.es se nos habla de cinco venenos, al añadirse el orgullo y los celos…

«Es importante ser claro acerca de lo que queremos significar con la palabra emoción.
Nosotros utilizamos la palabra diariamente para describir algo que puede ser identificado inmediatamente, una definitiva sensación en la mente que es tanto una reacción como una fuerza impulsora. En Budismo sin embargo, la emoción es mucho mas que esto. Es un estado mental que empieza en el instante en que la mente funciona de un modo dualista, mucho antes de que la persona normal sea consciente de ello.
La emoción es el aferramiento habitual que nos hace catalogar automáticamente nuestras experiencias de acuerdo a si nuestro ego las encuentra atractivas (deseo), no atractivas (enfado), o neutrales (ignorancia). Cuanto más aferramiento haya, más fuerte será nuestra reacción… ».

Mucha atención a esto…

«Aquellos que practican el Vajrayana, las enseñanzas tántricas secretas, tienen un compromiso sagrado de no rechazar las emociones del apego, la ira, la ignorancia, el orgullo y la envidia o los celos. La razón para que esto sea así tiene que ver con que si las rechazan, nunca tendrán la posibilidad de descubrir su sabiduría intrínseca. (…) Los objetos mismos del apego, el odio, etc., se convierten en los medios para la liberación de los conflictos emocionales».

Y aunque sea un poco extenso, no puedo evitar citar este otro fragmento, pues refleja de manera muy precisa lo que tantas veces he intentado comunicar en este blog…

«En términos prácticos, esto significa que cuando uno de los cinco venenos aparece en la mente, tenemos que mirar directamente su esencia hasta entender que en verdad no tiene una existencia real. Percepción, emoción y sabiduría. Las emociones aparecen debido a las condiciones creadas por nuestra mente confusa. Nuestra conciencia fundamental, que en el momento presente se encuentra en un estado de total ignorancia, proyecta a partir de sí la idea de un mundo experimentado por medio de los cinco sentidos, los cinco órganos de los sentidos y sus relaciones activas con los objetos externos. Debido a nuestros hábitos previos, la mente proyecta imágenes que considera separadas de ella misma. Entonces, éstas se convierten en formas que actúan como objetos para la vista, sonidos para el oído, y así sucesivamente. 

La presencia de estos objetos aparentemente independientes hace que la mente se perturbe, permitiendo la aparición de las emociones. Por ejemplo, cuando nuestros ojos ven una forma, la cosa no se queda ahí: inmediatamente reaccionamos frente a ella. Cuando la forma nos parece agradable, nos sentimos atraídos. Si la encontramos desagradable o repulsiva, la rechazamos y queremos alejarnos. Lo mismo aplica a toda la información sensorial, es decir, a todo lo que oímos, olemos, probamos o tocamos. Cada vez que los órganos de los sentidos entran en funcionamiento deberíamos mirar directamente la esencia real de lo que está sucediendo. Gradualmente llegaremos a ver que el objeto que estamos percibiendo no es más que la mente trabajando. El objeto es la mente, no se diferencia de ella y, por lo tanto, no hay necesidad de crear ninguna dualidad artificial manteniendo una distinción clara entre sujeto y objeto. 

Si miramos la esencia de esta carencia de dualidad, la verdadera naturaleza del objeto y de la mente que lo percibe, descubriremos la esencia misma de la mente. Esta percepción de la esencia de la mente tiene lugar cuando todos los pensamientos previos se han detenido y el siguiente pensamiento aún no ha aparecido. La mente se encuentra en el presente espontáneo, su propia realidad. Es la mente la que ve su propia esencia y es a esto a lo que le damos el nombre de sabiduría primordial. Su presencia, entonces, aclara las emociones atómicamente. Es como encender una vela en un cuarto oscuro: tan pronto como la luz se hace presente, la oscuridad desaparece por sí sola».

