¿Atención plena?

Uno de los muchos objetivos de este blog es conseguir escribir entradas donde lo que tenga que exponer o explicar lo haga de forma breve, directa y lo más esclarecedora posible. No sé si algún día lo conseguiré. Quizá, a base de práctica y esforzarse. Podría argumentar a tal respecto que casi siempre me enrollo más de lo previsto porque “me conozco”, pero este “me conozco” me suena tan y tan mal… de hecho es justamente una afirmación o una premisa de la que huir como del diablo… en este blog y supongo que también en la vida. Representa la total antítesis de lo que se pretende comunicar en esta bitácora. No, en verdad no “nos conocemos”.

¿Qué podemos decir al respecto de la plena atención? Voy a soltar una afirmación que según mi humilde criterio es absolutamente demoledora, cierta, innegable y de profundo calado. Vamos, una verdad verdadera (modestia aparte). Una verdad que si se comprende cabalmente vale por mil puntos canjeables por un oso de peluche gigante en la gran tómbola de la iluminación…

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El bebé y el incendio (2)

Como indiqué en la anterior entrada, en la calle Siracusa había hace unos cuantos años una fábrica abandonada. Un enorme solar con sus restos, flanqueado por esa calle por una tapia no excesivamente alta. Adoquines de los antiguos, tipo piedra para entendernos. Nada de ladrillos modernos ni cemento (experto en estas cuestiones no soy).

Esa fábrica fue testigo del antiguo esplendor de la industria textil en la Ciudad Condal. Existe un artículo en la web de El Periódico (aquí está completo) que explica el pasado de esa factoría, cómo empezó y terminó. Extraigo algunos fragmentos relevantes:

«En la plaza del Poble Romaní, en el núcleo histórico de Gràcia, se alza solemne la única chimenea del siglo XIX que aún se mantiene en pie en el distrito, testimonio del protagonismo de la industria en la Vila durante aquellos años. (…) La chimenea perteneció a la antigua fábrica textil Vapor Puigmartí, la segunda que se instaló en el distrito después de Vapor Vilaregut (calle del Perill con Torrent de l’Olla), conocida popularmente como Vapor Vell.

Vapor Puigmartí se inauguró en 1841 en la zona de Travessera de Gràcia, entre las calles de Torrent de l’Olla y Torrent d’en Vidalet y adoptó el sobrenombre de Vapor Nou.

En la primera mitad del siglo XIX se produjeron en la Vila de Gràcia innovaciones en la forma de producción, vestigios de la revolución industrial. Una de las más importantes fue el uso del vapor como fuerza motriz. Con estos avances llegó la necesidad de encontrar grandes espacios para la creación de una importante arquitectura fabril, ya que las murallas de Barcelona hacían difícil la construcción de estos grandes complejos. Además, las tasas eran muy elevadas. Por eso, la Vila de Gràcia, entonces un pueblo cercano a la ciudad, se convirtió en una zona muy atractiva para este tipo de proyectos. Así, en 1837 se instaló en el actual distrito la fábrica Vapor Vilaregut, y dos años más tarde, la fábrica Vapor Puigmartí. Ésta última dio trabajo a unas 500 personas y, en 1852, durante sus años de máximo esplendor, contaba con 120 telares mecánicos y 800 trabajadores. (…)

La fábrica siguió en pie hasta 1876, cuando un incendio la destruyó por completo y más tarde fue desmantelada. El antiguo solar fue ocupado por algunos pisos y parte de él se utilizó para construir el mercado de l’Abaceria Central, en 1892, que en 1913 se convirtió en un mercado municipal.

La antigua chimenea ha sido rehabilitada recientemente dentro del proyecto de urbanización de la plaza del Poble Romaní».

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El cabronazo iluminado

En 1986 se estrenaba la película Platoon de Oliver Stone. Una gran cinta, un film crudísimo, realista y absolutamente impactante. A mí me quedó grabada por su crudeza y por la trama, que se las trae.

En ella el sargento Barnes (Tom Berenger) encarna un enfrentamiento y una pugna a muerte con el sargento Elias (Willem Dafoe): son de carácteres muy distintos y tienen una manera totalmente diferente de entender su “oficio”, o su desempeño en esas tierras vietnamitas. No es fácil intentar sobrevivir en un auténtico infierno.