El texto todavía sigue, advirtiendo de los muchos peligros de dejarse arrastrar por los pensamientos, las emociones (justamente) y los apegos y rechazos que se derivan. Lo descrito aquí es solo una de las muchas aproximaciones a la sabiduría, y se advierte de que no es un camino fácil…

«Si tenemos éxito en meditar así, en ese mismo instante veremos la sabiduría inherente a cada emoción y, por ende, nos liberamos de su aspecto negativo. Esto es lo que se conoce como la aparición y la liberación simultánea de las emociones. Cada uno de los cinco venenos se reconoce como una de las cinco sabidurías. (…) La actividad de las emociones es la actividad de la mente. Cada emoción que aparece no es más que la mente misma en acción y, por lo tanto, si rechazamos las emociones estamos rechazando, al mismo tiempo, la mente».

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Sin embargo, las extensas y precisas descripciones dadas en estos dos blogs han venido a posteriori, cuando me he puesto a recabar información. Segurísimo que hay muchos más artículos con muchísimos matices de qué hacer y cómo lidiar con estos venenos. Lo que me ha impulsado a empezar esta entrada es la forma en que se explica en El blog de Tao. Una de las cosas buenas que tiene este blog es que, sin renunciar al rigor, consigue no caer en la farragosidad de los textos clásicos y el exceso de tecnicismo, “traduciendo” todas estas enseñanzas a los parámetros y el lenguaje actuales, a la sensibilidad y el estilo de vida en el que estamos inmersos (sobre todo si pensamos en Occidente, donde a muchas personas les pueden parecer complejas las doctrinas orientales).

En un texto editado en PDF nos habla de los venenos de la mente. Veamos qué dice…

«En algunas ramas del budismo a las emociones negativas se les llama venenos.
La palabra suena muy metafórica pero poco a poco te vas dando cuenta de cuan acertada es.
De hecho, si algo me ha sorprendido del budismo, es que todos esos textos tan técnicos con listados larguísimos de conceptos, venenos, características, etc…. y su influencia en nosotros, y que inicialmente parecen tan áridos, complicados de leer, incluso artificiosos e innecesarios, con la experiencia acaba resultando que son muy, muy precisos.
(…)
La razón por la que una emoción negativa es un veneno es obvia: primero porque las emociones vienen definidas por las substancias (hormonas, neurotransmisores…) que el cuerpo lanza cuando se dan las circunstancias.
Por ejemplo el miedo desencadenará adrenalina para que podamos actuar más deprisa y con más efectividad ante la amenaza.

Así que ahora no hablamos, como cuando tratamos con el pensamiento, con algo etéreo, inatrapable, rápido como un relámpago (¿como electricidad?).

(…)
No, en este caso hablamos de algo totalmente diferente, hablamos de substancias físicas, observables por la ciencia, que se inyectan en nuestro organismo (no siempre solo en el cerebro) y que tienen efectos físicos sobre nuestro organismo, y a menudo negativos, por ejemplo el estrés es depresor del sistema inmunitario.
Es sabido que muchas drogas, en realidad son tales porque nuestro cuerpo las interpreta igual que las substancias propias (endógenas) que generan emociones positivas, así que en cierta manera esas drogas son como si nos inyectáramos emociones (más otros muchos efectos negativos, claro).
Llegados a cierto punto de auto-conocimiento, es viable hacer lo mismo internamente, es decir desencadenar “a voluntad” esas substancias internas y por tanto obtener una emoción positiva.
Dado que el mecanismo y los resultados son casi los mismos, el riesgo de adicción es parecido. Por eso, es sabido, que hay un punto en la senda espiritual en que el riesgo es “engancharse” a ese “sentirse bien” que uno puede generar “a voluntad”. Hablo por supuesto de adicción como apego intenso, más parecido a la adicción al sexo que a adicciones como en el caso de la nicotina. (…)
Por eso se avisa a menudo de que uno no debe apegarse a los estados
placenteros obtenidos del entrenamiento mental. Pues llegará el momento en que estén totalmente a su disposición y ahí hay un gran riesgo de apego intenso.
Nunca se estará completamente liberado hasta que esté también liberado de la necesidad de sentirse bien. Eso es lo que los tibetanos suelen llamar “fundir Samsara y Nirvana”. Así que apegarse a “sentirse bien” o entender que el Nirvana es “siempre sentirse bien físicamente” es una mala estrategia final, aunque puede ser adecuada durante el camino deberá abandonarse, debemos tener siempre esto presente».


Esta especie de equiparación entre emociones negativas y positivas es para demostrar que en ambos casos podemos caer prisioneros de los apegos. Sigue diciendo…


«Bien, las emociones negativas son dirigidas por substancias químicas. Así es tan ridículo decirle a alguien enfadado que “no esté enfadado” o decirle a alguien histérico que se calme, como decirle a un borracho que “no esté borracho”.

Aun estando de acuerdo contigo, no podría hacer tal cosa. Por eso nunca funciona.
Al menos no inmediatamente. Digamos que, si paramos la producción interna del veneno, aun así se requerirá cierto tiempo para volver a una situación neutra. Y ese tiempo no se mide en segundos, se mide en minutos generalmente.
En una situación no neutra, es decir cuando estamos envenenados, los efectos de cada veneno son diferentes. (…)

Por ejemplo, si tenemos miedo y generamos su estrés asociado (seguro que se puede buscar qué neurotransmisores o substancias son, tipo adrenalina), nos será muy difícil concentrarnos, estaremos inquietos, generaremos ansiedad, etc….

Típicamente durante el día nos vamos cargando de venenos.
Los consejos sobre “cómo vivir” de las disciplinas espirituales, normalmente se orientan a intentar evitar que durante el día te vayas cargando de emociones negativas, que te vayas envenenando.
Es por eso que es importante evitar el error de una senda espiritual de “solo meditación” que es algo muy típico hoy día en occidente. Nos guste o no, este es un camino integral, si no cubre todo tu día, no es un camino espiritual completo».

Después vienen una serie de consideraciones sobre los venenos y su relación con la meditación, en el sentido de perjuicios, conveniencia, cuándo y cómo meditar, etc. Salto toda esa parte para terminar con una serie de reflexiones (intento escoger las que apuntan directamente a las claves)…

«Aparentemente la auto-ingesta excesiva de venenos también nos genera resaca. Un caso típico es el estrés excesivo, algo habitual hoy día. En ese caso a veces nos levantamos agotados o con dolor de cabeza. Sin veneno, pero con resaca. Este es un hecho tristemente habitual para mucha gente.

(…)

Bien, dado que librarse del veneno lleva su tiempo y tiene su impacto (incluso resaca), lo ideal es no “ingerirlo”, ¿cómo lo hacemos?
Para responder, primero tendríamos que saber: ¿cómo se desencadenan las emociones negativas?
Hay una pregunta que se plantea habitualmente: ¿los pensamientos aflictivos generan emociones negativas o las emociones negativas generan pensamientos aflictivos?
La respuesta es que ambas cosas ocurren. En un sistema no-dual como es la mente, la dirección de estos procesos es notablemente reversible. Por ejemplo, ya se ha demostrado que sonreír forzadamente realmente genera alegría en la mente. Lo que hemos hecho en este caso es invertir la dirección del proceso habitual, donde normalmente es la alegría la que nos lleva a sonreír. Y eso es así para muchos, si no todos, los procesos mentales.

(…)

El asunto de la reversibilidad, en el caso de los pensamientos y emociones negativas es un peligro notable, porque se genera un ciclo vicioso de realimentación negativa: pienso en negativo y genero emociones negativas que me harán sentir mal y me llevarán a pensar negativamente lo cual generará emociones negativas y así todo el día…

(…)

A partir de ahí hay dos herramientas anti-veneno, una más de moda y otra notable (y tristemente) pasada de moda. ¿Adivinas?
Son: mindfulness o atención o vigilancia, como desees llamarlo, y la acción, habla y pensamientos éticos basados en los paramitas budistas.
El mindfulness está muy de moda, y la ética a menudo parece molestar incluso a los seguidores de una senda espiritual. Una pena.

Dogen decía que el mindfulness era una coraza. Buena definición, es justo eso.
Estamos muy atentos para detectar el surgimiento de pensamientos negativos y dejarlos caer antes de que generen emociones negativas o minimizando su creación. Construimos una coraza frente a ellos. No está nada mal, pero es mentalmente cansado y es muy difícil practicarlo hasta el punto en que sea perfecto. No hay que renunciar a ello, al contrario, hay que hacerlo, pero no es la panacea tampoco».