Barnes es un absoluto cabronazo, alguien a quien no le amedrentan los dilemas morales a la hora de actuar, y que traspasa esa línea entre lo teóricamente correcto y lo incorrecto sin pararse a filosofar sobre ello.

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La soledad y la mente

Hace ya bastantes años me leí un libro extraordinario: Enseñanzas espirituales (“The Spiritual Teachings of Ramana Maharshi”) de Ramana Maharshi…

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Se considera que Ramana Maharshi alcanzó la iluminación, o la sabiduría, o el estado de no-dualidad, o el conocimiento del verdadero ser, o el Sí Mismo… podríamos denominarlo de mil maneras (o se fundió con la divinidad, o con el Yo Eterno que todos en el fondo somos, si empleáramos terminología más religiosa). Claro que habrá quienes no crean ni media palabra de todo esto, o estén perfecta y legítimamente instalados en el ateísmo, la incredulidad, las más gigantescas dudas y escepticismo, el racionalismo, la negativa rotunda, pura y dura… Mi intención en este blog, lo diré mil y una veces, no es intentar convencer a nadie de nada, ni adoctrinar. Ni lavar cerebros. Por otro lado también insistiré seguramente muchas veces en que puede hablarse de todo esto, de la búsqueda de la verdadera naturaleza de la realidad o el ser, y por tanto contestar a la pregunta de quiénes somos y qué somos, sin tener que emplear terminología religiosa. Quizá ni siquiera espiritual.

Hago estas aclaraciones… pero en realidad no quería hablar de todo esto. La intención simple y directa de esta entrada es plasmar aquí una reflexión de Maharshi contenida en ese libro. Fue un pensamiento que me impactó, que me encantó, que consideré y considero que es plenamente acertado y sabio. Lo citaré de memoria, quizá no acierte con las palabras precisas —a saber dónde anda el libro en papel ahora, me mudé de casa hace unos meses—.

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El bebé y el incendio (1)

En repetidas ocasiones me he planteado explicar esta historia en la red, pero nunca encontraba la disposición ni el ánimo necesarios para hacerlo. El feeling. Pero ahora creo que sí, que éste es el lugar y el espacio para hacerlo, y que éste es el momento.

Lo que voy a contar es una experiencia personal. Es verídica, cómo no. Sé perfectamente lo que vi, percibí, sentí y experimenté. Los que puedan leerlo son muy libres de creerme o no. Puede que algunos no me crean o les parezca poco menos que increíble lo que aquí va a relatarse. Infumable, imposible, adornado, exagerado, manipulado, inventado… o que ha de tener una explicación racional, por la fuerza (¿por qué?). En fin… puede suscitar reacciones parecidas a todo esto. No lo sé. Simplemente narro y comparto. No hay ni un gramo de invención, exageración o manipulación…

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El narrador y el vacío

Creo que la atención y las preguntas son importantísimas en ese camino del despertar. Puntualizo: en primer lugar, me refiero a ejercer la plena atención en el momento presente, en la realidad, intentando que no intervengan el pensamiento, el parloteo mental y sobre todo la imagen mental que tenemos de nosotros mismos (“el personaje”, el ego); esto quiere decir una observación atenta lo más total e intensa posible. En segundo lugar, las preguntas fundamentales que uno puede hacerse, que son muchas en verdad. O pocas, contadas y bastante concretas, quién sabe. Uno cuando habla, piensa o realiza cualquier tipo de acción, puede preguntarse quién en verdad está realizando esos actos, quién es el sujeto, o si de verdad ese ser es meramente mental o es plenamente real (y es obvio que es ambas cosas, pero fundamentalmente es real, siendo el aspecto mental solo una parte de la realidad).

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El ego, la cámara fotográfica, el vacío…

Con esta entrada estreno este blog. Vamos a ver qué sale y cómo sale…

Vivimos normalmente instalados y plenamente identificados con el ego. El ego, esa imagen mental que hemos construido de nosotros mismos a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo muchísimos de nosotros no nos acabamos de identificar plenamente con esta imagen. Sentimos que es solo una máscara, una falacia, una construcción, una imagen mental que no acaba de abarcar la totalidad. Algo no cuadra. Sentimos como si hubiera algo más… ¿detrás, además, más al fondo, más allá? Esto parecen unas instrucciones para seguir en determinada dirección, y quizá carecemos de ese GPS interior o espiritual.

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