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Dejo aquí ya el PDF, que ya está bien… En realidad he acabado copiando mucho más de lo que tenía pensado de entrada. La razón es muy clara: porque me siento tan de acuerdo con todo lo explicado aquí (y me parece tan bien expuesto) que me es casi imposible no transcribir la mayor parte. Quizá sintetizar no está entre mis virtudes. La verdad es que me siento un poco “rídiculo” por estar aquí haciendo un mastodóntico copiar y pegar, y esto vale también para los dos anteriores blogs (como vale igual el enorme valor que les doy y la alta afinidad). Pero “no pasa nada”, o “no es tan grave” (para el lector quizá sí). Porque todo este copiar, pegar, escribir y leer me sirve también para reflexionar sobre todo ello y trabajar con las emociones negativas a nivel personal. Porque también es algo con lo que vengo lidiando desde hace muchos meses, para cambiarlo y progresar. Tengo también conflictos y frentes abiertos, emociones aflictivas (como dolor, frustración, tristeza, rabia o cabreo a veces, estrés… y también ansiedad, incertidumbre, preocupaciones puntuales que te asaltan respecto a los nubarrones en los terrenos económico y laboral, en estos tiempos de la covid-19… ).

Y es tan sencillo como que me gustaría no tener frentes abiertos.

Las tres buenas noticias respecto a todo esto son:

  1. Soy consciente de todo ello, lo veo y estoy trabajando en ello.
  2. Todas estas emociones y sentimientos (y el surgimiento y efectos de los venenos) son perfectamente gestionables. No es una losa inamovible.
  3. Gestionándolo estoy y constato que se obtienen resultados positivos: las emociones negativas van debilitándose y diluyéndose, poco a poco.

Todas estas emociones negativas pueden superarse y trascenderse, aunque no creo que los verbos más adecuados para describirlo sean «vencer», «derrotar», «aniquilar», o «doblegar». No se trata de vencerlas como quien abate a un enemigo en un campo de batalla. Es mucho más adecuado el símil de las olas del mar que de forma paciente, constante, lenta y repetida disuelven un montículo de arena o erosionan una roca. Así que cuadran mejor verbos como «disolver», «diluir», «eliminar», «borrar» o «deshacer». Incluso «destruir», pero con esa acepción.

Tampoco se trata de derrotarlas usando una serie de estrategias o artimañas. Por ejemplo, ignorando las emociones negativas. Soterrándolas o diciéndonos que no nos importan o no nos afectan, lo cual es un comportamiento totalmente disociativo (pues sin duda están ahí). Son distintas formas de engañarse a uno mismo, como no tan solo decirte todo esto, sino además creerte que en verdad ya has superado todas las emociones negativas. Difícil de creer. Habitualmente hacen falta años y años. Otra estrategia sería reprimirlas, negarlas o bloquearlas. Tampoco funcionará. Tardará más o tardará menos (o incluso tardará muy poco, lo que tarde en cruzarse en tu camino un desencadenante), pero volverán a “salir”. Y tampoco funcionará el conceptualizar todas estas emociones, el revestirlas de toneladas y toneladas de pensamientos, explicaciones, teorías o cualquier otra manifestación de la mente racional que echa mano de conceptos y lenguaje.

Y habrá otras posibles formas de intentar derrotar a estos venenos, otras estrategias que ahora mismo no cruzarán por mi mente, pero sinceramente creo que solo funcionan (básicamente, esto puede matizarse o ampliarse) estas tres herramientas: la primera, la observación (la atención o mindfulness); la segunda la introspección (investigación, profundización en uno mismo, no importa el nombre… ); y tercera la honestidad, que es muy importante. Ser sincero con uno mismo. Las tres íntimamente ligadas. Podríamos distinguir, por ejemplo, entre observación atenta (cuando surge algo de repente, espontáneamente) e introspección (cuando haces una labor más activa de mirar dentro de ti, ante algo no tan obvio o directo).

Volviendo al texto del PDF, hay que decir que las entradas publicadas últimamente en El blog de Tao, como las de estos 9 y 11 de mayo, son en verdad el mismo texto aunque ampliado y actualizado. Y precisamente en esta entrada del día 11 se aborda una cuestión que enlaza directamente con lo que acabo de exponer, y que es otra herramienta imprescindible para disolver las emociones negativas: hacer el trabajo de preguntarse, cuando surge una emoción, cuál es la verdadera razón o el sentimiento que la provoca; no quedarse meramente en pensar que la ha provocado un neurotransmisor (adrenalina, endorfinas, lo que sea):

«Una vez generada una emoción negativa fuerte, es decir, cuando ha fallado el mindfulness y la ética, la mejor estrategia es descartar todo pensamiento al respecto y dejar solamente la sensación física. Debemos ver las emociones negativas, tal como ya hemos dicho, de la misma manera que un exceso de café. Por supuesto con ánimo de no volver a pasarnos con el café, pero sin darles mayor importancia que esa y por supuesto nada que ver con un “yo” que es malo, fracasado o algo así.

Pero, si queremos ser exhaustivos, nos queda un trabajo más, incluso ya inicialmente.

Y es entender el sentimiento que nos las ha provocado.

Esto nos parece evidente, y lo único evidente es nuestro auto-engaño al respecto. No lo sabemos.

Si crees que sabes por qué surgen todas tus emociones, entonces con seguridad estás equivocado y es un gran problema porque no te investigarás… Realmente de gran cantidad de emociones no tenemos ni idea de por qué surgen y nuestro juicio al respecto suele ser erróneo».

Ahí está: bingo, da totalmente en el clavo. A eso me refería con la honestidad (y que también es obviamente introspección). Cuando sentimos rabia, o frustración, incomodidad, desconfianza, aversión, lo que sea… debemos preguntarnos cuál es el sentimiento que se esconde detrás. Y aquí podríamos poner millones de ejemplos…

—Me creo, o me proclamo, o me muestro como muy inteligente o brillante cuando, en el fondo, lo que hay detrás es un gran complejo de inferioridad, o mucha inseguridad, o una necesidad imperiosa de que los demás me reconozcan, o de reconocerme yo mismo (falta de autoestima), o unas heridas causadas en el pasado (en el seno familiar, en la niñez, cuando surgieron esos complejos)… o una combinación o mezcla de algunas de estas causas o sentimientos.

—Me siento muy cabreado o molesto con una persona, o la odio, cuando esto no es más que una reacción porque nuestra relación se estropeó o se rompió, y lo que en verdad siento es frustración, tristeza y dolor; o siento un inmenso orgullo que es superior a otros sentimientos (positivos); o considero que me ha herido, ofendido o atacado (de nuevo es dolor lo que se transmuta en aversión).

—Siento odio, rechazo o incomodidad ante los homosexuales porque en el fondo lo que estoy experimentando (y no quiero reconocer) es miedo o inseguridad o dudas sobre mi condición sexual, o no me atrevo a reconocer mis propias tendencias o parte homosexual. Esto es algo muy frecuente. Quien tiene un problema de aceptación con los homosexuales debería preguntarse con valentía por qué sucede esto.

—Lo mismo podría decirse cuando adoptamos actitudes de burla, menosprecio, rechazo, intolerancia, ignorar o ningunear a alguien… normalmente todo esto encubre el miedo, la inseguridad, los complejos o dudas que sentimos, la incomodidad que nos produce alguien (pues ejerce de recordatorio de nuestras supuestas flaquezas).

—«No vuelvo a hablarte (y te puedes ir a la mierda)» o «ya no voy a visitar más tu blog (o comentarte)» porque me has atacado, herido, humillado u ofendido, y tengo «mi orgullo» o «mi dignidad» o «una reputación» o «una imagen» que defender. Ese parapeto, coraza o imagen es lo que usualmente pretendemos «salvaguardar» ante los demás, porque si lo perdiéramos «¿qué sería de nosotros?» (qué pensamiento más ridículo). Así que este tipo de reacciones airadas, frecuentes en la vida real y en la virtual, lo que esconden casi siempre es dolor y sufrimiento, porque nos hemos sentido atacados. Nos han «hecho daño». Casi de la misma forma actitudes de venganza, resentimiento, desprecio, indiferencia y por supuesto odio o aversión («es que ya no puedo ni verle») suelen esconder también un corazoncito herido, es decir, dolor.

Y así podríamos poner millones de ejemplos que son el pan de cada día, a poco que observemos atentamente (en uno mismo y en potencia también en los demás, aunque podamos errar total o parcialmente).

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Retomo esta extensa entrada para finalizarla ya, volviendo donde la dejé anoche: en la necesidad de preguntarnos e indagar cuáles son los verdaderos motivos o sentimientos que hacen aflorar las emociones negativas. Por eso hablaba de honestidad (y puse ejemplos donde encaramos la verdad dentro de nosotros) y por eso mencioné la última entrada de Tao, con la que voy a finalizar. Es importantísimo trabajar sobre esos sentimientos de fondo o de origen, porque con respecto a ellos…

«El sentimiento sí tiene una componente mental y por eso puede ser tratado mentalmente. La emoción no tiene ninguna componente mental consciente (…). Pero el sentimiento desencadena emociones, así que es importante trabajar con él».

Y la verdad también es que otro punto de partida que me decidió a escribir sobre esto fue la forma en que termina dicha entrada. Lo que se dice en ella es totalmente acertado y fundamental para conocerse a uno mismo y hacer limpieza. Sí, en el camino espiritual no basta con hacer meditación o con escenarios más o menos bucólicos y tópicos. Hay que arremangarse, llevarse los guantes, el cubo, la lejía, el mocho… y todo el EPI, ya que están tan de moda en estos tiempos.

«La inconsciencia respecto a esos sentimientos, que es la situación de partida, nos condenaría a un eterno retorno a esos patrones reactivos a los que nos hemos acostumbrado pero que son disfuncionales (…). Cambiar nuestros patrones de reacción aflictivos es purificación».

Tales observaciones solo pueden provenir de un intenso trabajo de observación y transformación interior. Está clarísimo que es el único camino hacia la verdadera liberación interior. Diría que “la sabiduría” por sí sola, aunque maravillosa, no basta. Y para acabarlo de rematar, se incluye una frase budista que es lapidaria y demoledora…

«Cada vez que sientas odio o algún sentimiento negativo y creas que es justo y adecuado, porque “se lo merece” o porque “está justificado”, o porque si no “me toman el pelo” o porque “han empezado ellos” estás cometiendo una grave falta contra ti mismo y lo vas a notar incluso a nivel de práctica formal. No pasará desapercibido el retroceso, si te observas ese día.

(…)

Esta frase tradicional budista es excepcionalmente acertada:

«Mantenerse enfadado es como tomar veneno y esperar que muera el otro».

Hay personas que viven un infierno diario simplemente porque aún no han entendido esto: que el principal damnificado por tus emociones negativas eres tú. Y has de cuidarte. Los “justicieros” sufren mucho, avisados quedáis».

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4 comentarios en “Los venenos de la mente

  1. Al final todo se reduce a conocernos para no ser esclavo de nuestras emociones, para que no nos arrastren. Y para eso hay que estar atento, observarse e indagar.
    Lo que tú has dicho, vamos.

    Muy bonitos esos dibujos circulares parecidos a mandalas con los tres animales que representan los venenos.

    Namastebesos

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    1. Sí, exactamente es eso, tal como lo has sintetizado. Aunque sea un inmenso copiar-pegar creo que esto es de lo más importante que he escrito en este blog. No solamente está la faceta de la comprensión o ahondar en la sabiduría. Esto de los venenos es un campo donde hay muchísimo que trabajar, pues hay mucha porquería que limpiar (todo el mundo). Cada uno verá.
      Ese “mandala” es muy acertado e ilustrativo, sobre todo el primero me ha gustado mucho.
      Namastebesos.
      Ah, se me olvidaba: los budistas son unos cracks. Nos llevan miles de años de adelanto en esto del conocimiento interior.

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    2. De todas maneras quiero decirte, con cordialidad, que has ventilado el asunto con un “todo se reduce” (jajaja). Bueno, a nivel de resumen (lenguaje) sí. Pero buff, trabajar con las emociones negativas no es nada fácil. Lo explicado en estos textos tiene mucha miga. Por ejemplo si a uno algo le molesta o irrita es muy difícil contener o rebajar el cabreo y la rabia. Como dice Tao, es como estar borracho en esos momentos, casi casi. Bye bye.

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